Víctor Gomollón:

Utilizo a los escritores para contarme

Por: Inés Muñoz Aguirre

@imunozaguirre

 

En la mente de un niño ocurren muchas más cosas que en la mente de un adulto, es capaz de recoger voces y transformarlas, es capaz de inventar personajes, de generar ideas que se le vuelven emoción y sangre, sonrisa y lágrimas.  Cada niño busca a través de su imaginación ganar una batalla, en la que seguramente coincide con el niño de al lado. De ello saben los grandes escritores de cuentos infantiles y también saben los editores que se arriesgan con ellos.

El mejor ejemplo de lo que significa la literatura infantil se concretó en las manos de los hermanos Grimm. Más de doscientos cuentos figuran en sus haberes, ¿quién no ha leído alguno de ellos en algún momento de su vida?  Rapunzel, Hansel y Gretel, La Cenicienta, Caperucita Roja, Pulgarcito, Blancanieves, por nombrar algunos. Muchos transformados en comics, películas y hasta productos de Merchandising. Jacob y Wilhelm popularizaron los relatos orales, pero dedicaron en sus años universitarios muchas horas a la investigación, al trabajo sobre la poesía y la lengua alemana.  Alegorías religiosas, cuentos de hadas, fábulas, farsas rústicas, forman todo un capital que sigue inspirando a creadores, cineastas y editores.

Víctor Gomollón no escapó al embrujo. Su editorial Jekyll&Jill realizó una edición de El Enebro, cuya presentación compartida con la prologuista Adriana Bertorelli y la librera Pilar Eusamio dio pie a una intensa disertación sobre el terror, lo bueno y lo malo y los limites en la literatura infantil, la cual ha quedado rezagada ante la violencia audiovisual y dio paso también a esta conversación en la que Gomollón saca a pasear el niño que se resiste en su cuerpo, aunque el anuncie no sin cierta timidez su casi desaparición.

_ ¿Por qué esta obra?

_ Esta es la primera y la única incursión. Es más, como este ha sido un pequeño éxito hay gente que me pregunta por el segundo libro, y yo pienso que no, que ya está, lo que pasa es que este es un cuento muy relacionado con mi infancia.

_ ¿Utilizas este libro como un vínculo?

_ Pero claro, es que ese niño que era yo, que hacía fotocopias de los libros que le gustaban, es el mismo de ahora. Lo único es que he perdido un poco el pelo. A parte de eso no he cambiado, aunque no creo en esa idea de que conservas un niño por dentro. Yo creo que no, que ya murió. Yo creo que lo que buscas es no perderlo del todo, con editar un libro como este lo que buscas es no perder el hilo. Hay un vínculo con lo infantil porque le tengo tanto respeto que por ahora no me veo publicando otro libro infantil.

_ ¿La búsqueda de ese vínculo encierra en sí misma, las variantes de la crueldad y la belleza que tanto oscilan en el pensamiento infantil?

_ Yo sí que quería que la edición de éste libro estuviera relacionada con lo romántico y sí que quería que tuviera cierta pureza y lo que llama la atención al lector es que no hay truco. Es bello dicen, aunque lo que está contando es algo terrible, hay muerte, sangre, canibalismo, y hay el complejo de culpa que en este cuento pasa de la madre a la hija, que es una historia terrible.

_ ¿Crees que descubriendo el yo se está descubriendo una identidad?

_ No lo tengo muy claro, la identidad de cada uno se puede formar de maneras muy diferentes, yo por ejemplo, tengo una infancia un poco triste en muchos aspectos, posiblemente para no ver la realidad me dio por leer de una forma compulsiva, casi enfermiza, y bueno, al final resultó esto de ser editor. Cuando se habla que la lectura siempre es algo bueno, puede ser, pero creo que a la parte positiva de la lectura se le puede llegar desde diferentes caminos.

_ ¿En tú caso la duda surge frente al hecho de que la lectura te aísla?

_ Claro. Si, si, pero no me puedo juzgar en ese aspecto. No puedo juzgar como me formé.

_ Como editor ¿tejes hilos que atan la selección de un libro con otro?

_ No ocurre siempre. Al ser una pequeña editorial formada por una sola persona que soy yo, al final se convierten en lecturas muy personales y a veces me doy cuenta dos o tres años después, de por qué he publicado tal libro. En muchos casos publico porque el texto me gusta y después proceso el por qué.

_ Es decir, que te estás dando una satisfacción personal…

_ Pero claro, puede ser egoísta. Estoy utilizando a los escritores para contarme, pero también quiero que los lectores se cuenten a sí mismos, con su selección de lecturas, debe ser así. Ahí estamos hablando de un paso más profundo.

_ ¿De dónde son esos autores con los cuales te identificas?

_ La mayoría son españoles y latinoamericanos, estos últimos me gustan mucho. Tengo autores argentinos, chilenos, guatemaltecos. Hay un poquito de todo.

_ ¿Qué es con lo que más te identificas en el proceso de edición de un libro y qué es lo que menos te gusta?

_ Los libros bonitos han existido siempre. Siempre desde la creación del libro ha habido la intensión de embellecer el texto de un modo u otro, con unas guardas bonitas, unas buenas ilustraciones, buscando una tipografía. Pero al final lo único importante es el texto. Lo mejor de mis libros es buscar que se lean, lo demás es la camisa, lo importante es el autor. Me preocuparía que se me tomara, y ya me ha pasado alguna vez, como una editorial que se preocupa mucho por la estética o cuando me dicen que hago libros objeto, eso no me gusta, por eso reniego un poco de lo artesano, porque lo artesano no es más que parte del proceso. Es parte de la cadena

_ Y consecuencia de su contenido…

_ Si, hay libros que demandan ese trabajo artesanal y otros que no. Para mi lo más maravilloso es la relación con los autores por encima del mismo libro., porque de algún modo yo me siento un enanito que está buscando…

_ Estás buscando pedacitos de ti…

_ Si, de algún modo puedo robar, como manipulo mucho el libro, hago que tenga una imagen diferente. Muchas veces me he llegado a preguntar si no actuó demasiado sobre los libros, aunque siempre es con el permiso del autor. Sin embargo esa actuación forma parte casi de una perversión de la obra del otro.  Me gusta que el editor sea un poco el que pervierte ese texto, del modo que sea.  Es que la idea de publicar sin actuar en el libro, me parece bien, pero no es lo que me atrae.

