Reconocimiento a La Academia

Por: Cecilia García Arocha

 

En cualquier país del mundo, los líderes en diversos ámbitos voltean con mirada de respeto hacia La Academia. No es un gesto banal porque las universidades son los espacios en los que se reúnen los hombres y mujeres representativos del saber, los más destacados en las ciencias, las artes, las leyes, las letras, la tecnología, por mencionar algunos de los aspectos claves para la formación de una sociedad.

La civilización griega fue la escuela para ello, porque entender que la sabiduría está fuertemente arraigada en la construcción de los espacios públicos, abrió la posibilidad cierta de que en las plazas y en las esquinas más concurridas de la ciudad se compartiera el conocimiento.

Tal historia no hace más que confirmar el camino que se sostiene a lo largo de los siglos en el tránsito de la humanidad,  de que apoyados en el conocimiento  se construyen las sociedades, pasando por sus formas de gobierno, lo concerniente al desarrollo económico y a la conformación ética y moral, fundamentada siempre en la valiosa formación familiar que es desde donde se comienza el tejido concerniente a los valores.

La Academia abre así el espacio para que el futuro de cada sociedad no sólo pueda concretar sus sueños, si no que brinda el lugar ideal en el que sin otro compromiso que no sea el saber,  se debata sobre la libertad, la democracia, se inculque la pluralidad y se respete la divergencia de ideas, porque en ellas también se encuentra lo más valioso de toda sociedad la capacidad de lucha, rebeldía y protesta que tiene que ver con los fundamentos de cambios de toda juventud, pero también la historia se ha encargado de mostrar que esos fundamentos siempre tienen que ver con el alcance de la libertad económica, la independencia, la posibilidad de construir y de traspasar a través de los hijos y las generaciones venideras los logros alcanzados.

Basada en estas ideas siempre he defendido la autonomía, la capacidad de la universidad de convertirse en un reducto de posibilidades que contribuyan todas al desarrollo. Es un criterio que defiendo porque bajo esa concepción fue creada.  La influencia del ámbito académico en nuestro país se remonta al Siglo XVII, y es imposible ignorar que cuando la censura hizo estragos en el mundo hacia finales del Siglo XVIII a Venezuela llegaron los libros con obras de Rousseau, Voltaire, Diderot, o Montesquieu, contribución directa que dio origen a la formación universal de nuestros grandes lideres.

Nuestra Universidad, la que además ha dado herramientas profesionales a hombres y mujeres destacados en muchos casos con carácter mundial por todos los aportes en ámbitos claves como la medicina, es merecedora del más amplio de los reconocimientos, a sus espacios, al respaldo económico, a la demanda de seguridad, a la valoración de nuestros profesores. Y cuando hablo de ella no sólo me refiero a la Universidad Central de Venezuela, me refiero también a todas las universidades de carácter publico y privado que luchan día tras día, persistiendo en su empeño y compromiso por aportar al país, por avalar su desarrollo y crecimiento económico y por fortalecerse en función de brindar el refuerzo moral tan necesario hoy en día.

Insisto en La Academia como una conciencia social, porque sin educación y sin conocimiento no hay futuro y no hay libertad. ¿Cómo podemos negarles el futuro que por derecho corresponde a nuestros jóvenes estudiantes? Es urgente la tarea de restituir a las casas de formación el reconocimiento que merecen, sin que sea la política quien le haga sombra, la universidad venezolana reclama su espacio, su independencia, así como ocurre con cada una de las “piezas” que conforman nuestro valioso engranaje como sociedad democrática.

En salud: Lideres a quien recordar

Por Cecilia García Arocha

 

Aun en medio de la crisis que acompaña nuestra país, la Universidad Central de Venezuela realiza un gran esfuerzo en función de preservar los espacios que durante todos sus años de existencia han sido fundamentales para el aporte consistente al país, es por ello que apoyados en la organización  de unas jornadas de investigación, hemos celebrado los 53 años del Instituto de Biomedicina “Dr. Jacinto Convit”, adscrito a la Facultad de Medicina.  Institución ésta que persiste gracias al esfuerzo que realizan sus trabajadores, a pesar de la falta de insumos, de la inseguridad y de todas las adversidades que tienen que vencer para llevar adelante su trabajo diario.

Docentes además comprometidos con la formación de un talento humano cuya preparación profesional responda de manera certera a las necesidades de nuestra sociedad.

Este instituto universitario lleva el nombre de uno de los más grandes científicos que ha tenido el país. Un hombre que destacaba por su dedicación, por las máximas características como docente y por la atención clínica. Un hombre que recibió su titulo de Doctor en Ciencias Médicas en nuestra Universidad, cuando transcurría el año 1938. Fue él quien se dedicó al tratamiento clínico contra la lepra, como integrante del equipo médico del Leprocomio de Cabo Blanco (estado Vargas), donde además innova con la implementación de una campaña educativa sobre las formas de contagio, desarrolló la vacuna contra la lepra y convirtió a Venezuela en un centro de entrenamiento en lucha antileprosa. Convit es considerado como uno de los científicos más importantes del mundo, como lo han sido muchos de nuestros investigadores. Pero a su vez su existencia no puede desligarse del interés existente en el país por alcanzar las condiciones ideales en el sector salud. Para ello se hace urgente recordar la existencia de esos grandes profesionales, asumiendo además que esos son los liderazgos que debemos emular.

 Habría entonces que recordar a otro egresado brillante, de nuestra máxima casa de estudios el doctor  Arnoldo Gabaldón doctorado en ciencias médicas en la Universidad Central de Venezuela. Quien presidió la Dirección Especial de Malariología del Ministerio de Sanidad y Asistencia Social, puesto que ocupó hasta 1950 y desde donde llevó a  Venezuela a convertirse en el primer Estado en organizar una campaña a escala nacional contra la malaria, mediante la utilización del DDT, lo que nos conllevó a ser los primeros en alcanzar la erradicación de esa enfermedad.

Su estrategia rompió todos los esquemas tradicionales de la época,  preparó al personal de manera acuciosa y con metodologías definidas de acuerdo a las necesidades, con investigación epidemiológica, medidas antibacteriales y antiparasitarias. Su estrategia se basó en experiencias prácticas de saneamiento ambiental y suministro de medicamentos Antipalúdicos hasta convertirlo en un Proyecto Nacional. En 1945 se alcanzó la  fase de erradicación mediante una campaña nacional de aplicación del insecticida sintético denominado (DDT  de manera controlada gracias a la labor del químico italo-venezolano Ettore Mazzarri, fundador del Laboratorio Químico de Malariología).  Ya para 1955 la enfermedad sólo era de 1 por 100 mil habitantes y el área erradicada aumentó a 305 414 Km2.

Cuando echamos la vista atrás no es de extrañar que nuestras más importantes instituciones de investigación y salud superen los 50 años de existencia, porque fueron muchos los esfuerzos que se realizaban en el país, en el ámbito de la salud. Incluso cuando damos un vistazo mucho más allá recordamos que ya desde 1936 se venía trabajando insistentemente por la salud, a punto de lograrse una Ley de Defensa contra el Paludismo, así como en 1940 se logró erradicar la difteria cuando se aplicó masivamente la vacuna, porque la  División de Epidemiología y Estadística Vital del Ministerio de Sanidad y Asistencia Social, aplicó un Plan de Vacunación Nacional.

