EMPRESAS                       GESTIÓN RECURSOS HUMANOS
     

La Responsabilidad Social Empresarial y la empresa privada en el “Socialismo del Siglo XXI”

 

Por: Clara Freire

 

Algunos antecedentes

 

Durante los años 1960 Venezuela comenzaba su camino hacia una economía desarrollada y hacia una sociedad moderna. Iniciativas como la nacionalización de la industria del hierro y del petróleo en el año de 1975, contribuyeron a crear una clase media que luego devendría en una clase empresarial y de emprendedores que marcaría los próximos veinte años del país, hasta la llegada de los noventa.

Como parte del adelanto y de la actualidad que se vería en el país en las décadas subsiguientes tenemos la declaración explícita del Dividendo Voluntario para la Comunidad en 1965, con motivo del Primer Congreso Venezolano de Ejecutivos celebrado en Macuto, donde se sostiene:

que son fines superiores a la empresa el servir a la sociedad y contribuir con obligaciones y responsabilidades sociales que beneficien su capital y a sus empleados y obreros, pero que también dediquen parte de sus beneficios a elevar y mejorar el nivel de comunicaciones urbanas y rurales de menores recursos” (VenAmCham, 2000 2002, p. 15, citado por Pelekais y Aguirre, p. 95)

La década de los ochenta fue de gran avance en la creación de fundaciones y organizaciones culturales y sociales que con el apoyo privado y público, y en muchos casos, mixto. Estas fundaciones mixtas recibían un doble subsidio, por una parte del estado y por el otro de la empresa o la sociedad civil. Como ejemplos exitosos de esta cooperación mixta entre el estado, la empresa y la sociedad civil tenemos el Museo de Los Niños de Caracas, La escuela de Ballet Keyla Ermecheo, El Teatro Luis Peraza, el Ateneo de Caracas, el grupo de teatro Rajatabla. El estado en muchos casos dotaba de sedes físicas a estas instituciones permitiéndole desarrollar sus actividades. El aporte de la empresa y de la sociedad civil ayudaba a la presentación de obras, muchas de ellas de gran nivel cultural y ganadoras de premios nacionales e internacionales. En contraposición estos grupos ofrecían clases gratuitas o a muy bajos precios, y se unían a las iniciativas de acciones socio-cultural de la comunidad donde estaban ubicados. En otro orden de ideas, el estado contribuía con el pago de los maestros en los colegios “católicos” de bajos recursos, ampliando las oportunidades de estudios de muchos niños y adolescentes en el país. Coincide con una de las épocas de mayor crecimiento en Venezuela. Estas acciones contribuían a educar a la población en la importancia de la participación de todos los actores: gobierno, empresa y sociedad civil en la creación de una sociedad mejor. Muchas de estas instituciones son y fueron muy conocidas. Lamentablemente, no así de donde provenían los recursos para su mantenimiento. Lo que no creo un sentimiento de “agradecimiento” en la población.

Los ochenta fueron la gran década para el área bancaria. Pionero de este sector fue el Banco Consolidado, hoy Corp Banca. Quien crea una sede, todavía hoy en funcionamiento, denominada “Centro Cultural Consolidado”, que ha servido y sirve de base para que el público pueda disfruta de exposiciones de artistas plásticos, conciertos, homenajes a escritores, lecturas de poesía y, por ejemplo, “la semana de Japón”, una iniciativa llevada a cabo por años y que siempre es esperada entre el público. Muchas de estas muestras son gratuitas o aprecios accesibles.

En Venezuela nos encontrábamos para los noventa en un proceso de industrialización sostenida que venía de los años 70 y 80. En ese momento se consolidaron las grandes industriales nacionales, junto con el sector bancario y se consolido la pequeña y mediana industria que crecía a la sombra de los servicios que le debía prestar a la primera y a las necesidades de servicios de una población con mayor poder adquisitivo

Bajo el lema “La Decisión de Avanzar”, el VI Congreso Venezolano de Ejecutivos, centrado en la temática “Gerencia de los 90” consideró a la Responsabilidad Social Empresarial como la gran estrategia a desarrollar en los próximos años. Viendo la necesidad de encontrar nuevos caminos y respuestas a los problemas que aquejaban a la población. Eran los momentos de los cambios en la U.R.S.S. y la primacía del Fondo Monetario Internacional. Se perfilan inclusive en este congreso las características que debían tener los gerentes de los años 90 en el país para que fuesen capaces de lidiar con los retos del futuro. Se planteaba el gran reto de crear y contribuir con estrategias educativas que fueran capaces de generar empleos generadores de riqueza. El 9% de la fuerza laboral al inicio de los noventa era analfabeta y un 40% solo tenía educación primaria (Urquijo, 2004, p. 374).