_¿Es el libro una extensión de la vida del lector?

_A mí me parece muy hermoso que al final el libro es un objeto que entra en una casa y que puede estar, ya no años, si no que puede pasar de mano en mano, que puede pasar de generación en generación. Un libro está ahí, a veces te acompaña toda la vida. Hay libros que aguantan más que una pareja o que un amigo, y están rotitos, viejos. A mi cuando me hablan de mis ediciones bonitas, me hace pensar que me gustan también los libritos viejos, los de segunda mano, el libro de bolsillo me interesa mucho por ejemplo, ese que no tiene ninguna gracia pero que es el que te acompaña. Los recuerdos que te da un libro en papel, no te lo da lo digital, quizá tomas un libro de tú biblioteca y te recuerda que te acompañó en determinado viaje.

_ Pero al hablar de lo digital, das la impresión de recurrir mucho al internet cuando uno te escucha hablar de tus procesos de edición…

_ Si, llevo muchos años trabajando con internet, conociendo gente.  A mi me ha servido para tener una idea mucho más unificada del mundo, porque te acerca a gente de cualquier lugar.  Yo recuerdo perfectamente mis primeras experiencias con los chats, poder hablar con un señor de Canadá, me parecía mágico, ahora no, pero me sigue pareciendo un recurso fascinante. La mayoría de las veces yo trato con los autores por medio del chat, del email, lo paradójico es que al final eso se convierte en papel.  Es un resultado que sucede de forma muy natural. Me sigue gustando el papel.

Víctor Gomollón junta todos los retazos en torno a uno de los temas que más le inquieta, el de la identidad, cree que la mayoría de los textos importantes están relacionados con ello. Los hilos de los que hemos venido hablando, sí terminan por tejer una red en torno a tal inquietud, ello se recoge en la mayoría de sus publicaciones, las cuales además reunidas en el estante de la librería, no pueden físicamente negar su hermandad. Algunos de esos títulos son: “El Jardinero” de Alejandro Hermosilla,  el libro de ensayos “Por qué la literatura experimental amenaza con destruir la edición, a Jonathan Franzen y la vida tal y como la conocemos” de Ben Marcus; “Versus” de Karlos Linazasoro; “Biblioteca Bizarra” con Eduardo Halfon,”Lejos de todo” de Rafa Cervera.  Acariciando cada una de sus tapas mientras explica su contenido Víctor, sonríe, suaviza su tono. El niño casi salta a través de sus ojos, para columpiarse sobre las páginas del logro.

Contra viento y marea

Por: Inés Muñoz Aguirre

 

Tenia tiempo sin ver a María Adela.  La descubro allí sentada tras una pequeña mesa. En el Trasnocho. Con la mirada dirigida hacia la vidriera de El Buscón, la librería donde se presentará el libro que escribió a cuatro manos con Mercedes Romero. “Más alto, más lejos. Una peregrinación por el Cáncer y el Camino de Santiago”

Un libro que además de contar una experiencia de vida, abre las puertas hacia una visión positiva frente a los obstáculos que nos pone la vida en el camino. Un libro, muy bien diagramado y muy bien escrito, con un lenguaje ágil, sencillo, directo y ameno, que hace que lo leamos con mucha rapidez y facilidad.

Este libro “Más alto, más lejos”, forma parte de un entramado comunicacional formado por testimonios, fotografías, videos. Una red de medios o de formas para comunicar una experiencia, la vivencia de su enfermedad,  que se convierte no sólo en un testimonio, si no en un ejercicio vivencial transformado en una experiencia inspiradora. Hablo de María Adela Alvarado,  músico, psicólogo, una mujer a quien se le diagnostica un cáncer neuroendocrino, experiencia que ha convertido en un reto testimonial para orientar a los demás.

_  Creo que es fundamental hablar estos temas, para ayudar a la gente a superar los miedos, siempre en la búsqueda de un diagnostico a tiempo. ¿Contribuye esta estructura que han ido formando tú y Mercedes?

_  El miedo no se lo vamos a quitar  a nadie, digamos lo que digamos. Lo que hay que pensar y decir es que si alguien tiene miedo está viviendo constantemente con ese sentimiento.  Cuando vas al médico se quita el miedo, cuando te haces tu chequeo rutinario, vas a vivir un año tranquilo, entonces vas a vivir sin miedo. Por otra parte es muy importante insistir en que los avances frente al cáncer son enormes,  no es lo mismo hoy en día que hace treinta años.

_En tú caso creo que pasaste por la experiencia de un diagnóstico que si no estaba equivocado, por lo menos alargó mucho más al proceso en función del tratamiento correcto, y por lo tanto te sometió a experiencias sobre las que queda la duda de si serían necesarias, cómo enfrentas este tema?

_ Yo comencé a ver todo esto, no como que a mí me mal diagnosticaron, yo dije que suerte que por una mamografía de control me encontré el cáncer, porque sino ese “bicho” hubiera crecido y quién sabe. Que suerte que me encontré una pelotica que era del tamaño de un granito de arroz en la espalda, que fue la señal de que algo pasaba, mucho más allá que un cáncer de mama, que suerte que mis hermanas viven en los Estados Unidos, que suerte mi seguro internacional. Que suerte que tengo un cáncer que se supone que es menos agresivo. Siempre he estado viéndole todos los lados buenos a las cosas.