Por estos antecedentes, nos empeñamos en preservar todas las áreas de investigación científica que hacen vida en nuestra universidad, es otro de los retos que tiene que ver con que la insistente formación de profesionales aunada a la existencia del Instituto de Biomedicina “Dr. Jacinto Convit”, el Instituto de Medicina Tropical,  el Instituto de Medicina y Cirugía Experimental, El Instituto Anatómico "José Izquierdo", el Instituto Anatomopatológico "José Antonio O'Daly" por nombrar sólo algunos,  porque en un país donde han resurgido con fuerza todas las enfermedades erradicadas, donde no existen programas nacionales de vacunación que ofrezcan la prevención a todos los venezolanos sin distingo alguno, será de vital importancia la activación  de cada una de esas instituciones en función de planes de emergencia y de reconstrucción que serán necesarios en nuestro país.  Vislumbrar el futuro con optimismo nos permite entender que nuestro compromiso profesional tiene que ver con la preservación de los espacios, para que resurja desde ellos la solución a un drama que ha ido en franco crecimiento, porque la salud es el principal capital del ser humano y en consecuencia el mayor capital de un país.

 

 

 

 

Diez años después…

Por Cecilia García Arocha

 

Hace diez años ganamos las elecciones universitarias en la cuarteta que integramos junto a Nicolás Bianco, Amalio Belmonte y Bernardo Méndez.  Fueron unas elecciones en las que predominó un debate de altura, la alegría y celebración. Unas elecciones que ganamos producto de un gran entusiasmo por parte de los estudiantes y los profesores  activos y jubilados.

Mi presentación para las elecciones del rectorado tenían que ver con el derecho legitimo de aspirar al máximo cargo de una casa de estudio a la cual he dedicado mi vida entera. Cargo para el cual me preparé con la misma pasión con que asumí desde muy temprana edad la participación en mi querida Facultad de Odontología.  Finalmente mi trabajo y el deseo de hacer, se reconoció mediante el voto convirtiéndome en  la primera mujer rectora  en los 286 años de historia de la ilustre Universidad Central de Venezuela.

Celebramos junto a todos la posibilidad de llevar adelante una propuesta modernizadora en muchos ámbitos y empezamos un trabajo que simbólicamente se puso en marcha el mismo día de nuestra juramentación, cuando se activó el reloj de la plaza del rectorado que tenía muchos años sin funcionar. “Llegó la hora” fue nuestro lema de campaña y  con la misma energía que representa una frase que es sinónimo de activación dimos inicio a lo  que en ese momento fue un reto cargado de motivaciones.

El ejercicio del rectorado implica la actuación frente a múltiples compromisos.  En su momento buscamos accionar desde ámbitos fundamentales para la estabilidad de la institución pero sobre todo en favor del estudiante que es nuestro mayor tesoro. Establecer un buen sistema de vigilancia y colocar portones, como los que tiene toda cada de estudio en nuestro país y en el mundo,  fue uno de nuestros planteamientos iniciales, el mismo se lo llevó la política por delante.  Entre tanto trabajábamos en mejorar las condiciones del comedor, en recuperar nuestras áreas verdes, en recuperar nuestras obras de arte. En modernizar nuestro sistema integral de funcionamiento entre tantas cosas necesarias. Los recortes en los recursos y la intromisión de la política insistieron en empañar todas las actividades, hasta el punto que en el 2011 se impidió por parte del TSJ el llamado a elecciones, de la misma forma  que se impidieron en la Universidad Simón Bolívar, la Universidad de los Andes, la Unexpo, la Universidad de Carabobo, la Universidad del Zulia, la Universidad de Oriente  y la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado. Suspendiendo así un derecho fundamental como lo es el voto y la posibilidad de elegir cada cuatro años.  Nuestras leyes son tan visionarias que incluyen la no re-elección.

Hoy continuamos aquí en medio de la gran crisis que atraviesa el país, seguimos con la firme convicción de que como autoridades nos ha tocado continuar al frente de nuestros cargos porque todos tenemos un único e insoslayable objetivo: la defensa de la autonomía universitaria, porque ésta es la independencia política y administrativa de toda universidad pública.  

En el año de 1958 en nuestro país se sancionó la Ley de Universidades, la cual en su artículo nueve reconoce la autonomía universitaria plena y la inviolabilidad de su recinto por ningún órgano de seguridad del Estado.  Eso significa que tenemos autonomía organizativa,  autonomía académica,  Autonomía administrativa, para elegir y nombrar autoridades y designar personal docente, de investigación y administrativo y finalmente Autonomía económica y financiera para organizar y administrar el patrimonio.

¿Qué hemos defendido durante estos diez años en medio de una crisis no sólo económica, sino humana y principalmente de valores?  La conservación de esa autonomía porque entendemos en ella, la máxima representación de la democracia, del ejercicio de la libertad, y sobre todo de la defensa de una formación académica en la que no aceptamos que se canalicen formaciones ideológicas que atenten contra principios innegociables  como debe ser la pluralidad.  Así como tampoco aceptamos que las autoridades sean impuestas a “dedo”, porque ello implicaría la perdida de toda libertad y la perdida con el compromiso académico que tiene que ser un baluarte innegociable.  Las autoridades tienen que ser elegidas a través del voto que nos corresponde y tenemos el derecho a ejercer.

Es así como nos atrevemos a decir que diez años después, de durísimos momentos pero también cargados de satisfacción cada vez que entregamos un título en las manos de nuestro estudiantes que todos los sueños, las ideas, los contenidos programáticos planteados aquel año 2008 siguen ocupando nuestros desvelos, pero con la conciencia de que en nuestras manos, así como en las manos de todo nuestro equipo de trabajo, de docentes y estudiantes  ondea con la energía necesaria,  la bandera de la democracia, la libertad y la pluralidad.

La UCV siempre una referencia. 

Por Cecilia García Arocha

 

En medio de la crisis, de la falta de servicios adecuados, de los recursos suficientes para mantener la infraestructura de nuestra querida universidad. La imposibilidad presupuestaria para que nuestros docentes puedan ganar los sueldos de prestigio que se merecen y de unas aulas sometidas a la imposibilidad de que en variadas ocasiones los estudiantes puedan llegar a ocupar su pupitre por la reiterada falta de transporte público o sometidos a los imponderables de la inseguridad, por encima de todo eso, permanece el ascendiente alcanzado por nuestra ilustre universidad a lo largo de su historia, en la formación de profesionales de primera con la participación de profesores con calidad insuperable. 

El prestigioso Rankin británico “QS para Latinoamérica”, nos ha ubicado por sexto año consecutivo como la primera universidad del país y ocupamos  la posición 28 que la acredita en calidad de miembro de las primeras 30 entre las 400 universidades latinoamericanas evaluadas. ¿Debemos sentirnos orgullosos en medio de tantas carencias, y de estar conscientes de todos los imponderables que debemos sortear hoy en día? Pues sí.  Creo que en medio de todas nuestras circunstancias debemos sentir el orgullo de actuar cada día que pasa con la firme convicción de que llegará el momento en que podamos re-construir nuestra casa de estudios, lo cual significará la voz del triunfo académico a nivel nacional e internacional.  

La Clasificación mundial de universidades QS es una es una ordenación anual de 800 universidades del mundo.  Es una forma de reconocer lo fundamental que es para el ser humano el reconocimiento de la excelencia en la formación universitaria, porque esta forma parte de las bases que son claves, para la construcción de sociedades en desarrollo.  QS pública una clasificación de las 800 universidades del mundo con un criterio jerárquico después de un estudio que hace gala de una clasificación sectorial, regional y a la vez, global.