Los grandes grupos económicos continuaron avanzando en materia de Responsabilidad Social Empresarial. Algunas de las iniciativas más exitosas de los años 90 las llevaron a cabo: Empresas Polar, Telcel (hoy Movistar), Banesto, Fundación Provincial (Banco Provincial).

Durante esta década ya el modelo político daba señales de agotamiento y las fuerzas sociales, políticas y económicas del país no pudieron generar respuestas que satisficieran las desigualdades que existían en el país. Trayendo consigo durante todos los noventa inestabilidades políticas que perduran hasta ahora. Teniendo primacía las decisiones políticas de carácter social sobre las económicas progresistas.

En el año 2002, VenAmCham (Venezuela American Chamber of Commerce & Industry) en su estudio denominado “La Responsabilidad Social en Venezuela” concluye que

“la empresa privada está dando pasos significativos para desarrollar políticas de Responsabilidad Social  que permitan al sector empresarial privado desempeñar un rol importante en la mejora de la calidad de vida de la comunidad; sin embargo, se desconoce de manera cierta el alcance o cuantía de ese aporte” (Pelekais y Aguirre, 2008, p. 125).

Lo cual dio paso a la necesidad de incluir entre los objetivos de la Responsabilidad Social Empresarial la elaboración de un “Balance Social” que le permitiera a la empresa definir hacia donde enfocaría sus recursos, presentar un balance cuantitativo y cualitativo de los resultados de su acción social, y presentarse como socialmente responsable dentro de los grupos de interés relacionados con la empresa: accionistas, trabajadores, clientes, proveedores, contratistas, distribuidores, comunidad, sindicato, gobierno, sociedad, estado, medios de comunicación.

 

Un nuevo actor “social”

A partir 1998, los adelantos en materia de Responsabilidad Social en Venezuela  están ligadas al proceso político denominado “chavismo” y que comienza con la llegada al poder del Teniente Coronel Hugo Rafael Chávez Frías, desde dos vías: el aporte de la industria petrolera y las leyes “sociales”.

Luego del paro petrolero del 2003 el gobierno socialista se dio a la tarea de “rehacer” PDVSA (Petróleos de Venezuela, s.a.) la principal industria petrolera del país y una de las tres primeras para ese momento en el ranking mundial.

PDVSA y sus recursos se convirtieron en el medio para cumplir con la gran iniciativa social. Se financiaron con ingresos de PDVSA la Misión Ribas con la finalidad de que los venezolanos puedan culminar sus estudios desde la tercera etapa del nivel de educación básica, hasta el nivel de educación media diversificada y profesional y la Misión Vuelvan Caras. La Misión Mercal, con el fin de subsidiar alimentos para la población de bajos recursos. La iniciativa de Barrio Adentro I y II con la finalidad de hacer accesible los servicios de salud a una mayor parte de la población, la Misión Robinson para la erradicación del analfabetismo entre la población adulta. De 2003 a 2008, PDVSA asignó más de $23 millardos de dólares a programas sociales (Corrales y Penfold, 2012, p.125). Desde esa fecha hasta el 2012 esa cifra ha ido en aumento. Igualmente la ampliación de nuevos programas sociales: Misión Niños y Niñas del Barrio, para atender a los niños en situación de calle. Misión José Gregorio Hernández para ayudar a las personas que presenten alguna discapacidad. Misión Amor Mayor para los adultos que no logran cotizar en el Seguro Social. Contamos entonces la creación de más de 24 misiones con el fin de satisfacer diversas carencias de la población, desde educación, vivienda, salud, niños abandonados, atención en la vejez, mujeres sin recursos hasta labios leporinos y cataratas.