_ ¿Después de eso, cuál fue el diagnóstico final?

_ En Estados Unidos ubicaron que era un cáncer que venía desde el intestino delgado, y como en la mayoría de estos casos, se descubre tarde porque la sintomatología es suave y la gente no le para. Yo la tenía,  me daba un enrojecimiento en la cara, era un síntoma que tenía desde que cumplí los 50 años,  y me descubren el Cáncer entre los 53 y los 54.  Del síntoma se creía que era tensión alta o la menopausia, así que cuando me lo descubren ya estaba en huesos, en hígado, en peritoneo, en el hilio. Bueno, a partir de allí fue llorar, la angustia, yo me paseé por la muerte y por todo, pero enseguida pregunté,  ¿qué hay que hacer para esto?

_ ¿Y cual fue la respuesta que encontraste?

_ El mío es un cáncer raro, que según las estadísticas puede haber uno en medio de trescientos mil, pero hay muchos cánceres raros en la vida. De hecho más del 50% de los cánceres son cánceres raros y es como una manera de clasificarlos, porque para los cánceres comunes hay mucho dinero para investigación, pero para los raros, no lo hay.

_ De todo esto surge lo que se recoge en el libro, hacer el Camino de Santiago…

_ Si, Mi hospital tiene el programa para recaudar fondos que se llama Cycle for Survival. Mercedes es ciclista, y yo le digo: vamos a hacer el Camino de Santiago en bicicleta, recolectando fondos. Mercedes escribía todos los días como había sido el recorrido y tuvimos un feed back tan bello de la gente, que por más muertas que llegáramos en la noche había que escribir  el resumen, porque había gente que estaba  esperando ese momento.  De allí nace la idea de hacer el libro, porque la gente lo veía como algo inspirador. Allí me dije, el libro debe resultar inspirador ante cualquier dificultad, no sólo para el cáncer.

_ ¿Cómo te planteaste un recorrido que exige tanto del cuerpo?

_ Mis doctores dicen que debo hacer ejercicio. Yo tengo entendido que todos debemos hacer ejercicio, llevar una vida sana, una dieta, en la que dicen que la mejor es la Mediterránea, pero lo real es que hay que comer saludable, eso te lo da el sentido común. Los que tenemos cáncer debemos plantearnos aun más hacer ejercicios. En uno de los videos que yo pongo donde entrevisto a mi doctora, ella dice “no sabemos por qué, no sabemos si es la personalidad de quienes hacen ejercicio pero está comprobado que los que tienen quimio, si hacen ejercicio, es menor la recidiva, el cáncer tarda más en volver.  Hay algo allí. Sin duda algo sucede, hay que hacer ejercicio.

_ Entre los miedos frente a la enfermedad uno podría preguntarse, ¿Cómo con tu diagnóstico pudiste hacer ese recorrido?, ¿no tuviste molestias?

_ Llegando de Santiago en 2016, comencé con unos trastornos estomacales horribles. Creían que era colon irritable, pero a comienzos de 2017 me tuvieron que operar de emergencia porque era el tumor del intestino delgado que estaba obstruyendo completamente. En noviembre pasado comenzaron de nuevo los enrojecimientos de la cara. Tengo que ir de nuevo a quimio, porque ya está en páncreas, en las dos cabezas de fémur, en la L7, en el hígado. Así que en abril de 2017 decidimos hacer el camino de Santiago portugués, también recolectado fondos.  Hicimos dia a dia el camino portugués y lo poníamos todos los viernes en YouTube.

_ ¿Y esta segunda experiencia cómo fue?

_ Para iniciar el nuevo recorrido,   yo tenía una cosa en contra y es que mi Cáncer está en el fémur. El informe decía el porcentaje de riesgo de fractura.  Yo me iba a morir cuando lo supe. Me hice una consulta con un médico traumatólogo del mismo hospital. A las dos semanas yo tenía el viaje, después de seis meses de preparación.  El me dijo: tú tienes esto desde hace dos años, así que si has estado practicando, entrenando para tu viaje y no te ha pasado nada, no tiene porque pasarte ahora, ten cuidado, trata de no caerte, pero has tu viaje.  Además yo no tenía síntomas, allá lo único que me dio fue un lumbago, porque es que ni gripe y eso que era como que si estábamos en un barquito en el que hacíamos frente a tormentas y huracanes. Después de este viaje al llegar si, me duele el vientre, tengo trastornos estomacales, pero esperemos que se me quiten con el tratamiento nuevo.

_ ¿Después del último diagnostico y la recomendación de este nuevo tratamiento que iniciarás, cómo ves las cosas?

_ De nuevo agradecida. Otro de mis agradecimientos es que yo voy con la ciencia. ¿Cómo es qué cuándo yo necesito algo, ya está aprobado un protocolo para radiar mis tumores? La Lutera, que es el tratamiento, no me va a quitar el Cáncer, pero estadísticamente me dicen que me va a dar tres años más de vida. Tres años es una vida entera. En ese tiempo la ciencia puede descubrir otra cosa que me de otros años. Y si sólo son tres años, bueno bienvenidos, los voy a vivir con toda la intensidad que yo pueda.

- ¿Cómo vives el día a día de la enfermedad?

_ Para mi hay varias cosas, yo creo que el dolor no tiene memoria, no me acuerdo cuanto me dolía con la quimioterapia, y creo que no me acordaré cuanto me duele mi vientre. Yo vivo mi dolor al día y espero que mañana no lo vaya a tener, eso hace que no me amargue, lo vivo, lo tolero, lo acepto y adelante.

A mi nadie me va quitar que tengo cáncer, que está diseminado por varias partes de mi cuerpo y  que yo tenga dolor, eso no lo va a mejorar nadie, yo tengo dos maneras de afrontar eso, me quejo y me lamento en mi desgracia, o lo vivo y entiendo que es parte de mi vida.