Es importante destacar que dicha clasificación responde a una metodología fundamentada en cinco factores:  Reputación académica (40%), Reputación del empleador (10%), Relación estudiante - facultad (20%),  Citaciones por facultad (20%) y  Relación de catedráticos internacionales (5%) y estudiantes internacionales (5%).  Todos estos aspectos contribuyen a consolidar la proyección que alcanzan las  casas de estudio de la región, siendo los lideres con mayores instituciones clasificadas Brasil con 83, seguido de México con 65 y Colombia con 53. Tres grandes países con un volumen significativo de estudiantes que hacen gala de sus aspiraciones sociales.

La formación brindada en nuestra casa de estudios ha trascendido hoy, nuestras fronteras. Excelentes profesionales se encuentran al frente de proyectos inimaginables por los venezolanos, en campos científicos, de investigación y tecnológicos.  Cuando se habla de esos casos a nivel internacional enseguida se hace mención a qué son egresados de la Universidad Central de Venezuela.

Entender  de lo que somos capaces, nos abre las puertas hacia una sola perspectiva: la visión de futuro. Sostenernos a pesar de las dificultades dentro de los más prestigiosos es un reto diario. No es fácil asumirlo pero es una de las vías para prepararnos y para que sigan egresando de nuestras aulas profesionales comprometidos con la re-construcción del país. 

Así que sí tenemos que celebrar que sigamos contándonos dentro de las mejores universidades latinoamericanas, porque como bien lo señala QS estas clasificaciones tienen como objetivo “ayudar a los futuros estudiantes a identificar las escuelas más importantes del mundo en su campo elegido para que puedan ordenar, comparar y contrastar programas ofrecidos por universidades en 74 países”. 

La UCV defiende hoy en día, la posibilidad de estar presente, como una ventana que siempre nos permitirá ver la luz. 

 

RECHACEMOS LA IGNORANCIA

A TRAVÉS DE LA UNIDAD

Por Cecilia García Arocha

 

Estamos viviendo un periodo fundamental para construir el futuro. En las manos de todos los venezolanos está la responsabilidad cierta de edificar una esperanza. Una esperanza que nos permita comenzar a vislumbrar los caminos que debemos recorrer para asumir que el destino de un país está en manos de su ciudadanía y que los políticos deben trazar las estrategias necesarias para responder a las exigencias  de los integrantes de su sociedad. Así como urge responder a las carencias de la misma. No podemos abandonar el principio de la expectación y la posibilidad de que busquemos soluciones a los graves problemas que nos agobian.

Un aspecto fundamental en este momento es el logro de la unidad, un objetivo básico  para seguir adelante hacia la  construcción del futuro. Re-construir una sociedad que trata de emerger de una crisis es  uno de los mayores retos a los que nos podamos enfrentar, pero ello significa que hay que trabajar desde todas las instancias.

Cuando hablo de unidad no significa que debemos pensar de la misma forma, no, porque pretender tal planteamiento sería considerar que todos somos iguales, que sentimos y pensamos de la misma manera, que debemos tener inquietudes ideológicas idénticas y todo eso además de incorrecto es imposible. Pretender que todos tengamos un pensamiento único es una manera demasiado obvia de atentar contra la pluralidad, que da valor y enriquece a toda sociedad. Es inclusive atentar contra la propia naturaleza que nos da el mayor ejemplo a través de los hermanos, quienes nacidos de un mismo padre y madre, pueden llegar a ser tan diferentes. 

¿En qué consistiría en este ejemplo la unidad? En la confluencia de los valores y principios.  En caminar juntos para alcanzar objetivos de interés grupal.

Cuando hablamos de unidad lo hacemos desde la perspectiva de que nuestro país necesita que se aborden temas específicos como los políticos y los de carácter social a través de un trabajo sistemático, donde debemos unificar criterios de cómo hacerlo.  Todos los líderes del país deben estar ganados a trabajar por la reconstrucción  desde unas acciones, contenidos y propuestas que nos enrumben con claridad.  Es prioritario dejar a un lado cualquier tipo de interés individual para asumirnos como un todo.

Es urgente que nos planteemos como llegar a todas las personas que hoy por hoy al igual que nosotros lo que desean es un país, que les ofrezca mejores condiciones de vida. Un país  donde la sociedad no sea condicionada por la dádiva o la limosna, es urgente retomar la importancia de prepararse para alcanzar a través del trabajo y la educación los beneficios que se adquieren, los que se ganan y que aunados a principios y valores forman el eje donde confluyen todos los integrantes de un grupo familiar.

La esperanza de un futuro mejor sólo está en que sepamos organizarnos como entes grupales o sociales que necesitamos redescubrir los conceptos de liderazgo, que tengamos como reto formarnos, estudiar, compartir conocimientos. Retar nuestro intelecto y el de quienes nos rodean. Este es un camino para entender lo que nos pasa y poder actuar sobre ello con el conocimiento necesario.   Que seamos capaces de trabajar por comunicar de una forma clara y consistente nuestras ideas para alcanzar la relación con nuestros interlocutores. Recordemos que la historia ha demostrado que el camino para que las sociedades se desarticulen, empobrezcan y obedezcan sin hacer ningún tipo de cuestionamiento, es sembrar en ellas la ignorancia.

 

LO QUE NOS DEJAN

LAS ELECCIONES

Por: Cecilia García Arocha

 

Cada día de nuestras vidas tenemos que asumirlo desde la reconstrucción de la esperanza, porque nuestro país siempre está cargado de maravillosas señales que nos indican el camino a seguir. Estas elecciones nos han dejado mensajes fundamentales que nos permitirán abrir el camino hacia la reconstrucción moral, ética, económica y social. 

Acabamos de transitar por un proceso electoral  fraudolento, porque el mismo fue convocado por una asamblea nacional constituyente que no reconocemos la mayoría de los venezolanos. Fueron unos comicios con un alto índice de no participación,   lo cual indica que ese porcentaje de venezolanos que no asistió a las mesas de votación, no estaban de acuerdo con la realización de dicho proceso. Es un porcentaje que representa a una sociedad que con su gesto nos habla de que defiende conceptos básicos en un país democrático como la legalidad, el respeto, el liderazgo, el derecho a elegir,  la transparencia, la institucionalidad, porque todos estos son factores que estaban presentes al momento de elegir entre votar y abstenerse.

Esa baja participación también refleja un cansancio colectivo frente a la situación política del país.  No es posible que sigamos viviendo bajo un esquema en el que ganar adeptos, seguidores incondicionales o ganar votos, esté por encima de cualquiera de las necesidades básicas de una sociedad. Durante mucho tiempo se nos habló de que lograrían que todos los integrantes de nuestras sociedad fueran iguales, si, tuvieron razón. Quizá es lo único que se ha logrado en los últimos años todos somos iguales, tenemos y sufrimos los mismos problemas, sin importar situaciones económicas ni condiciones sociales. Escasez, carencia de servicios públicos, caos en los sectores de salud, precios elevados muestra de una inflación galopante.  Nuestra sociedad refleja en cada rostro en cada acción los problemas que agobian a la nación. Hoy en día toda nuestra sociedad clama por soluciones. Clama por acallar el grito que contiene una sola palabra: hambre.

En toda la propuesta del actual gobierno ha quedado claro que no es cierto que a través de sus acciones sociales se haya querido empoderar al pueblo, la verdad detrás de cada una de sus acciones es que  el gobierno quiere empobrecer a todo un país. Lo que vemos a diario en cada una de las calles de nuestras ciudades habla por sí solo.

Los comicios arrojaron como resultado un presidente electo con muy poca participación de la población electoral.  Hablar que el cargo de presidente se adjudicó con un 68% es querer tapar la crisis de gobernabilidad, porque esa no es una cifra cierta, no lo es porque los porcentajes atribuibles a electores se calculan partiendo de la cifra total del padrón electoral.  Así que la situación se agrava.  Digamos la verdad, tenemos un presidente que ganó con un supuesto 30% del padrón electoral.

