Magistral:

Victoria de Stefano

por: Inés Muñoz Aguirre

 

La casa que la alberga está en el medio de esa sordina en que se ha convertido  la calle, una tarde de sábado. Síntoma de una ciudad cansada.  Victoria de Stefano nuestra escritora,  homenajeada hace apenas unas horas al recibir la Orden Cavalieri della República Italiana,  camina sobre el cemento que cubre el estacionamiento, casi ingrávida, sostenida quizá por sus personajes: Clarice, José, Mauro, El suizo, Julián, Bernardo, por mencionar algunos.

Venezuela e Italia se llenan de orgullo ante su trayectoria, la cual se ha caracterizado por una entrega constante a las letras.  Diarios, Paleografías: trazos oscuros sobre líneas borrosas,  Historias de la marcha a pie, La noche llama a la noche, El desolvido, Pedir demasiado, El lugar del escritor, La refiguración del viaje, son algunas de sus obras.

Al entrar hay un silencio grande que se cuelga de las ventanas y paredes.   Nos advierte que también está cansada,  va directo a la cocina, la enciende. Coloca la tetera sobre el fuego.  Me atrae su mesa de madera, la silla de madera a la cabecera, donde me siento.  Sale. Coloca las tazas sobre la mesa, aclara que cada una es distinta a la otra. Nos reímos, hablamos de la moda que se ha impuesto en las vajillas. Ella aclara que las de ella responden a situaciones que no tienen que ver con la usanza de los nuevos estilos. Volvemos a reír.  Sirve el té, entrelaza los dedos de su manos, unos dedos largos y delgados a través de los cuales se deslizan sus ideas hacia la  computadora, cuando escribe sus ya afamadas novelas. Sobre eso deseo indagar, sobre el necesario mundo reflexivo del autor, antes de dar paso a la palabra.  Hablamos y pregunto.

_ ¿Cuál es el lugar del escritor?

_El lugar del escritor es su cuarto, si hablamos de un espacio. Puede ser cualquier cuarto, no necesita ser un estudio. Yo a veces escribía en el cuarto, a veces en el comedor, porque al final, es un espacio que haces tuyo. En un sentido más metafórico, espiritual y emocional, el lugar del escritor es el recogimiento, la introspección, la soledad. Puede que un escritor sea sociable, salga a la calle, esté en todas partes, pero en el caso mío, yo necesito mi recogimiento, y lo tuve. En primer lugar porque tenía dos hijos, después los nietos,  y daba clase en la universidad. Lo que más me gustaba de dar clase es que te pagaran por leer y estudiar, y cuando pasé de la escuela de Filosofía a la de Arte,  fue un cambio de trescientos sesenta grados aunque el tema del arte y la teoría literaria me eran muy cercanos. Yo di clase  de teatro, de dramaturgia, de teoría y estructura dramática.

_ Desde el punto de vista de la práctica, ¿cómo se describe ese “lugar”?

_ Aparece en mi novela El lugar del escritor. Yo vengo de una fiesta y entro a mi cuarto y aquí puedo hablar en otro sentido, el lugar del escritor es la lectura. El escritor tiene que leer, el que pretenda escribir y hacer pinitos literarios sin leer, está equivocado. Eso no existe.

_ En su obra, además yo siento como una constante el encierro…

_ Cuando escribo La noche llama a la noche (1985) estoy entrando a lo experimental. Escribo más libre, fragmentos que se unen, pero cuando escribo El lugar del escritor (1992) lo hago porque necesito escribir una novela más corta. Vengo de un trabajo largo y entonces, necesito buscar una voz más personal, ser más yo, la que escribe. Independientemente de que escriba en tercera persona, quiero encontrar una voz más propia.

_ En la búsqueda de esa voz más propia  ¿cómo se conserva la separación entre el que escribe o el personaje,  o simplemente se produce una mezcla?

_ Más que una mezcla se trata de pasar del autor al personaje. En algún momento esa distancia se corta, y hay una cierta fusión. De todos modos, escribir con voz de mujer no es fácil porque en general la literatura está enfocada desde lo masculino.  En el caso de Virginia Woolf, por ejemplo, aparte de los dos libros de ensayo: Una habitación propia y La torre encantada, donde ser mujer u hombre no tiene ninguna importancia, se puede apreciar que ella tiene una sensibilidad muy fina, pero no sensiblera donde uno puede caer con cierta facilidad, para construir las situaciones y los personajes. En Las Olas, por ejemplo, ¿cuántos personajes tiene femeninos y masculinos desde los cuales ella habla?.  Al final uno habla desde todas las voces, independientemente de que sean hombres o mujeres.  En las primeras historias que yo escribí, me decían “pero Victoria, ¿por qué escribes como un hombre?”, y yo contestaba “porque quien habla es un hombre, no soy yo”.