_ ¿Qué es la vida?

_ La vida es una carrera de obstáculos y cómo la vas a pasar, ¿quejándote? Vamos a ver como paso el puente, y si no lo paso, por lo menos lo viví de la mejor manera. El Cáncer lo tengo, lo que me queda es afrontarlo. A mi me es bastante natural, la verdad, y lo que intento es como mirar en las otras personas, que me queda del otro.  Hay que plantearse que ¿para qué poner más peso al fardo que llevas encima? La vida tiene lados luminosos y lados oscuros, una de las cosas que yo quiero compartir es que hay que rodearse de gente,  de gente bonita que esté contigo y que te apoye.

_¿Cómo enfrentas este tema con tus pacientes?

_ Yo como buena psicoanalista, mi técnica, me prohíbe hablar de mí. Se supone que el paciente se va a proyectar en mí, y vamos a utilizar la transferencia como un medio de trabajo. Sin embargo, después de mi enfermedad, yo no pude esconder cuando estaba calva que estaba pasando por eso. Después, me resultó valioso poder compartir en dos o tres ocasiones, que yo había pasado por lo mismo. A los pacientes les cuesta mucho este tema, sobre todo a un paciente deprimido. Nadie entiende lo que significa estar  en una enfermedad como esta, hay pacientes que se derrumbarían si uno comparte con ellos esto, y no lo tolerarían.  Así que es algo muy particular.

_ ¿Cómo se describe la aceptación y la negación, posiciones de las que tanto se habla?

_ Creo que la gente recibe las cosas según su nivel de preparación. Al final te acostumbras a todo, pero nadie te lo puede “clavar”, no tiene sentido forzar a alguien a aceptar una información para lo cual no está preparado.  Yo pregunto todo, así como hay gente que no quiere saber nada, y al que no quiere,  no tiene sentido decirle nada. Si este tipo de paciente viene a mí  como psicólogo, yo sé y puedo sospechar que tiene más de lo que me dice, por mecanismos indirectos hay que buscar que quiere, cuales son sus recursos emocionales.  Quizá ese paciente lo que busca en mi como psicólogo es que yo lo ayude a evadir su verdad. He aprendido eso, cada quien tiene su tiempo, su fortaleza y tiene su derecho. En lo particular, yo creo que mientras más enterado estás es mejor, porque buscas lo que tienes que hacer. Siempre el que viene a buscar ayuda merece mi mayor respeto.

_ ¿Después de toda esta experiencia, cambia el rostro de la muerte?

_ La muerte no cambia su rostro, yo a la muerte no la quiero, pero por una razón esencial, porque me quita la vida y yo amo la vida. Yo tengo proyectos, quiero seguir viviendo, lo único es que termino aceptando que saliendo de aquí me puede llegar, la única diferencia es que yo tengo una enfermedad, pero nadie sabe nunca cuando le puede llegar.

 

¿Cómo vivir la vida? Creo que esa es la reflexión que nos asoma María Adela, en sus palabras y en su actitud. Después de hablar durante un tiempo que me pareció suspendido en las palabras, momentos en los que se siente que hay muchas ideas que compartir, nos despedimos. Me voy en dirección  a la librería, María Adela sube las escaleras. Pienso en los caminos distintos que a cada quien le toca vivir, pero al final la vida es una, y siempre traerá con ella los mejores regalos, si somos capaces de aceptarla tal y como es, con lo bueno y lo malo que trae consigo.

 

 

Magistral:

Victoria de Stefano

por: Inés Muñoz Aguirre

 

La casa que la alberga está en el medio de esa sordina en que se ha convertido  la calle, una tarde de sábado. Síntoma de una ciudad cansada.  Victoria de Stefano nuestra escritora,  homenajeada hace apenas unas horas al recibir la Orden Cavalieri della República Italiana,  camina sobre el cemento que cubre el estacionamiento, casi ingrávida, sostenida quizá por sus personajes: Clarice, José, Mauro, El suizo, Julián, Bernardo, por mencionar algunos.

Venezuela e Italia se llenan de orgullo ante su trayectoria, la cual se ha caracterizado por una entrega constante a las letras.  Diarios, Paleografías: trazos oscuros sobre líneas borrosas,  Historias de la marcha a pie, La noche llama a la noche, El desolvido, Pedir demasiado, El lugar del escritor, La refiguración del viaje, son algunas de sus obras.

Al entrar hay un silencio grande que se cuelga de las ventanas y paredes.   Nos advierte que también está cansada,  va directo a la cocina, la enciende. Coloca la tetera sobre el fuego.  Me atrae su mesa de madera, la silla de madera a la cabecera, donde me siento.  Sale. Coloca las tazas sobre la mesa, aclara que cada una es distinta a la otra. Nos reímos, hablamos de la moda que se ha impuesto en las vajillas. Ella aclara que las de ella responden a situaciones que no tienen que ver con la usanza de los nuevos estilos. Volvemos a reír.  Sirve el té, entrelaza los dedos de su manos, unos dedos largos y delgados a través de los cuales se deslizan sus ideas hacia la  computadora, cuando escribe sus ya afamadas novelas. Sobre eso deseo indagar, sobre el necesario mundo reflexivo del autor, antes de dar paso a la palabra.  Hablamos y pregunto.

_ ¿Cuál es el lugar del escritor?

_El lugar del escritor es su cuarto, si hablamos de un espacio. Puede ser cualquier cuarto, no necesita ser un estudio. Yo a veces escribía en el cuarto, a veces en el comedor, porque al final, es un espacio que haces tuyo. En un sentido más metafórico, espiritual y emocional, el lugar del escritor es el recogimiento, la introspección, la soledad. Puede que un escritor sea sociable, salga a la calle, esté en todas partes, pero en el caso mío, yo necesito mi recogimiento, y lo tuve. En primer lugar porque tenía dos hijos, después los nietos,  y daba clase en la universidad. Lo que más me gustaba de dar clase es que te pagaran por leer y estudiar, y cuando pasé de la escuela de Filosofía a la de Arte,  fue un cambio de trescientos sesenta grados aunque el tema del arte y la teoría literaria me eran muy cercanos. Yo di clase  de teatro, de dramaturgia, de teoría y estructura dramática.