Históricamente es el presidente electo con la más  baja cantidad de votos de todos los procesos electorales que se hayan vivido en nuestro país.  De nuevo están presentes las señales de nuestra sociedad. Si tomamos como ciertas las cifras emitidas por un consejo nacional electoral en el que no cree la mayoría de la población, querría decir  que el 70% de los venezolanos, no estamos de acuerdo con el actual gobierno.  Un 70% que desea cambiar un sistema de gobierno que puso fin a la economía, que puso fin a la educación, a las instituciones culturales, a la infraestructura, a una población que se desmorona física y moralmente. Que puso fin incluso a instituciones como el CNE, quien hoy en día sólo cuenta con un 19% de credibilidad.

Estamos viviendo un periodo fundamental para poder construir el futuro, en las manos de todos los venezolanos está la responsabilidad cierta de edificar una esperanza. Es  prioritario reflexionar sobre lo que queremos para nuestra golpeada sociedad y cómo llegar a ello.  No podemos abandonar el principio de la expectación y la posibilidad de que miremos hacia el futuro, tomando en cuenta lo que nos ha quedado de este proceso que acabamos de vivir.

LA ESPERANZA Y LA UNIDAD

Por: Cecilia García Arocha

 

Esta semana es fundamental para reflexionar sobre lo que queremos para nuestro país y como llegar a ello.  No podemos abandonar el principio de la esperanza y la posibilidad de que miremos hacia el futuro.  No podemos darle espacio a la tristeza, a la depresión o a la falta de estímulos.  No debería existir en ninguno de nosotros espacio para que se instalen sentimientos de derrota o de falta de alegría y de ilusiones. Debemos entender que el trabajo comienza cada día y así debemos asumir lo que nos pasa como sociedad.  Un reto diario, con la vista puesta en nuestra juventud que merece sentir que está construyendo un futuro. Con la esperanza de los hijos para quienes se trabaja, porque todos los padres desean dejarles educación y bienes materiales que contribuyan a garantizarle una mejor calidad de vida. Un reto diario por nuestra gente que se ha ido a buscar en otros países lo que el nuestro no les ofrece. Un reto diario por nuestros adultos mayores quienes después de tanto esfuerzo y trabajo merecen tranquilidad y seguridad social.

Cualquier análisis que hagamos hoy en día no pasa por pretender regresar al pasado, pero lo que está claro es que hemos perdido muchas cosas que ofrecían a nuestra sociedad posibilidades de desarrollo y de mirar hacia el futuro. Urge entonces, plantearnos que el futuro está allí esperando por nosotros y que no podemos abandonarnos, ni abandonarlo.

Hay que construir la esperanza de una mejor educación, la esperanza de que seremos capaces de activar nuestros servicios de salud, la esperanza de que el suministro de medicamentos comience a conseguir una respuesta. Que se activen tantos espacios productivos que fueron expropiados y que hoy en día están allí abandonados y estériles. Que seamos capaces de rescatar las obras de infraestructura y construcción más importantes del país, entre ellas todas las instalaciones de nuestra maravillosa casa de estudio como lo es la UCV. Las tierras productivas que hoy se encuentran desoladas. Tenemos que dirigir nuestras ambiciones hacia el trabajo que significa rescatar los valores, que nos conduzcan de nuevo hacia los hombres y mujeres, amables, sonrientes y educados que siempre fuimos los venezolanos.

Otro objetivo fundamental en esa construcción del futuro es la unidad, sin duda uno de los mayores retos por el que se debe trabajar desde todas las instancias, lo cual no significa que debemos pensar de la misma forma, no, porque pretender tal planteamiento sería considerar que todos somos iguales, que sentimos y pensamos de la misma manera, que debemos tener inquietudes ideológicas idénticas y todo eso además de incorrecto es imposible. Pretender que todos tengamos un pensamiento único es una manera demasiado obvia de atentar contra la pluralidad, que da valor y enriquece a toda sociedad.

Cuando hablamos de unidad lo hacemos desde la perspectiva de que nuestro país necesita que se aborden temas específicos como los políticos y los de carácter social a través de un trabajo sistemático, donde debemos unificar criterios de cómo hacerlo.  Todos los lideres del país deben estar ganados a trabajar por la reconstrucción  desde unas acciones, contenidos y propuestas que nos enrumben siempre con claridad. Es urgente que nos planteemos como llegar a todas las personas que hoy por hoy al igual que nosotros lo que desean es un país, que les ofrezca mejores condiciones de vida. La esperanza de un futuro mejor.

La unidad es la propuesta de encontrar cuales son los puntos que tenemos en común, proponernos con claridad la combinación de un lenguaje, es decir, de una forma de comunicar nuestras ideas que sirva de soporte en la relación con nuestros interlocutores. La unidad es fijarnos objetivos claros y recorrer juntos el camino hacia ellos, basados siempre en los mismos principios.

Unidos podremos construir el futuro tan necesario, porque el trabajo en equipo en nuestra sociedad es algo indispensable. El momento de las individualidades tiene que quedar atrás, entendiendo que las ideas de cada uno de nosotros, las propuestas, son sólo la parte de un todo fundamental que se llama Venezuela.  Caminemos  juntos y unidos hacia esa posibilidad.

 

ELEGIR ES NUESTRO DERECHO

Por: Cecilia García Arocha.

 

Es inevitable reconocer la grave crisis por la que atraviesa nuestro país. Sólo basta que como ciudadanos miremos a nuestro alrededor para que nos demos cuenta de lo que sucede y de cómo la sombra de la escasez alimentaria, la escasez de medicamentos, el colapso de los servicios públicos, nos enfrenta a todos a un deterioro generalizado que afecta el lógico accionar social.

Todos los aspectos que marcan un gran deterioro son claves, porque afectan de forma directa el desenvolvimiento diario, pero no hay duda que uno de los más preocupantes es el que tiene que ver con la salud. ¿Cómo puede avanzar una sociedad, cuyos integrantes se debilitan a  diario, escarban en la basura sumidos en la pobreza extrema o luchan contra una hiperinflación que sin ser economistas, todos entendemos como la imposibilidad de adquirir los productos  básicos para tener una alimentación balanceada? ¿Cómo nos explicamos que las personas que sufren enfermedades crónicas no puedan obtener sus medicamentos? ¿Cómo se da respuesta a quienes llegan a las puertas de las emergencias de hospitales públicos y se encuentran, con que están cerradas, no tienen insumos o carecen del personal necesario?

Hablo en primer lugar de la salud, porque está claro que la misma es la columna central de cualquier ser humano. Sin salud ningún ser humano puede seguir adelante, ni puede tener perspectivas de futuro.

No hablo de nada que desconozcamos, en cada esquina están las pruebas contundentes  de lo que significa que la dirigencia de un país, le de más importancia a la  política que a lo social.  Basados en ese mismo esquema, la misma dirigencia responsable de dar respuestas concretas decidió llamar a unas elecciones adelantadas.  Avocarse a una campaña electoral e incentivar al grupo de partidarios que los acompañan a repetir una y otra vez que los problemas que nos aquejan no son culpa nuestra, si no de factores externos.

Desde distintas instancias, hemos solicitado en reiteradas oportunidades que las elecciones se realicen dentro de las fechas que corresponden. Nuestro llamado es desde la ciudadanía, que entre otras cosas nos da el derecho a elegir entre distintos candidatos, porque elegir significa la posibilidad de escoger al mejor.  ¿Por qué se nos niega que seamos capaces de escuchar propuestas diversas? Si pudiéramos escuchar los distintos planteamientos que tendrían que dar prioridad a solucionar  los más graves problemas sociales y económicos que hayamos atravesado jamás, con toda seguridad avanzaríamos hacia una visión de sociedad, justa, equitativa, libre, democrática y llena de oportunidades.