Me centro en esta explicación sobre la actuación del estado a través de PDVSA por lo que de constructor cultural tiene en la mente de las personas más necesitadas y con menos recursos educativos. PDVSA se ha convertido, con sus inmensos recursos y con una idea política clara acerca de la creación de la imagen sobre el valor del estado en el individuo, en el epicentro de lo que la Responsabilidad Social debe ser para una gran mayoría de los venezolanos. Es por ello, y lo abordamos más adelante, que a partir del 2007 la empresa en Venezuela perdió un rol, que excepto en algunas excepciones, no había alcanzado plenamente, como el instrumento socialmente responsable y apto para generar mejoras en la sociedad. La empresa queda reducida a sus conceptos iniciales de una organización cuyo fin y responsabilidad principal es el lucro de sus accionistas.

 

 

El siglo XXI

La actuación de PDVSA genero una competencia “desleal” dada la cantidad de recursos económicos en su favor. Y dejo muy atrás cualquier iniciativa sobre  Responsabilidad Social que las grandes empresas hubiesen adelantado hasta los momentos. Creando la idea dentro de los trabajadores, sindicatos, contratista y la comunidad de que había, se podía y era necesario hacer más, repartir más, obtener más. Este movimiento contribuyo sobre todo a generar un matriz de opinión favorable al conjunto de expropiaciones que se han suscitado en el tiempo en contra de la industria privada.

Luego de su reelección en el 2006, y, específicamente a partir del 2007, el campo de acción de las empresas en esta área se ha visto limitado por las políticas gubernamentales en materia social emitidas por el estado venezolano. Las iniciativas sociales han sido acciones aisladas que han contado con poco o ningún apoyo gubernamental. Y en muchos casos han sido determinadas por la emisión de “leyes sociales” que han obligado a las empresas han dirigir sus iniciativas sociales hacia uno u otro sector en función de cumplir con las “leyes gubernamentales”, evitar sanciones o negociar acciones para su supervivencia. Valdría la pena analizar si estas “iniciativas impuestas” pueden ser definidas o enmarcadas dentro del concepto de Responsabilidad Social Empresarial ya que siguiendo a Guedez (2008) en el compendio que hace de las diferentes definiciones de Responsabilidad Social Empresarial emitidas por el grupo ETHOS de Brasil, El Libro Verde de la Unión Europea, el Banco Interamericano de Desarrollo, entre otros, encuentra en común “que las acciones de responsabilidad social empresarial se desarrollan adicionalmente a las pautadas por la ley” (p.100)

En un país donde la pequeña y mediana empresa privada conforma el gran espectro productivo del país podemos afirmar que para la mayor parte de este sector empresarial no existe un Plan de Responsabilidad Social. El concepto de Responsabilidad Social no va más allá de lo necesario o lo determinado por la ley. La mayor parte de las inversiones en esta materia las han hecho como “obligación” y, en los últimos años, debido a las reformas en la Ley de Seguridad Social, la Ley Orgánica de Prevención, Condiciones y Medio Ambiente de Trabajo (Lopcymat) y la Ley Orgánica de Ciencia y Tecnología (Locti). Justamente, las empresas que menos problemas han tenido con la implementación de esta normativa son aquellas que habían venido trabajando en los años posteriores en la práctica activa de la Responsabilidad Social Empresarial.

Lo cual revela lo que es y será el gran drama del siglo XXI en Venezuela, un empresariado no homogéneo en la idea del país que se necesita crear, una gerencia altamente educada pero que no siempre cuenta con el apoyo o la comprensión de los principales accionista, una población que carece de los instrumentos educativos que le permitan articular sus necesidades bajo los marcos legales y normativos y el ascenso de una clase política-económica que se sentía “huérfana” de representación, y cuya “crisis de representación”, permite al Chavismo en menos de dos años generar una cantidad de cambios institucionales (Corrales y Penfold, 2012, p. 214 y 215) que pareciera nadie pudo prever.

Eso no significa que de manera aislada no hubiesen en el pasado o hallan en el presente iniciativas valederas y valientes que sigan el camino de la Responsabilidad Social Empresarial. Lamentablemente el desarrollo no ha sido lineal. El subdesarrollo no es falta de desarrollo sino desarrollo desigual y extremo. Dentro del país existieron empresas, y algunas aún perviven, cuyos estadios de desarrollo dentro del esquema teórico de la Responsabilidad social Empresarial alcanzan sus fases más altas (Guedez, 2008), entre ellas: Empresas Polar, Chevron Texaco, Avon,  Banesco, Banco Mercantil, C.A. Ron Santa Teresa. Igualmente, instituciones sociales como el Dividendo Voluntario para la Comunidad, Venezuela sin Límites, la Asociación de Damas Salesianas, la Fundación Centro Médico de Caracas, la Universidad Central de Venezuela, la Universidad Católica Andrés Bello, la Cruz Roja y Unicef. Todas estas instituciones siguen contribuyendo para que iniciativas como la Fundación Proyecto Maniapure, el programa Alcatráz, el Centro de Atención Nutricional Infantil Antímano (Cania), el conjunto de escuelas de “Fe y Alegria” no se extinga.