_ Desde el punto de vista de la práctica, ¿cómo se describe ese “lugar”?

_ Aparece en mi novela El lugar del escritor. Yo vengo de una fiesta y entro a mi cuarto y aquí puedo hablar en otro sentido, el lugar del escritor es la lectura. El escritor tiene que leer, el que pretenda escribir y hacer pinitos literarios sin leer, está equivocado. Eso no existe.

_ En su obra, además yo siento como una constante el encierro…

_ Cuando escribo La noche llama a la noche (1985) estoy entrando a lo experimental. Escribo más libre, fragmentos que se unen, pero cuando escribo El lugar del escritor (1992) lo hago porque necesito escribir una novela más corta. Vengo de un trabajo largo y entonces, necesito buscar una voz más personal, ser más yo, la que escribe. Independientemente de que escriba en tercera persona, quiero encontrar una voz más propia.

_ En la búsqueda de esa voz más propia  ¿cómo se conserva la separación entre el que escribe o el personaje,  o simplemente se produce una mezcla?

_ Más que una mezcla se trata de pasar del autor al personaje. En algún momento esa distancia se corta, y hay una cierta fusión. De todos modos, escribir con voz de mujer no es fácil porque en general la literatura está enfocada desde lo masculino.  En el caso de Virginia Woolf, por ejemplo, aparte de los dos libros de ensayo: Una habitación propia y La torre encantada, donde ser mujer u hombre no tiene ninguna importancia, se puede apreciar que ella tiene una sensibilidad muy fina, pero no sensiblera donde uno puede caer con cierta facilidad, para construir las situaciones y los personajes. En Las Olas, por ejemplo, ¿cuántos personajes tiene femeninos y masculinos desde los cuales ella habla?.  Al final uno habla desde todas las voces, independientemente de que sean hombres o mujeres.  En las primeras historias que yo escribí, me decían “pero Victoria, ¿por qué escribes como un hombre?”, y yo contestaba “porque quien habla es un hombre, no soy yo”.

-¿El escritor elige la soledad o forma parte de su proceso?

_ Yo creo que forma parte natural del proceso. En mi caso,  me divorcié muy joven y me dediqué a mis hijos, no podía andar por allí, así que pasaba mucho tiempo en mi casa. Por otra parte, tengo una formación austera que viene del europeo que vivió la guerra, la disciplina, la educación. De niña, yo no sé si era motivo de orgullo, de soberbia, o de distinguirme, pero yo era muy estudiosa y sobre todo me gustaba mucho el lenguaje, la palabra, me gusta mucho leer.  Todo tiene que ver con la soledad.

_ ¿Si le solicitáramos unas claves propias de la escritura, de cuáles nos hablaría?

_ Primero que nada hay que leer mucho, porque la lectura se convierte en la lectura de una partitura.  En la escritura hay una melodía.  Hay que fijarse en pequeños detalles, no repetir a veces las preposiciones tan cerca,  no utilizar muchas palabras femeninas pegadas, hay que alternar las femeninas con las masculinas, en singular, en plural.  De vez en cuando hay que usar una de esas palabras que funcionan como un escape, que le dan riqueza a la frase. Eso lo he tratado de internalizar y por eso me gusta leer buenos autores.

_ ¿La conversación con otros escritores, nutre?

_ Yo tuve buenos amigos escritores, yo era mucho más joven que ellos, así que me estimularon, por ejemplo, Eugenio Montejo, o Juan Sánchez Peláez, hablábamos mucho. Bastaba que él me nombrara un libro para que yo me lo leyera.  El me llamaba a regañarme, porque  decía que yo era demasiado intelectual.  Él venía de una corriente literaria como el Surrealismo, aunque no lo marcó del todo, era más del inconsciente, más de los símbolos, desde la subjetividad.  El otro con quien conversaba mucho era Salvador Garmendia, éramos vecinos. También recuerdo mucho a un filósofo que estudió conmigo: Guillén Pérez. Además estudié con Cadenas, aunque yo estudié Filosofía y él estudiaba Letras.

_ Siempre he tenido la idea de que la formación dramatúrgica da unas herramientas adicionales y muy importantes al narrador, ¿qué piensa usted sobre esto?

      _ Yo antes leía teatro, cuando tenía que dar clase de Estructura Dramática. Era increíble porque en ese momento no había bibliografía, hasta que un profesor de Lógica Matemática, argentino, me dijo que tenía que buscar el libro de Peter Szondi, húngaro, un hombre de la nobleza, que se  suicidó, pero dejó escritas cosas muy importantes. Él tiene una teoría del drama  moderno, y a partir de allí fui preparando mi materia.  Yo sentía que incluso sin usar el dialogo convencional, tenía que trabajar con una forma personal o una forma interrogativa indirecta, o la exclamativa, porque eso te ayuda a dramatizar. Una vez leí un capitulo de La noche llama a la noche, en la Casa de Bello, Daniel Santos estaba sentado allí. Cuando terminé de leer el capitulo del secuestro, sentí que había utilizado una estructura dramática.  Las tres ultimas frases son cortas que conducen hacia una caída de telón. Hubo un silencio cuando terminé. Yo no me había dado cuenta que él estaba allí sentado, entonces se paró y empezó a aplaudir, mientras decía que yo tenía que escribir teatro.

       _ Enseñando teatro, ¿dónde buscaba las claves que debían ser transmitidas a los alumnos?