Hoy en día, hay venezolanos que se debaten entre votar o no votar. Partiendo del respeto, cada persona debe actuar desde su conciencia,  partiendo de la urgente necesidad que tenemos los venezolanos de ser reconocidos  por igual, con los mismos deberes y derechos, miembros de una sociedad que luchó por conseguir la democracia, que construyó una Constitución que permitiera regular su desenvolvimiento, seguiremos solicitando hasta el último momento que las elecciones se realicen en condiciones de justicia , trasparencia  y libertad.

Rectificar es de sabios y nunca será tarde para hacerlo.  Esta rectificación que solicitamos desde diversos sectores abriría la puerta hacia un futuro, ¿Cómo negarnos la posibilidad  de un mañana donde enfrentemos las dificultades convencidos que nuestras prioridades deben basarse en la salud, la educación, y el desarrollo?

Elegir es nuestro derecho. En el momento que lo podamos hacer, estaremos devolviendo a nuestra querida Venezuela, la posibilidad de iniciar un camino hacia la reconstrucción social, que es el principal tesoro que debemos reconocer. 

Solicitemos respuestas en equipo.

Por: Cecilia García Arocha.

 

Hablar de crisis en el país no es nada nuevo pero lo que sí es cierto, es el llamado a reflexión que debemos hacer ante una situación que nos golpea a todos los estratos sociales y en todos los sectores.

A qué me refiero cuando hablo de reflexión en este momento? Al aprendizaje que debe quedarnos como sociedad a partir de la experiencia que nos ha tocado vivir. Ejemplos claros de lo que digo se viven a diario en el seno de nuestra máxima casa de estudios, donde trabajadores, profesionales de la docencia, estudiantes, sufren las vicisitudes que hoy en día soportamos todos los venezolanos en lo personal y en lo profesional. 

Además de enfrentar la sobrevivencia en planos tan extremos como la salud, la alimentación, la seguridad y la crisis económica en general,  tenemos que ver como la falta de producción de insumos, golpea cada una de nuestras acciones cotidianas. La falta de repuestos, por ejemplo, deteriora a pasos acelerados el parque automotor del país. Cada día se hace más difícil el traslado de la casa al trabajo, son cientos las personas que caminan durante horas, para cumplir con su compromiso laboral, y cientos los que ahora se trasladan en camiones de “estaca”, lo cual no sólo representa una humillación, si no un evidente peligro y un grave retroceso social, que jamás como país llegamos a imaginarnos. 

Nuestra universidad no escapa a todo esto y nuestras unidades de transporte han empezado a paralizarse, de la misma forma que el comedor universitario se tiene que enfrentar al reto de la adquisición de alimentos, o que el mantenimiento de nuestra infraestructura exige de cifras que cada vez se nos vuelven más inalcanzables.  Esto sin mencionar el deterioro salarial de todos nuestros trabajadores.  Es el momento, de tomar conciencia sobre las responsabilidades.  Durante mucho tiempo nos acostumbramos a evadir nuestras responsabilidades directas para endosárselas al más cercano.  Es urgente en ese aprendizaje un trabajo de introspección que nos permita entender el funcionamiento de cada instancia, su cuota parte en cada proceso, así como identificar los puntos clave donde hacer sinergia para lograr resultados positivos. Es el momento de dirigir nuestros llamados y reclamos a las instancias a donde deben conducirse. 

Incentivo a todo nuestro equipo, profesores, empleados, estudiantes, equipos todos que hacen vida en nuestra universidad a trabajar en conjunto por obtener las respuestas que merecemos como sociedad. Invito a los responsables a dar respuesta inmediata a los planteamientos que se formulan. Para ello es importante que entendamos que en nuestra universidad debemos acompañarnos los unos a los otros, trabajar juntos para que  como un solo equipo canalicemos las peticiones de los diversos  gremios hacia el Ministerio del Poder Popular para la Educación Universitaria, Ciencia y Tecnología y hacia el ejecutivo nacional. Instancias que tienen que ofrecernos soluciones cónsonas a las solicitudes, a los planteamientos y a las carencias que atravesamos.

Urge en medio de esta crisis que las puertas de nuestras universidades se mantengan abiertas, porque lo he dicho una y otra vez , la Academia es la conciencia de la sociedad,  es la luz que ofrece el conocimiento, trabajemos entonces, en equipo, para preservar los tesoros morales, que serán el verdadero sostén para emprender en el futuro la reconstrucción de nuestro país.

Venezuela nos necesita a todos.

Por: Cecilia García Arocha

 

Cada vez que tenemos la oportunidad, diría más bien que la honra de entregar su titulo a numerosos graduandos, como ocurrió la semana pasada, en la que 208 jóvenes venezolanos culminaron sus estudios de odontología, siento que brilla una luz fundamental en nuestro país: la luz de la esperanza.

En el momento de la celebración,  el entusiasmo nos contagia, pero lo más importante es que en medio de la celebración de cada acto de estos, que se realiza en el Aula Magna, recordemos lo que ha significado el tránsito del camino, que condujo a cada familia venezolana a encontrarse allí.  Porque no hay duda de que cada título que entregamos lo recibe no sólo quien se gradúa, lo recibe todo su entorno familiar y es por ello que la energía que se respira en cada acto, sobrepasa toda expectativa emocional.

Son cientos y cientos los jóvenes que cada año llegan a nuestra Ciudad Universitaria desde distintos puntos del país, para incorporarse a nuestra máxima  casa de estudios.  Se cuentan en cientos y cientos las familias que los extrañan, pero que trabajan arduamente para respaldar su formación, porque además en muchos casos, la obtención de ese titulo se convierte en la esperanza de cambio.

La verdadera formación de profesionales pasa por una carrera de retos y exigencias, una carrera que significa mínimo cinco años,  porque es falso que el conocimiento se pueda adquirir de un día para otro. El conocimiento hay que cultivarlo, compartirlo, analizarlo y confrontarlo con los grandes educadores. Esos que creen que el profesor comprometido jamás deja de estudiar y de prepararse, para contar con las herramientas necesarias y de exigencia. Esos que creen que el bagaje cultural, la carga de valores y  el compromiso forman parte de una entrega vocacional, porque la vocación, sobre todo en los tiempos que corren, es el verdadero acicate para continuar comprometidos con  todo lo  que implica formar a los demás.

Los estudiantes y docentes de la Venezuela de hoy tienen que vencer muchas sombras para salir adelante, para llegar cada día al aula de clase con la frente en alto, para vencer la carencia de materiales necesarios, la falta de transporte, la inseguridad, y todo lo que representa vivir en crisis, pero seguimos adelante. La mejor prueba de ello es cada acto de grado.

Hay que seguir adelante, porque para el futuro necesitamos gente preparada, con la experticia y el conocimiento necesarios para activar cada sector de nuestra sociedad, necesitamos con urgencia a los mejores trabajadores de la salud,  a los hombres y mujeres que dominan la implementación y la gestión de los servicios, tanto en lo público como en lo privado. Necesitamos a los profesionales de la economía con una visión real y contemporánea de la economía mundial y de cómo insertarse en ella para alcanzar el desarrollo. Necesitamos a los profesionales de trabajo social, a los que día a día luchan por el desarrollo y sostenimiento de las comunidades. Necesitamos de los hombres y mujeres de oficio, esos que aman lo que hacen, porque creen en ello, porque se saben parte fundamental de un engranaje social, en donde cada pieza tiene que encajar perfectamente con la otra, donde el concepto es de equipo, porque una sociedad solo sale adelante cuando asume que cada uno de sus integrantes son una parte activa para el avance.