Esto forma parte de una conciencia ética particular de la dirección de los accionistas y líderes de ciertas empresas o grupos económicos, de la conciencia ciudadana de los rectores y personal directivo de las Universidades y de las personas que conforman las instituciones sin fines de lucro que se encuentran en el país, más que de una conciencia ciudadana global de lo que significa la Responsabilidad Social.

 La ética como la “responsabilidad de construir realidades sociales junto al otro, con los otros y para otros” (Guedez, 2008, p.61) no forma parte de la población venezolana de a pie. Haría falta una gran inversión en educación y la difusión de ejemplos exitosos entre los ciudadanos que permitan generar un conciencia de productividad y la idea de que la empresa tiene un carácter económico y que podría y debería tener un carácter social donde todos los relacionados directa e indirectamente con ella se beneficien.

Para concluir podemos afirmar que el “Socialismo del siglo XXI” tiene como fundamento desplazar a la industria privada como eje promotor de la riqueza dentro del país. La empresa privada tiene entonces en primera instancia el gran reto de sobrevivir dentro de este sistema encontrando soluciones creativas ante el embate del estado.

 

Bibliografía

Corrales, J. y Penfold, M. (2012) “Un dragón en el trópico”. Venezuela: La Hoja del Norte.

Gomez Samper, H. y Luis-Bassa, C. (2006). “Iniciativa social como estrategia competitiva”. Caracas, Venezuela: Ediciones IESA.

Guedez, V. (2008). “Ser confiable. “Responsabilidad social y reputación empresarial”. Caracas, Venezuela: Editorial Planeta.

Instituto Ethos y Centro de Divulgación del Conocimiento Económico (Cedice). (2005). “Conceptos básicos e indicadores de Responsabilidad Social Empresarial. Manual de apoyo para periodistas”. Caracas: Gráficas La Bodoniana.

Lozano, J. (1999). “Ética y empresa”. España: Editorial trotta.

Pelekais, C. y Aguirre, R. (2008). “Hacia una cultura de Responsabilidad Social”. Mexico: Pearson Educación de México.

Urquijo, J. (2004). “Teoría de las relaciones sindicato-gerenciales”. Universidad Católica Andrés Bello. Caracas: Editorial Texto.

¿Made in Spain?

Por: Clara Freire



El DRAE define Logística como “El Conjunto de medios y métodos necesarios para llevar a cabo la organización de una empresa, o de un servicio, especialmente de distribución”. Dicho conjunto abarca transporte nacional e internacional, bien sea por aire, mar o tierra, dependiendo de las condiciones geográficas, distancia, lugar, costo de estos servicios, disponibilidad; movimiento de la mercancía dentro de una organización para suplir las necesidades de los diferentes sectores que la componen; servicios de  nacionalización o aduana, cuando el movimiento de mercancía es de un país a otro o de zonas económicas con regímenes aduanales distintos; almacenaje de productos terminados en los puertos a la espera del traslado, o a su llegada a destino para la entrega al comprador. Y, en el caso de un gran distribuidor o intermediario, el almacenamiento antes de  la entrega al minorista o distribuidor final. Si lo ampliamos al área de servicios, tenemos que los servicios intangibles ocupan un alto porcentaje del comercio internacional. El número cada vez más alto de personas que  se mueven desde su país de origen a otros por estudios, trabajo, congresos o foros internacionales, turismo o viajes familiares generan la necesidad de una logística para poder transportarlos, registrarlos en los sistemas de seguridad, atenderlos, hospedarlos. En otras palabras, generar servicios que necesitan de una logística u organización.

España, a pesar de la distancia, está unida a una veintena de países por el idioma, la historia y las costumbres; su ubicación la convierte en un puente ideal entre continentes; sus límites geográficos la hacen mediterránea, africana, atlántica y cantábrica. Además, ha desarrollado  procesos, servicios, estructuras físicas: puertos, carreteras, aeropuertos al servicio de este fin. Se cuenta con empresas e instituciones dedicadas al desarrollo de esta actividad o relacionadas con ellas, prestigiosos institutos de logística, revistas sobre el tema, expertos. 