       _ Yo no daba historia del teatro, si no los momentos culminantes, el teatro Isabelino, el teatro de Moliere, tal vez algo de Goldoni.  Después pasaba a Strindberg, Ibsen y Chéjov. No creo tanto en la teoría del teatro épico, creo que la teoría está un poco desmontada.  Me encanta Beckett,  sus obras Final de partida, y Esperando a Godot.  incluso las novelas  como El innombrable.  El teatro se lee y se olvida con mucha facilidad, así que yo cada año volvía a leer las piezas y descubría cosas nuevas. Usaba mucho el teatro para mis ejemplos de los cambios de estructura, como se une la tragedia con la comedia.

         _ ¿Cuáles destacaría como los elementos más importante en la construcción de la estructura dramática?

       _ Donde no hay dioses no hay tragedia, entre los mejores ejemplos hay que estudiar a Shakespeare, a mi me gustan especialmente  El rey Lear y Hamlet, no sé por qué Macbeth me sobrecoge demasiado, así que ni siquiera podía pedirle a los alumnos que la leyeran. Hay que tener claro que si no hay conflicto no hay obra, incluso en la narrativa, donde el conflicto no es el núcleo concentrado del teatro, pero tiene que haber un conflicto. Pasolini, decía que tanto en el cine como en la novela hay dos historias, porque si no hay dos cosas que se unan no hay nada.

        _ Otro aspecto fundamental en el teatro son los personajes…

      _ Si, pero una novela de  puros personajes sin una plataforma en la que ellos se puedan relacionar unos con otros, no sirve. Yo he visto novelas, escritores, escritoras, que tienen personajes importantísimos  que están muy  bien delineados, pero sin esa plataforma que no es solo una trama, los personajes se me confunden.

       _ Un ejemplo de buen personaje es  el Señor P, en su novela Lluvia

      _ Siempre recuerdo que sobre el Señor P, Vila Matas me dijo: “Victoria, ese no te lo inventaste tú, ese hombre es real,  y yo le dije que si.  Sí en cierto sentido, porque es un personaje formado a partir de la vida de dos hombres.  A mi en LLuvia me gusta mucho la relación del jardinero con ella, cuando hablan de los hijos, cuando habla del jardinero suizo que era  su amigo.  Un buen personaje,  es aquel que es sentido, no artificial. Puedes agregarle muchas cosas, pero tiene que ser emocionalmente sentido por el escritor.

     _ Otro aspecto importante para muchos autores es la descripción de los objetos. En el teatro, los mismos se resumen en las acotaciones…

       _ Hay grandes maestros de la descripción de objetos, lo que es más difícil de describir son los espacios, porque el ojo pierde el espacio, es la forma de darle realidad a lo que escribes. Hacer que las cosas existan de una manera concreta. Cuando describo un objeto trato de que sea bien descrito, que tenga personalidad y establecer la relación de ese objeto con la persona. Es un trabajo fino. Un ejemplo maravilloso se encuentra en Esplendores y miserias de las cortesanas, de Balzac. Describe en tres paginas el ojo de la cortesana, y a partir del color del ojo, va creando una ascendencia, va creando su raza, incluso  creo que debe tener algo de judía. Yo lo he leído en francés y lo he leído en español. Él, por ejemplo,  para  describir los colores, no dice rojo, si no que dice, “es del color de la almendra garrapiñada”. Va haciendo asociaciones. Describe la piña, que no es una fruta francesa obviamente. A él le encantaban las piñas, sembró una cerca de su casa.

        _La gran pregunta de todo escritor es,  ¿en qué momento hay que detenerse?

        _ Esa es la parte mas difícil.  De todos modos, los finales de las novelas no necesitan ser contundentes. Pueden ocurrir como en  la obra de Strindberg La más fuerte, sientes que a pesar de que ella habla mientras la otra no dice nada, se avanza hacia la caída de telón. Si buscamos grandes finales, quizá uno de los más famosos es el de un cuento de Joyce, Los muertos.  Ella recuerda un novio  que murió  y Joyce concluye  el drama personal, describiendo los acontecimientos exteriores, como cae la nieve sobre la montaña.

         _ ¿Qué hace Victoria De Stefano en este momento?

      _ En este momento tengo una novela por publicar, pero estoy escribiendo. ¿Cómo aguantas esta situación?, ¿cómo aguantas tanta infamia.? Yo no puedo caminar mucho porque por estas calles no se puede.  Así que tengo que escribir.

           -¿Podemos tener un adelanto de esa nueva historia?

           _ Estoy escribiendo una novela, de los años setenta, de una mujer con su hija adolescente.  La madre tiene una beca como traductora. Me molesta cuando la gente escribe del país como que si fuera un periódico de ayer, así que yo escribo del país a través de sus historias. Ellas viven la sensación del exilio, se van por unos años. A fines de los sesenta. Hay un momento en que la jovencita escribe desde la edad adulta, sobre el proceso de adaptación, porque yo creo que los exilios han existido siempre.

            _ ¿Tiene que ver ésta historia con su época en el exilio?

          _ Si, sin darle un carácter político. Tiene que ver con la adaptación, las perdidas, las separaciones, el estar en sitios diferentes. El maltrato que puede haber con el extranjero.

            Me hubiera gustado seguir hablando durante horas. En ese cuerpo que casi roza la fragilidad, se alberga una docente y una escritora, ambos oficios desempeñados a “carta cabal”. Se alberga un mundo de experiencias y conocimientos imposibles de retener en un instante.  Se levanta de la silla desde donde ha respondido a mis preguntas.  Se sienta en el sofá y nos habla del país que le duele.  Después de una rato de conversación sobre la actualidad, nos despedimos. Ahora caminamos en dirección a la calle solitaria. Los grandes árboles se levantan majestuosos hacia el cielo. Casi como cómplices de estas horas compartidas, nos observan entrar al carro. Dos vueltas de llave en la cerradura que asegura la reja de la casa, es el último sonido que escucho, antes de emprender la marcha.