-¿El escritor elige la soledad o forma parte de su proceso?

_ Yo creo que forma parte natural del proceso. En mi caso,  me divorcié muy joven y me dediqué a mis hijos, no podía andar por allí, así que pasaba mucho tiempo en mi casa. Por otra parte, tengo una formación austera que viene del europeo que vivió la guerra, la disciplina, la educación. De niña, yo no sé si era motivo de orgullo, de soberbia, o de distinguirme, pero yo era muy estudiosa y sobre todo me gustaba mucho el lenguaje, la palabra, me gusta mucho leer.  Todo tiene que ver con la soledad.

_ ¿Si le solicitáramos unas claves propias de la escritura, de cuáles nos hablaría?

_ Primero que nada hay que leer mucho, porque la lectura se convierte en la lectura de una partitura.  En la escritura hay una melodía.  Hay que fijarse en pequeños detalles, no repetir a veces las preposiciones tan cerca,  no utilizar muchas palabras femeninas pegadas, hay que alternar las femeninas con las masculinas, en singular, en plural.  De vez en cuando hay que usar una de esas palabras que funcionan como un escape, que le dan riqueza a la frase. Eso lo he tratado de internalizar y por eso me gusta leer buenos autores.

_ ¿La conversación con otros escritores, nutre?

_ Yo tuve buenos amigos escritores, yo era mucho más joven que ellos, así que me estimularon, por ejemplo, Eugenio Montejo, o Juan Sánchez Peláez, hablábamos mucho. Bastaba que él me nombrara un libro para que yo me lo leyera.  El me llamaba a regañarme, porque  decía que yo era demasiado intelectual.  Él venía de una corriente literaria como el Surrealismo, aunque no lo marcó del todo, era más del inconsciente, más de los símbolos, desde la subjetividad.  El otro con quien conversaba mucho era Salvador Garmendia, éramos vecinos. También recuerdo mucho a un filósofo que estudió conmigo: Guillén Pérez. Además estudié con Cadenas, aunque yo estudié Filosofía y él estudiaba Letras.

_ Siempre he tenido la idea de que la formación dramatúrgica da unas herramientas adicionales y muy importantes al narrador, ¿qué piensa usted sobre esto?

      _ Yo antes leía teatro, cuando tenía que dar clase de Estructura Dramática. Era increíble porque en ese momento no había bibliografía, hasta que un profesor de Lógica Matemática, argentino, me dijo que tenía que buscar el libro de Peter Szondi, húngaro, un hombre de la nobleza, que se  suicidó, pero dejó escritas cosas muy importantes. Él tiene una teoría del drama  moderno, y a partir de allí fui preparando mi materia.  Yo sentía que incluso sin usar el dialogo convencional, tenía que trabajar con una forma personal o una forma interrogativa indirecta, o la exclamativa, porque eso te ayuda a dramatizar. Una vez leí un capitulo de La noche llama a la noche, en la Casa de Bello, Daniel Santos estaba sentado allí. Cuando terminé de leer el capitulo del secuestro, sentí que había utilizado una estructura dramática.  Las tres ultimas frases son cortas que conducen hacia una caída de telón. Hubo un silencio cuando terminé. Yo no me había dado cuenta que él estaba allí sentado, entonces se paró y empezó a aplaudir, mientras decía que yo tenía que escribir teatro.

       _ Enseñando teatro, ¿dónde buscaba las claves que debían ser transmitidas a los alumnos?

       _ Yo no daba historia del teatro, si no los momentos culminantes, el teatro Isabelino, el teatro de Moliere, tal vez algo de Goldoni.  Después pasaba a Strindberg, Ibsen y Chéjov. No creo tanto en la teoría del teatro épico, creo que la teoría está un poco desmontada.  Me encanta Beckett,  sus obras Final de partida, y Esperando a Godot.  incluso las novelas  como El innombrable.  El teatro se lee y se olvida con mucha facilidad, así que yo cada año volvía a leer las piezas y descubría cosas nuevas. Usaba mucho el teatro para mis ejemplos de los cambios de estructura, como se une la tragedia con la comedia.