Venezuela nos necesita a todos, esa es la premisa con la que debemos iniciar cada día y con la que debemos cerrar los ojos al acostarnos cada noche. No es fácil pero es la realidad, nuestro país nunca dejará de agradecer el acto de fe que pongamos de cara hacia el futuro, porque esa tierra maravillosa, fértil, de paisajes, de clima inigualable y de riquezas, no es nada si no asumimos que sin preparación, sin los estudios necesarios, sin compromisos y verdaderos valores,  todas esas ventajas se convierten en espejismos. Veamos a nuestro alrededor con esperanza. Veamos aun en las peores circunstancias, las señales de lo que somos en realidad y accionemos por rescatarlas y compartirlas, ese es el camino para que cada uno de esos jóvenes que con esfuerzo y sacrificios reciben sus títulos, sigan viendo en sus familias y en sus maestros el respaldo necesario para seguir.

LAS LUCES CONTRA LAS SOMBRAS

Por: Cecilia García Arocha.

 

Nuestra Universidad Central de Venezuela siempre se ha identificado como “La casa que vence la sombra”. Es la frase que da inicio a la segunda estrofa de nuestro himno y hoy ante la grave crisis que atravesamos en nuestro país, es el recordatorio permanente, de que en nuestra máxima casa de estudios continuamos defendiendo valores cívicos que representan la ciudadanía, la libertad, la pluralidad de ideas, el libre pensamiento, la construcción de liderazgo, la defensa de la justicia,  la independencia, la autonomía, el amor y compromiso con nuestro país.

Sostenemos el firme propósito de continuar como Academia, convertidos en la conciencia de una sociedad que debe a través de la reflexión, llegar a los “puntos claves” de lo que debemos re-ordenar para re-encontrarnos. Tenemos que vencer la violencia, el irrespeto, el individualismo,  y la falta de disposición para escuchar a los demás. Vencer las sombras sea quizá el llamado más importante para re-encontrar el rumbo a transitar.

Y hago esta reflexión, porque en la historia de la humanidad, las sombras siempre han acechado el desarrollo, sin embargo siempre se ha salido de las luchas más terribles, siempre los agresores terminan vencidos y los que pierden el norte por el poder se convierten en víctimas de sus propias ambiciones.  La dinámica natural produce la tensión antagónica entre la luz y la oscuridad. Y es por ello que la Academia se planta como una conciencia, para que juntos miremos hacia el futuro, porque  el propósito de abandonar la sombra comienza por tener la disposición de mirar siempre hacia  la luz.

Que no se nos olvide, que la sombra es conducir hacia la inercia, la implantación  de un pensamiento igualitario y la supresión de la competitividad, por el contrario la luz significa la preparación, el ansia de conocimiento, la capacidad de discernir y encausar nuestras inquietudes hacia el oficio o profesión donde debemos ser los mejores.

La sombra es el sometimiento de nuestras casas de estudio al silencio, el desanimo, el desmerecimiento a la formación de calidad. La luz es rescatar toda la prestancia  y el reconocimiento que ganan los estudiantes de nuestras casas de estudio en cualquier lugar del mundo.  La luz es la posibilidad de expresarnos y decir lo que pensamos porque en nuestros centros de formación el pensamiento es libre.  La luz es prepararnos siempre para ser los mejores.  Basados en la exigencia, el estudio y el mérito. La luz, es la autonomía universitaria.

La sombra es disminuir nuestros espacios y tiempos. La luz es luchar con dignidad por el respecto de nuestras horas académicas, por los espacios que nos merecemos, por el reconocimiento de nuestros principios y valores.

La sombra es la injusticia, la deshonestidad y el engaño. La luz es la capacidad de ejercer la justicia, reconociendo los deberes y derechos de cada ciudadano. La luz es la capacidad de ser honestos a través de nuestras acciones, comprometidos siempre con los principios que representa la verdad.

La sombra es la indigencia, el hambre, la falta de medicamentos, la hiperinflación. La luz es el desarrollo agrícola, los bienes y servicios, el rescate de la industria petrolera. El trabajo conjunto entre la empresa privada y las instituciones públicas.

Si, somos “La casa que vence las sombras” porque con la máxima disposición de nuestros docentes,  aún sin el reconocimiento económico, moral e intelectual que se merece cada uno de ellos, seguimos adelante en la tarea de impartir conocimiento. No olvidemos nunca que la educación es el mayor tesoro que podemos ofrecer a cualquier sociedad, porque a través de ella podemos llegar al discernimiento, podemos persistir en una lucha que tiene que ver con encontrar nuestros propios valores, los cuales sin duda, también tienen que ver con rescatar la alegría, el entusiasmo, la disposición que siempre nos caracterizó como sociedad, porque la naturaleza nos privilegió  con un país lleno de colores, de armonía y de luz. No olvidemos, aún en los momentos de mayor debilidad que anidar la oscuridad sería ir contra nuestro verdadero origen.

SIN SALUD NO HAY PRESENTE NI FUTURO

Por: Cecilia Garcia Arocha

 

Como rectora de la Universidad Central de Venezuela, uno mi voz al Consejo universitario, las facultades de Farmacia, Medicina y Odontología quienes han manifestado su profunda preocupación ante la grave crisis que atraviesa nuestro país en el sector salud.  En la Academia se encuentran reunidas las más calificadas voces que desde distintos ámbitos pueden contribuir de forma importante e inmediata, al diagnostico y las recomendaciones que con aplicaciones inmediatas puedan aportar en el abordaje de los graves problemas que nos aquejan en la actualidad.  Escuchar las voces de la Academia, signadas por el conocimiento, la pluralidad y la responsabilidad de formar el futuro profesional del país, debería ser el gran reto para una dirigencia que desde distintos ámbitos parecen haber perdido el rumbo.

Los representantes de las diversas facultades presentaron un diagnostico que revela la grave crisis que existe en la atención del paciente y las condiciones de las instituciones hospitalarias, el desabastecimiento de medicina, materiales médico-quirúrgico y odontológico, los servicios de laboratorios y las actividades prácticas-experimentales de los estudios en las áreas de la salud.

Tal como lo expresa el documento presentado por la decana de la Facultad de Farmacia, Margarita Salazar-Bookaman, la insuficiencia de personal calificado, producida en gran parte por la separación del país de profesionales de altísima calidad y el desabastecimiento crítico de medicinas e insumos para el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades, se agudiza.

En Venezuela existe un total de 300 hospitales,  los cuales poseen una capacidad de 45.000 camas, sin embargo, sólo están operativas el 50%, originando una larga lista de espera de pacientes para ser atendidos.  Mientras el deterioro del sistema sanitario es evidente, las noticias sobre el brote de enfermedades epidémicas van en aumento en todo el país, por lo que se hace necesario establecer las medidas requeridas para la prevención y control de enfermedades como el Zika, la Chinkungunya, el Dengue, la Malaria, el Sarampión, la Difteria y la Tuberculosis.

La investigación adelantada por la Universidad Central de Venezuela expresa que las Cámaras  Farmacéuticas señalan que de 143 laboratorios fabricantes  de productos que existían en el país, sólo existen 40 con capacidad productiva. La materia prima, en su mayoría son productos de importación. Ante esta situación el desabastecimiento de medicina alcanza el 85% y reportan que la deuda que se mantiene con proveedores de insumos en el exterior equivale a  6 mil millones de dólares. No hay materiales médico-quirúrgicos y odontológicos. Los servicios de laboratorio y otros medios de diagnóstico no cuentan con reactivos y gran parte de material necesario para los exámenes tanto de prevención como de detección de enfermedades.