Graziano Bartolini:

La fotografía está dentro de uno,

no afuera.

Por: Inés Muñoz Aguirre

 

Una rama, un ave, el mendigo de la esquina, una huella arquitectónica, la luz, esa luz brillante directa que hace de nuestro cielo una gran extensión azul, todo, es fotografiable.

El fotógrafo italiano Graziano Bartolini lo deja entrever en sus palabras, a través de las cuales deja que fluyan sus veinticinco años de experiencia. Tiempo que se dice fácil pero que sin duda constituye un archivo incuantificable, que se ve en numerosas exposiciones, blogs y libros. Bartolini está atrapado desde hace algún tiempo en las calles de Caracas retratando junto a la fotógrafa Oriana Abello la arquitectura italiana en la Avenida Victoria. El público caraqueño ya ha podido disfrutar de la primera exposición surgida de éste trabajo en la Plaza de Los Palos Grandes. Ahora Graziano dicta un taller para fotógrafos, con una sesión teórica y otra práctica, entre tanto nosotros indagamos de qué se vale para integrar su lenguaje de imágenes.

_ ¿Cuál es la mayor dificultad a  la que te enfrentaste en tus inicios como fotógrafo?

_ En mis comienzos  no me atrevía a fotografiar de cerca a las personas, entonces me asustaba mucho, y me daba mucha vergüenza acercarme a ellas.  Al mismo tiempo no quería que  ellos vieran lo que yo estaba haciendo y si yo tomaba la foto de lejos,  ellos no me estaban viendo.  Yo creía que así la foto quedaba como algo natural, pero todo eso no era solamente por la fotografía sino porque yo soy muy tímido. Con el tiempo tuve que vencer esa vergüenza y ese miedo, porque la fotografía que haces de esa manera no sirve para nada. Lo más importante cuando tú quieres fotografiar a una persona es hablar con ella,  conocer a quien quieres retratar. Además no sabes cuándo vas a volver a encontrar a esa persona, así que tienes que hacerlo muy bien. La relación que estableces entre el fotógrafo, la cámara y la persona que vas a fotografiar es lo más importante.

_ ¿Piensas que a través de la cámara se busca capturar mucho más allá de lo que se ve, quizá llegar al alma de la persona a quien fotografías?

_ Sí, aunque esto suene a un lugar común es algo verdadero porque estamos hablando de capturar algo que a veces va mucho más rápido que nuestros ojos,  algo que tú vas a congelar en aquel instante para siempre.

_¿Qué ha cambiado desde tus inicios como fotógrafo hasta ahora?

_ Siempre recuerdo que una vez que uno había sacado una foto, estoy hablando de que era la época del revelado, mientras iba camino al laboratorio, llevaba una idea fija en la cabeza porque ya sabías cuál era la mejor foto. Llevaba conmigo la percepción de esa foto que estaba seguro que había salido bien. Todo el tiempo que pasaba entre que había hecho la foto, revelar el rollo, imprimir en un papel, era un tiempo valiosísimo que formaba parte del proceso creativo.  Voy a decir algo que quizás a algunos les suene como una tontería, pero comparo ese proceso con el tiempo que lleva cosechar la uva, extraer su jugo,  luego meter el vino en un barril, y dejarlo allí para que  con el paso del tiempo se vuelva bueno. Así veo el proceso fotográfico. No como  ahora que estamos invadidos de millones y millones de fotografías donde el noventa y nueve por ciento de ellas son inútiles, No son fotografías,  son postales.

_ Ante ese argumento, ¿cuál es para usted la diferencia entre la fotografía que sirve y la que no sirve?

_ No lo sé. Ahora veo la redes sociales, el Facebook, el Instagram, en los que las fotos realmente son juguetes, y bueno, si a la gente le gusta está bien que lo haga. Quiero decir que yo ni siquiera tengo redes. En los primeros tiempos cuando se empezó con lo digital, casi me perdí como fotógrafo, no fotografiaba porque hacía como cien fotos y luego se me pasaba el tiempo escogiendo las fotos en la computadora.  Una de las cien, era buena.  Así no me servía y me quedé como un par de años sin fotografiar,  ahora hago unas fotos, pero me sigo planteando no perder tiempo.

_¿Se prostituyó la fotografía?

_ Eso es. Ahora yo prefiero quedarme a leer un libro que me interese. Allí consigo buenas ideas de lo que quiero fotografiar, un buen libro de literatura, sea de Vargas Llosa o de cualquier otro autor.

_Pero, aún no me ha dicho, ¿cuáles son las claves para considerar que una fotografía es buena o no?

_ Las buenas fotografías son las que son hechas desde adentro,  las que son perceptivas. Son las que uno piensa mucho antes de fotografiar.  De eso, de pensar lo que estás haciendo, hay muchos fotógrafos que han vivido,  son los que nunca se han prostituido, claro, algunos se murieron muy pobres. Tenían un sentido ético tan importante que era más importante no ser mentiroso con ellos mismos, que venderse. Otros se vendieron  y son millonarios. Planificar lo que escribes entonces hay que planificar también la fotografía. Si yo te digo la verdad, no sé si soy fotógrafo porque a su vez no sé si soy buen escritor.  Siempre me ha gustado escribir, inclusive en las exposiciones fotográficas que hago, en los libros que hice, siempre hay muchas páginas de escrituras que no son mías, por supuesto, porque yo no soy buen escritor, pero lo intento. A veces intento escribir todas esas cosas que me sirven como detalles para cuando voy a fotografiar,  a mí no me gusta ir a un lugar  y llegar  sin conocer nada, sin conocer a dónde voy. Cuando yo vine aquí la primera  vez, era el 2003  y luego el 2004, me sirvió  para mi regreso. Desde entonces regreso siempre, porque empiezas a mirar las cosas desde adentro. No desde afuera, no como que si fuéramos estereotipos.  Miras las cosas que ya vives, porque fotografiar es también vivir, es tomar experiencia.