         _ ¿Cuáles destacaría como los elementos más importante en la construcción de la estructura dramática?

       _ Donde no hay dioses no hay tragedia, entre los mejores ejemplos hay que estudiar a Shakespeare, a mi me gustan especialmente  El rey Lear y Hamlet, no sé por qué Macbeth me sobrecoge demasiado, así que ni siquiera podía pedirle a los alumnos que la leyeran. Hay que tener claro que si no hay conflicto no hay obra, incluso en la narrativa, donde el conflicto no es el núcleo concentrado del teatro, pero tiene que haber un conflicto. Pasolini, decía que tanto en el cine como en la novela hay dos historias, porque si no hay dos cosas que se unan no hay nada.

        _ Otro aspecto fundamental en el teatro son los personajes…

      _ Si, pero una novela de  puros personajes sin una plataforma en la que ellos se puedan relacionar unos con otros, no sirve. Yo he visto novelas, escritores, escritoras, que tienen personajes importantísimos  que están muy  bien delineados, pero sin esa plataforma que no es solo una trama, los personajes se me confunden.

       _ Un ejemplo de buen personaje es  el Señor P, en su novela Lluvia

      _ Siempre recuerdo que sobre el Señor P, Vila Matas me dijo: “Victoria, ese no te lo inventaste tú, ese hombre es real,  y yo le dije que si.  Sí en cierto sentido, porque es un personaje formado a partir de la vida de dos hombres.  A mi en LLuvia me gusta mucho la relación del jardinero con ella, cuando hablan de los hijos, cuando habla del jardinero suizo que era  su amigo.  Un buen personaje,  es aquel que es sentido, no artificial. Puedes agregarle muchas cosas, pero tiene que ser emocionalmente sentido por el escritor.

     _ Otro aspecto importante para muchos autores es la descripción de los objetos. En el teatro, los mismos se resumen en las acotaciones…

       _ Hay grandes maestros de la descripción de objetos, lo que es más difícil de describir son los espacios, porque el ojo pierde el espacio, es la forma de darle realidad a lo que escribes. Hacer que las cosas existan de una manera concreta. Cuando describo un objeto trato de que sea bien descrito, que tenga personalidad y establecer la relación de ese objeto con la persona. Es un trabajo fino. Un ejemplo maravilloso se encuentra en Esplendores y miserias de las cortesanas, de Balzac. Describe en tres paginas el ojo de la cortesana, y a partir del color del ojo, va creando una ascendencia, va creando su raza, incluso  creo que debe tener algo de judía. Yo lo he leído en francés y lo he leído en español. Él, por ejemplo,  para  describir los colores, no dice rojo, si no que dice, “es del color de la almendra garrapiñada”. Va haciendo asociaciones. Describe la piña, que no es una fruta francesa obviamente. A él le encantaban las piñas, sembró una cerca de su casa.

        _La gran pregunta de todo escritor es,  ¿en qué momento hay que detenerse?

        _ Esa es la parte mas difícil.  De todos modos, los finales de las novelas no necesitan ser contundentes. Pueden ocurrir como en  la obra de Strindberg La más fuerte, sientes que a pesar de que ella habla mientras la otra no dice nada, se avanza hacia la caída de telón. Si buscamos grandes finales, quizá uno de los más famosos es el de un cuento de Joyce, Los muertos.  Ella recuerda un novio  que murió  y Joyce concluye  el drama personal, describiendo los acontecimientos exteriores, como cae la nieve sobre la montaña.

         _ ¿Qué hace Victoria De Stefano en este momento?

      _ En este momento tengo una novela por publicar, pero estoy escribiendo. ¿Cómo aguantas esta situación?, ¿cómo aguantas tanta infamia.? Yo no puedo caminar mucho porque por estas calles no se puede.  Así que tengo que escribir.

           -¿Podemos tener un adelanto de esa nueva historia?

           _ Estoy escribiendo una novela, de los años setenta, de una mujer con su hija adolescente.  La madre tiene una beca como traductora. Me molesta cuando la gente escribe del país como que si fuera un periódico de ayer, así que yo escribo del país a través de sus historias. Ellas viven la sensación del exilio, se van por unos años. A fines de los sesenta. Hay un momento en que la jovencita escribe desde la edad adulta, sobre el proceso de adaptación, porque yo creo que los exilios han existido siempre.