Por otra parte y como rectora de la máxima casa de estudio del país, me preocupa que la formación de profesionales de calidad en Medicina, Odontología y Farmacia, también presentan graves problemas, en cuanto a suministros  de reactivos, materiales,  equipos y otros insumos para el desarrollo de las actividades docentes prácticas y experimentales, además de las deficiencias presupuestarias. Sin embargo, seguimos dando la batalla en la cual cada día nuestros docentes y nuestros estudiantes saltan todos los obstáculos para continuar adelante. Pero esto no es el “deber ser”, requerimos con urgencia de una plataforma segura para la formación de nuestros profesionales. El médico venezolano es reconocido a nivel mundial, por su formación, proactividad y calidad humana, necesitamos sostener esos principios.

La salud es la base fundamental para la estructura de cualquier sociedad, no sólo por lo que reporta en el presente, si no por las graves consecuencias que va sembrando en cada individuo para su futuro y muy especialmente en los niños.  Es un área que no debería estar sometida a ningún tipo de parcialidad política o ideológica y que incluso debería protegerse aún en medio de las más difíciles circunstancias económicas.

La salud es el bien más preciado para cada ser humano, sin salud no se puede asumir el presente, ni se puede pensar en el futuro. Urge la reflexión sobre este tema. Urge aceptar una ayuda humanitaria que nos permitiría saltar los más graves escollos mientras se toman acciones concretas. Urge tomar las medidas necesarias para restituir un sistema sanitario que responda a la calidad de vida que merecen los venezolanos.

Trabajo en equipo.

Por: Cecilia García Arocha

 

Gestionar es un reto permanente sobre todo en tiempos de crisis, porque significa vencer obstáculos que se multiplican y en muchos casos representa también el desafío de estimular a quienes tienes alrededor, sumidos en muchos casos en la apatía, la tristeza o la depresión. Hacer es un reto diario. Es poner en marcha la creencia de que las acciones son el camino más certero para llevar a la práctica las propuestas en las que creemos.  Es la vía necesaria para sostener la esperanza y la posibilidad de rescatar un viejo principio: Construir siempre traerá consigo mayores dividendos que destruir.

Es por ello que incentivamos el trabajo en equipo. La posibilidad de hacer confluir la experticia y la disposición de cada individuo por hacerlo cada vez mejor. La Semana Santa fue dentro de nuestra Universidad Central de Venezuela, el espacio temporal necesario para que nuestras cuadrillas de mantenimiento asumieran el reto de trabajar sin detenerse ante los días festivos, para lograr cumplir con el cronograma que llevamos delante de rescate de nuestras instalaciones.

Un rescate que ha pasado por el mantenimiento de las obras de arte que se encuentran en nuestra casa de estudios,  la recuperación de nuestras piscinas que sirven de espacio de entrenamiento para nuestros atletas,  la recuperación de la plaza del rectorado, el asfaltado de nuestras calles internas y más recientemente la poda de árboles, el mantenimiento de las áreas verdes y la limpieza integral de la Plaza Cubierta, todos estos, retos cumplidos con la confluencia de lo privado y lo público, del personal obrero y el personal de gerencia, del deseo de proponer, hacer y llevar a la práctica.

Aún cuando tenemos claro que el gran desafío reside en reparar daños existentes en una estructura irrepetible como lo es la Universidad Central de Venezuela, rescatar ascensores que se han detenido por falta de repuestos y tantas otras necesidades que forman parte de una gran lista, estamos conscientes que es la sumatoria de las acciones a nuestro alcance, lo que conduce a propiciar los cambios. Tenemos que reconocer que cada espacio físico,  de acción o de pensamiento que abandonamos lo que hace es sumar a la crisis en la cual nos encontramos como sociedad.  Tenemos que romper el paradigma social que conduce en muchos casos a esperar que sean los demás los que solucionen por nosotros, tenemos que asumir que cada norma que se quebranta, que cada espacio en camino al deterioro,  que cada objetivo no cumplido es responsabilidad de cada uno de nosotros.

Cuidar las instalaciones de nuestra casa de estudios es un reto de todos, lo cual se cumple también desde acciones sencillas como la disposición de desechos en los lugares adecuados, evitar pintas y carteles que dañen la infraestructura, cuidar el mobiliario de las aulas de clase, respetar las normas que implica encontrarnos en un espacio privilegiado que habla por sí sólo de lo que somos en realidad los venezolanos. No podemos olvidar que  La Ciudad Universitaria de Caracas, sede de la Universidad Central Venezuela, fue declarada Patrimonio Mundial, Cultural y Natural de la Humanidad por la UNESCO en el año 2000. Un sitio histórico que debe ser protegido para beneficio de la Humanidad. Un sitio que representa lo que somos como sociedad, una sociedad creativa, amplia, colorida, llena de luz, que reconoce el genio creador del ser humano en cada uno de sus rincones. Poner en marcha y preservar el trabajo en equipo dentro de nuestras instalaciones no hace más que recordarnos el compromiso que tenemos de avanzar y de re-construir desde nuestras acciones, creencias y participación los verdaderos valores de nuestra sociedad.

¿Cómo reconstruir nuestro país?

Por Cecilia García Arocha

 

 

Si tuviéramos que desarrollar este apasionante tema en una época diferente y en un entorno social y político distinto al que vivimos en la actualidad las respuestas serían mucho menos complejas y con toda seguridad, las posibles soluciones surgirían con mayor facilidad. Lo cierto es que tenemos que conseguir los conceptos y las acciones que nos conduzcan a reunificar y reconstruir nuestra nación.

Mejorar nuestras circunstancias requiere de la ayuda y cooperación de todos los venezolanos, de cada una de las instancias y los organismos que conviven en nuestra sociedad, la iglesia, los partidos políticos, los grupos económicos, los gremios, las academias, las organizaciones no gubernamentales, la ciudadanía en general.  Por supuesto y así lo reconocemos en el concurso primordial de esta tarea se encuentran las universidades.

Nuestras casas de estudio superiores poseen los recursos humanos, tecnológicos y morales más inmediatos, con los que han contribuido en todas las épocas para llevar a cabo de forma eficaz y efectiva la consolidación y el progreso de la nación.

La formación de nuestros estudiantes se realiza con el propósito de que su posterior presencia en la sociedad signifique crear y reforzar el progreso social en todos los sentidos.  Expandir y consolidar entre los integrantes de la colectividad sus valores morales para incentivar una mejor calidad de vida en todos los órdenes.

 La universidad se coloca así como el centro capital de toda acción social. Sus estudiantes y educadores deben formar un sólido bloque para transitar un camino que conduzca a la edificación de una sociedad distinta, positiva y de amplio progreso, en cualquier circunstancia.

Las universidades libres y democráticas deben tener como norte rescatar los valores éticos y los hábitos y sanas costumbres que identifican a los habitantes de nuestro país.  Venezuela fue siempre un país grande, digno, culto. Lleno del más amplio civilismo y belleza ciudadana.  Pleno de principios. Estamos obligados a rescatar esos valores que no han desaparecido, si no que permanecen inconscientemente, ocultos por causas circunstanciales. 

La universidad dentro de su universo amplio de roles busca enseñar, fomentar y desarrollar los valores morales y éticos que necesita una sociedad, porque es allí donde reside el mayor problema que afecta a la sociedad venezolana de hoy, la pérdida de sus principios.  Es por allí por donde debemos comenzar la reconstrucción de nuestra nación. Después el reto es promover e intensificar la educación de calidad, que tiene un valor social intrínseco, el cual debe reflejarse en una población preparada, un mayor bienestar material y una poderosa cohesión social. Salir de esta encrucijada nos debe remitir a reforzar la capacidad de innovar, realizar investigación y conducir hacia la prosperidad.