La logística,  como  el conjunto de medios que organiza la distribución del aparato productivo de un país, llámese este tangible o intangible, bienes o servicios, cosas o personas, es el sector que primero sufre los embates de la contracción económica. ¿Respuesta a esto? Muchas: resistir, cerrar, reducir personal, bajar los precios, canibalizar el mercado, prestar menos y peores servicios. Todo esto es el resultado de la necesidad de sobrevivir.

Mario Borghino (2008)  en su libro “Innovar o morir”, nos dice que “la nueva regla del juego no es cambiar lo que hay, sino crear lo que no hay”. ¿Qué hay? Productos deseables: ropa, calzados, embutidos, quesos, vinos, aceitunas, aceites todo con la marca “Made in Spain”. La singular y ejemplar  aceptación de los vinos de La Rioja en China es un magnífico ejemplo. Las estrategias de los tequileros en México para buscar nuevos mercado, otro ejemplo. Hace más de diez años comenzaron a empujar el gusto del Tequila en el consumidor americano y a cambiar la idea de “licor barato” por “producto de alta calidad”, prueba de ello, es que una botella de Tequila Premium puede estar alrededor de los 30,00$ a 40,00$ y, en algunos casos, superarlos largamente. En estos momentos, el mercado tequilero en Estados Unidos se mantiene estable. Motivo por el cual se necesita mirar hacia otros mercados para crecer. La Cámara Nacional de la Industria Tequilera  (CNIT) ha buscado alternativas en mercados tan exóticos para el tequila como La India. La asociación con el apoyo de la Secretaría de Promoción Económica del gobierno mexicano y de Pro México visitó en el año 2012 la India, para promover que se reconociera allí  la denominación de origen del Tequila como producto mexicano, lo que ya habían logrado en Rusia. En junio del 2013 se lograba el registro definitivo.

 

Hay que crear, aparte de los que ya existen, millones de consumidores “deseosos” de la marca “Made in Spain”. Levi’s para poder sobrevivir en el mercado de los vaqueros ya no fabrica en los Estados Unidos, a pesar de esto al comprar un Levi’s todos sabemos que estamos comprando el “auténtico jeans americano”. El pionero de los vaqueros. Sus diseños se siguen produciendo en su casa matriz en San Francisco, California. 

Hay que saltar las barreras del mercado interno.  Para ello debemos competir en precios, calidad, posicionamiento del mercado, creación de nuevos nichos, búsqueda de nuevas necesidades, cambio en nuestros diseños de negocios, respuestas rápidas para llegar antes al consumidor, desarrollo constante de nuevos productos y una comunicación gerencial efectiva de hacia dónde queremos ir.

Luis Socconini (2008) en su libro “Lean Manufacturing” nos dice que “la mejora de la productividad es la obtención de mejores resultados de un proceso. En pocas palabra: hacer más con menos.” Esto es válido para todo lo mencionado anteriormente. Las herramientas, conceptos y filosofía de Lean Six Sigma comenzaron en el área de la manufactura de la mano de Toyota, Motorola, Ford y hoy se han expandido a todos los ámbitos del proceso creativo o productivo. Necesitamos hospitales agiles, oficinas agiles, gobiernos agiles, por solo mencionar algunos. No es la primera vez que un concepto nace en un ámbito y luego se expande a otros; recordemos la Teoría Sistémica que nace en la Biología de manos de Bertalanffy o la Teoría de los Juegos de Nash que nace en la Economía y que fueron trasladadas con éxito a ámbitos tan distintos como las relaciones internacionales.

Lean Six Sigma como herramienta de mejora genera grandes resultados en el crecimiento de las organizaciones, empresas, instituciones donde se aplique, pero no da resultados por sí misma. Necesitamos que junto con las herramientas de trabajo se apliquen conceptos que cambien la forma de pensar, el comportamiento aprendido. Necesitamos un liderazgo que permita establecer metas y objetivos y que sea capaz de llevarlos a cabo. Necesitamos crear la “confianza como el puente que conecta las expectativas y el desempeño, la inversión y los resultados” (Moss Kanter, R. 2006. “Confianza”)