            _ ¿Tiene que ver ésta historia con su época en el exilio?

          _ Si, sin darle un carácter político. Tiene que ver con la adaptación, las perdidas, las separaciones, el estar en sitios diferentes. El maltrato que puede haber con el extranjero.

            Me hubiera gustado seguir hablando durante horas. En ese cuerpo que casi roza la fragilidad, se alberga una docente y una escritora, ambos oficios desempeñados a “carta cabal”. Se alberga un mundo de experiencias y conocimientos imposibles de retener en un instante.  Se levanta de la silla desde donde ha respondido a mis preguntas.  Se sienta en el sofá y nos habla del país que le duele.  Después de una rato de conversación sobre la actualidad, nos despedimos. Ahora caminamos en dirección a la calle solitaria. Los grandes árboles se levantan majestuosos hacia el cielo. Casi como cómplices de estas horas compartidas, nos observan entrar al carro. Dos vueltas de llave en la cerradura que asegura la reja de la casa, es el último sonido que escucho, antes de emprender la marcha.

Graziano Bartolini:

La fotografía está dentro de uno,

no afuera.

Por: Inés Muñoz Aguirre

 

Una rama, un ave, el mendigo de la esquina, una huella arquitectónica, la luz, esa luz brillante directa que hace de nuestro cielo una gran extensión azul, todo, es fotografiable.

El fotógrafo italiano Graziano Bartolini lo deja entrever en sus palabras, a través de las cuales deja que fluyan sus veinticinco años de experiencia. Tiempo que se dice fácil pero que sin duda constituye un archivo incuantificable, que se ve en numerosas exposiciones, blogs y libros. Bartolini está atrapado desde hace algún tiempo en las calles de Caracas retratando junto a la fotógrafa Oriana Abello la arquitectura italiana en la Avenida Victoria. El público caraqueño ya ha podido disfrutar de la primera exposición surgida de éste trabajo en la Plaza de Los Palos Grandes. Ahora Graziano dicta un taller para fotógrafos, con una sesión teórica y otra práctica, entre tanto nosotros indagamos de qué se vale para integrar su lenguaje de imágenes.

_ ¿Cuál es la mayor dificultad a  la que te enfrentaste en tus inicios como fotógrafo?

_ En mis comienzos  no me atrevía a fotografiar de cerca a las personas, entonces me asustaba mucho, y me daba mucha vergüenza acercarme a ellas.  Al mismo tiempo no quería que  ellos vieran lo que yo estaba haciendo y si yo tomaba la foto de lejos,  ellos no me estaban viendo.  Yo creía que así la foto quedaba como algo natural, pero todo eso no era solamente por la fotografía sino porque yo soy muy tímido. Con el tiempo tuve que vencer esa vergüenza y ese miedo, porque la fotografía que haces de esa manera no sirve para nada. Lo más importante cuando tú quieres fotografiar a una persona es hablar con ella,  conocer a quien quieres retratar. Además no sabes cuándo vas a volver a encontrar a esa persona, así que tienes que hacerlo muy bien. La relación que estableces entre el fotógrafo, la cámara y la persona que vas a fotografiar es lo más importante.

_ ¿Piensas que a través de la cámara se busca capturar mucho más allá de lo que se ve, quizá llegar al alma de la persona a quien fotografías?

_ Sí, aunque esto suene a un lugar común es algo verdadero porque estamos hablando de capturar algo que a veces va mucho más rápido que nuestros ojos,  algo que tú vas a congelar en aquel instante para siempre.

_¿Qué ha cambiado desde tus inicios como fotógrafo hasta ahora?

_ Siempre recuerdo que una vez que uno había sacado una foto, estoy hablando de que era la época del revelado, mientras iba camino al laboratorio, llevaba una idea fija en la cabeza porque ya sabías cuál era la mejor foto. Llevaba conmigo la percepción de esa foto que estaba seguro que había salido bien. Todo el tiempo que pasaba entre que había hecho la foto, revelar el rollo, imprimir en un papel, era un tiempo valiosísimo que formaba parte del proceso creativo.  Voy a decir algo que quizás a algunos les suene como una tontería, pero comparo ese proceso con el tiempo que lleva cosechar la uva, extraer su jugo,  luego meter el vino en un barril, y dejarlo allí para que  con el paso del tiempo se vuelva bueno. Así veo el proceso fotográfico. No como  ahora que estamos invadidos de millones y millones de fotografías donde el noventa y nueve por ciento de ellas son inútiles, No son fotografías,  son postales.