_ En algún momento habló de pararse en una calle y esperar a ver que pasa a su alrededor para fotografiar, ¿cómo encaja esa propuesta con lo que me acaba de explicar de planificar la fotografía?

_Seguramente cuando se trata de fotografiar por la calle siempre llegan temáticas sociales, temáticas culturales,  es la vida diaria de las personas o de las cosas que se están mirando y te abordan. Son cosas específicas del lugar donde estamos,  y por eso son percepciones que a veces te llegan, porque  te has documentado antes.   En otras ocasiones, no siempre te llega la imagen en el momento,  cuando estás fotografiando.  Esto es un trabajo de introspección.  Llega un momento en el  que tienes que decidir por lo que conoces,  lo que tiene que ver con tus valores,  tus experiencias.  Al final tu trabajo es el resumen de todas esas cosas que tienes adentro,  para mí no puede ser otra cosa.

_ Me identifico plenamente con su propuesta en torno a la creación, yo doy talleres de escritura creativa , y siempre digo a mis alumnos que no se trata de la musa, si no, precisamente de esa conexión de todos los códigos que llevamos adentro, con los que se encuentran afuera. El punto de encuentro produce el acto de la creación…

_ Así es. Otra cosa importante, bien sea cuando escribes, o  cuando estás fotografiando o tocando un instrumento musical, es que llega el momento en que todo lo que leíste, lo que  aprendiste de tus maestros,  lo tienes que dejar a un lado,  ponerlo en la gaveta, guardarlo bien, casi hay que olvidarse de eso, y empezar otra vez, porque si no lo haces vas a hacer una fotocopia de lo que leíste, aprendiste, escuchaste y viste. Uno tiene que ser uno mismo y al mismo tiempo hay que ser honesto con lo que somos, porque sino siempre serás un emulador.

_ ¿Qué le atrae de Venezuela, qué consigue en nuestros códigos?

_ Venezuela  es uno de los diecisiete países de América Latina que conozco, tendrías que preguntarme qué me atrae de América Latina, porque  fui a África del Norte y me gustó,  pero no me sentí como que si fuera capturado por el lugar. Después me fui a Asia y me pasó lo mismo. Nunca voy a regresar a la India.  Yo me mantuve como que si estaba fuera de allí, no me gustó. Entonces empecé a venir a América Latina en 1988 y aquí sentí, no sé si son las conexiones con la cultura italiana, que estaba como en mi casa, a pesar de que no conocía la lengua, ni conocía nada.  Sin embargo me dije,  éste va a ser el continente que quiero conocer y dónde voy a hacer mis cosas.  Lo primero que hice al regresar a Italia fue aprender y estudiar español,  lástima que no hablo el portugués, porque Brasil es una gran extensión,  ahí está lo que puede ser una gran vida.

_ ¿Qué le pareció tan terrible de la India?

_ Lo terrible es como una religión tiene sometida al 90% de la población.  Si tú perteneces a una casta inferior tienes que vivir así toda tu vida,  sí,  porque ellos creen en la reencarnación.  Para mí, esa es una forma de tener sometidos a millones y millones,  y millones de personas.

_¿Y no era una tarea tratar de transmitir dicho sometimiento, a través de la fotografía para el resto del mundo?

_ No lo sé,  porque al final la gente de la India es así,  como son los de Nepal o los pakistaníes que al final son buenas personas.  Pero cómo son ellos, como personas simples,  sencillas,  humildes, me gustaron mucho,  lo que no me gustó fue la forma en que están sometidos.  Yo prefiero América Latina aunque  ahora Venezuela tiene uno de los problemas más graves y más increíbles, y al final es cómo lo que está pasando en Cuba o en Nicaragua.  Fundamentalmente los problemas son terribles, pero adentro de esos problemas la gente busca una pequeña forma para vivir bien, para buscarse la vida a diario, para conseguir la mejor opción que pueda tener, y eso para mí es positivo.

_¿Cuáles son las imágenes que más le impactan en Caracas?

_ En Caracas busco principalmente reflejar la ciudad en dos formas, porque  aquí conviven dos ciudades:  la ciudad vertical y la ciudad inclinada. Esa es la ciudad del centro y la ciudad de los barrios. Son dos cosas bien distintas,  a veces vas por una calle y volteas y allí están los rascacielos, y al otro lado están los barrios.  Para mí son dos en una.

_ Con su visión de la fotografía y siendo usted italiano, no puedo finalizar sin preguntarle cuál es la visión que tiene de los paparazzi?

_ Yo recuerdo los paparazzi de los años cincuenta cuando andaban fotografiando la vida de la noche de Roma,  ahí empezaron.  Crearon unos estereotipos, la forma en que captaban la mirada de un persona,  los vi como andaban cazando a las mujeres que estaban de vacaciones porque andaban solas,  porque el marido estaba trabajando en otras ciudades de Italia, pero hay algunos que hicieron cosas muy buenas y muy interesantes. Todavía nos quedan buenos fotógrafos de aquella época. Después de todo  al trabajar con rollo tenías que seleccionar dentro de tu cabeza cual era la fotografía ideal, el rollo era dinero. Todo eso los hacía diferentes. Ojalá en medio de todos los cambios,  venga un tiempo donde esas fotos que ahora son más populares entre comillas, que yo llamaría inútiles, lleguen a tener más poder.

            Se sonríe. Ajusta la correa de su cámara digital sobre su pecho. Ve a su alrededor, quizá pensando que habló mucho más de lo que lo hace un hombre tímido que acostumbra a escudarse tras el lente. Se pierde entre la gente, entre el bullicio y el paisaje. Su fotografía queda en cada trabajo en el que indaga sobre el cuerpo abierto de nuestra Caracas, de nuestra Venezuela, de América Latina.