_ Ante ese argumento, ¿cuál es para usted la diferencia entre la fotografía que sirve y la que no sirve?

_ No lo sé. Ahora veo la redes sociales, el Facebook, el Instagram, en los que las fotos realmente son juguetes, y bueno, si a la gente le gusta está bien que lo haga. Quiero decir que yo ni siquiera tengo redes. En los primeros tiempos cuando se empezó con lo digital, casi me perdí como fotógrafo, no fotografiaba porque hacía como cien fotos y luego se me pasaba el tiempo escogiendo las fotos en la computadora.  Una de las cien, era buena.  Así no me servía y me quedé como un par de años sin fotografiar,  ahora hago unas fotos, pero me sigo planteando no perder tiempo.

_¿Se prostituyó la fotografía?

_ Eso es. Ahora yo prefiero quedarme a leer un libro que me interese. Allí consigo buenas ideas de lo que quiero fotografiar, un buen libro de literatura, sea de Vargas Llosa o de cualquier otro autor.

_Pero, aún no me ha dicho, ¿cuáles son las claves para considerar que una fotografía es buena o no?

_ Las buenas fotografías son las que son hechas desde adentro,  las que son perceptivas. Son las que uno piensa mucho antes de fotografiar.  De eso, de pensar lo que estás haciendo, hay muchos fotógrafos que han vivido,  son los que nunca se han prostituido, claro, algunos se murieron muy pobres. Tenían un sentido ético tan importante que era más importante no ser mentiroso con ellos mismos, que venderse. Otros se vendieron  y son millonarios. Planificar lo que escribes entonces hay que planificar también la fotografía. Si yo te digo la verdad, no sé si soy fotógrafo porque a su vez no sé si soy buen escritor.  Siempre me ha gustado escribir, inclusive en las exposiciones fotográficas que hago, en los libros que hice, siempre hay muchas páginas de escrituras que no son mías, por supuesto, porque yo no soy buen escritor, pero lo intento. A veces intento escribir todas esas cosas que me sirven como detalles para cuando voy a fotografiar,  a mí no me gusta ir a un lugar  y llegar  sin conocer nada, sin conocer a dónde voy. Cuando yo vine aquí la primera  vez, era el 2003  y luego el 2004, me sirvió  para mi regreso. Desde entonces regreso siempre, porque empiezas a mirar las cosas desde adentro. No desde afuera, no como que si fuéramos estereotipos.  Miras las cosas que ya vives, porque fotografiar es también vivir, es tomar experiencia.

_ En algún momento habló de pararse en una calle y esperar a ver que pasa a su alrededor para fotografiar, ¿cómo encaja esa propuesta con lo que me acaba de explicar de planificar la fotografía?

_Seguramente cuando se trata de fotografiar por la calle siempre llegan temáticas sociales, temáticas culturales,  es la vida diaria de las personas o de las cosas que se están mirando y te abordan. Son cosas específicas del lugar donde estamos,  y por eso son percepciones que a veces te llegan, porque  te has documentado antes.   En otras ocasiones, no siempre te llega la imagen en el momento,  cuando estás fotografiando.  Esto es un trabajo de introspección.  Llega un momento en el  que tienes que decidir por lo que conoces,  lo que tiene que ver con tus valores,  tus experiencias.  Al final tu trabajo es el resumen de todas esas cosas que tienes adentro,  para mí no puede ser otra cosa.

_ Me identifico plenamente con su propuesta en torno a la creación, yo doy talleres de escritura creativa , y siempre digo a mis alumnos que no se trata de la musa, si no, precisamente de esa conexión de todos los códigos que llevamos adentro, con los que se encuentran afuera. El punto de encuentro produce el acto de la creación…

_ Así es. Otra cosa importante, bien sea cuando escribes, o  cuando estás fotografiando o tocando un instrumento musical, es que llega el momento en que todo lo que leíste, lo que  aprendiste de tus maestros,  lo tienes que dejar a un lado,  ponerlo en la gaveta, guardarlo bien, casi hay que olvidarse de eso, y empezar otra vez, porque si no lo haces vas a hacer una fotocopia de lo que leíste, aprendiste, escuchaste y viste. Uno tiene que ser uno mismo y al mismo tiempo hay que ser honesto con lo que somos, porque sino siempre serás un emulador.

_ ¿Qué le atrae de Venezuela, qué consigue en nuestros códigos?

_ Venezuela  es uno de los diecisiete países de América Latina que conozco, tendrías que preguntarme qué me atrae de América Latina, porque  fui a África del Norte y me gustó,  pero no me sentí como que si fuera capturado por el lugar. Después me fui a Asia y me pasó lo mismo. Nunca voy a regresar a la India.  Yo me mantuve como que si estaba fuera de allí, no me gustó. Entonces empecé a venir a América Latina en 1988 y aquí sentí, no sé si son las conexiones con la cultura italiana, que estaba como en mi casa, a pesar de que no conocía la lengua, ni conocía nada.  Sin embargo me dije,  éste va a ser el continente que quiero conocer y dónde voy a hacer mis cosas.  Lo primero que hice al regresar a Italia fue aprender y estudiar español,  lástima que no hablo el portugués, porque Brasil es una gran extensión,  ahí está lo que puede ser una gran vida.

_ ¿Qué le pareció tan terrible de la India?

_ Lo terrible es como una religión tiene sometida al 90% de la población.  Si tú perteneces a una casta inferior tienes que vivir así toda tu vida,  sí,  porque ellos creen en la reencarnación.  Para mí, esa es una forma de tener sometidos a millones y millones,  y millones de personas.

_¿Y no era una tarea tratar de transmitir dicho sometimiento, a través de la fotografía para el resto del mundo?

_ No lo sé,  porque al final la gente de la India es así,  como son los de Nepal o los pakistaníes que al final son buenas personas.  Pero cómo son ellos, como personas simples,  sencillas,  humildes, me gustaron mucho,  lo que no me gustó fue la forma en que están sometidos.  Yo prefiero América Latina aunque  ahora Venezuela tiene uno de los problemas más graves y más increíbles, y al final es cómo lo que está pasando en Cuba o en Nicaragua.  Fundamentalmente los problemas son terribles, pero adentro de esos problemas la gente busca una pequeña forma para vivir bien, para buscarse la vida a diario, para conseguir la mejor opción que pueda tener, y eso para mí es positivo.

_¿Cuáles son las imágenes que más le impactan en Caracas?

_ En Caracas busco principalmente reflejar la ciudad en dos formas, porque  aquí conviven dos ciudades:  la ciudad vertical y la ciudad inclinada. Esa es la ciudad del centro y la ciudad de los barrios. Son dos cosas bien distintas,  a veces vas por una calle y volteas y allí están los rascacielos, y al otro lado están los barrios.  Para mí son dos en una.

_ Con su visión de la fotografía y siendo usted italiano, no puedo finalizar sin preguntarle cuál es la visión que tiene de los paparazzi?

_ Yo recuerdo los paparazzi de los años cincuenta cuando andaban fotografiando la vida de la noche de Roma,  ahí empezaron.  Crearon unos estereotipos, la forma en que captaban la mirada de un persona,  los vi como andaban cazando a las mujeres que estaban de vacaciones porque andaban solas,  porque el marido estaba trabajando en otras ciudades de Italia, pero hay algunos que hicieron cosas muy buenas y muy interesantes. Todavía nos quedan buenos fotógrafos de aquella época. Después de todo  al trabajar con rollo tenías que seleccionar dentro de tu cabeza cual era la fotografía ideal, el rollo era dinero. Todo eso los hacía diferentes. Ojalá en medio de todos los cambios,  venga un tiempo donde esas fotos que ahora son más populares entre comillas, que yo llamaría inútiles, lleguen a tener más poder.

            Se sonríe. Ajusta la correa de su cámara digital sobre su pecho. Ve a su alrededor, quizá pensando que habló mucho más de lo que lo hace un hombre tímido que acostumbra a escudarse tras el lente. Se pierde entre la gente, entre el bullicio y el paisaje. Su fotografía queda en cada trabajo en el que indaga sobre el cuerpo abierto de nuestra Caracas, de nuestra Venezuela, de América Latina.