EL PODER BIEN ENTENDIDO

Por: Cecilia García Arocha

 

     Trabajar por el país es un compromiso que tenemos todos los venezolanos. Trabajar desde la instancia que nos corresponde, con la responsabilidad de hacerlo cada vez mejor y de no tener que esperar que los demás hagan para nosotros lo que nos toca.

    Con frecuencia desvirtuamos el concepto del poder, porque creemos que el mismo sólo radica en las manos de aquellos que detentan cargos conocidos, mayormente ligados a la política y de características publicas y olvidamos el poder que detentamos cada uno de nosotros, desde los roles que nos toca desempeñar en distintas instancias. 

    El poder bien entendido desde la posición de tomas de decisión que ocupa cada integrante de la sociedad, abre el camino para crear, para construir, para recuperar, compartir, hacer, innovar, estudiar, proponer, gerenciar  y un sin fin de posibilidades que tienen que convertirse en puntos de confluencia. 

     Descubrir el poder que cada uno de nosotros como ciudadanos integrantes de una sociedad, nos abre el camino para superar las crisis y para incentivar la posibilidad de renovarnos. Dejar el conformismo a un lado, dejar también a un lado la no asunción de responsabilidades, nos conduce a abrirle oportunidades al ámbito en el cual accionamos.

Hagamos un alto, abramos un espacio para evaluar lo que hacemos y asumamos, como podemos contribuir a hacerlo mejor.  Esta sola disposición nos mostraría la puerta hacia los cambios necesarios y veríamos mejorar la atención en los servicios públicos, la disposición a ofrecer soluciones por parte de la empresa privada, el reconocimiento de cada una de las personas que tenemos al lado, la consecución de logros inmediatos.

    El poder bien entendido es el mayor de los tesoros.  Esta semana se inició con la celebración de Día del trabajador universitario, un trabajador que tiene el poder en sus manos de delinear el camino para sostener activa a nuestra máxima casa de estudios a pesar de todas las dificultades que nos toca  enfrentar cada día. Porque en este caso, el poder reside en la ambición de cada uno de nuestros trabajadores de recuperar los valores que implica asumirnos como uno de los principales bastiones en la lucha por una mejor educación, la formación de grandes profesionales y la presencia de un cuerpo docente ejemplo de la dedicación, el compromiso y el amor por la enseñanza.

     Que la mejor concepción del poder nos sirva de guía para devolver también a nuestra sociedad las mejores instancias, económicas, sociales, legales y políticas para alcanzar su desarrollo.

LA EDUCACIÓN COMO TESORO SOCIAL

Por Cecilia García Arocha

 

La educación es el mayor tesoro que los padres pueden dejar a su hijo.  Un tesoro que puede crecer con el tiempo y que da las herramientas, así como el cúmulo de valores fundamentales para su accionar como seres humanos participativos y como creadores y defensores del trabajo digno.

Desde que el niño inicia su formación escolar se acerca a sus maestros, la primera fuente de conocimientos, después de los padres, que tienen la responsabilidad de abrir cientos de ventanas por donde mirar.  Así como la responsabilidad de que lo que se mira a través de ellas, sea una invitación a soñar con las más importantes posibilidades para el crecimiento.

Nuestro país necesita del individuo preparado, porque necesita para su desarrollo del mejor zapatero representante de la importancia de los oficios y su especialización, como de los diversos técnicos, los profesionales y los investigadores.   Es por ello que escoger el camino a seguir tiene que responder a las inquietudes de cada joven, enfocados todos, en ser siempre los mejores en el pasaje que hayan elegido transitar.

La adquisición de conocimientos siembra el trayecto de oportunidades y nos convierte en seres exigentes con lo que hacemos y con lo que nos rodea. En la medida en que nos preparamos podemos ser rigurosos con los servidores públicos que elegimos, con las empresas que nos prestan servicios, con los profesionales que nos atienden, con la organización social y a su vez también seremos capaces de dar lo mejor de cada uno de nosotros hacia los demás.  La educación nos brinda la oportunidad de entender que las grandes sociedades se basan en un intercambio que beneficia a la sociedad como organización y a cada uno de sus participantes.

De esta forma debemos asumir que la formación, la educación y la información son la clave, porque la pobreza, el menosprecio, el deterioro, la ausencia de valores, se fundamentan en la ignorancia.

Nuestras aulas están abiertas, en los colegios, las escuelas, los liceos, en los institutos técnicos, en las universidades para acoger en su seno a todos los que comparten la máxima que impartir y recibir educación son las fórmulas de mayor valor para alcanzar la paz, la libertad y la justicia social. No hay mañana claro, si no reconocemos que tanto las políticas públicas como las privadas deben estar enfocadas en incentivar el trabajo para derrotar el clientelismo político, en incentivar el conocimiento para derrotar la ignorancia, en incentivar la formación para brindar oportunidades, en incentivar la educación para derrotar la vulgaridad y la desvalorización. En incentivar la información para derrotar las sombras, las tergiversaciones y la imposición de falsos conceptos. 

Hago un llamado para que aún en medio de la crisis no perdamos la obligación que tenemos todos de defender la educación como uno de nuestros grandes derechos.

Un país bajo las Nubes de Calder

Por Cecilia García Arocha

 

         Las inigualables Nubes de Calder que amparan nuestra Aula Magna, han sido testigos a lo largo de la historia de la ilustre Universidad Central de Venezuela, de la presencia de miles de madres, padres, abuelos, tíos,  hermanos y amigos, emocionados por haber alcanzado un sueño compartido, no sólo para ellos y su familiar,  sino para la construcción de un país que necesita de la confluencia de todos, para alcanzar el progreso y el desarrollo.

        Nuestra universidad encaminada a celebrar sus trescientos años de existencia, es la cuna histórica y vibrante de las más arduas batallas por preservar el libre pensamiento.  En esta casa de todos los venezolanos, siempre ha residido la pluralidad de ideas, la autonomía y el amor por una patria grande que nos identifica como luchadores por la libertad plena y la vigencia de la democracia.  La Universidad Central de Venezuela siempre ha estado presente porque cada vez que se alza la voz de un estudiante se están construyendo las bases para un mañana, cada vez que se alza la voz de un docente se están sembrando valores, cada vez que se alza la voz de un trabajador en defensa de su espacio, se sostiene un lugar que es de todos y cuando hablo de todos, hablo del país, porque los venezolanos somos uno.

Hoy, se hace urgente mirarnos a nosotros mismos, en primera instancia desde lo individual,  re-encontrarnos con nuestros mayores actos de fe, con nuestros compromisos de vida.  Recobrar la posibilidad de ver hacia el futuro que deseamos y trabajar entonces, por construirlo.

      Integrados a nuestra sociedad desde una acción participativa, podremos aportar no sólo ideas, sino el trabajo necesario para rescatar los valores fundamentales de justicia, libertad e independencia.  Necesitamos de la participación de la gente preparada,  necesitamos accionar para contribuir de manera eficiente a los retos que significa enfrentar y superar la pobreza. Necesitamos de especialistas que pongan en marcha desde su conocimiento y profesionalismo, las bases para construir un futuro que abarque todas las instancias necesarias para salir de la crisis en la que nos encontramos.

     Es fundamental, asumir que se hace urgente que desde la ciudadanía podamos ejercer el poder que nos corresponde, pasando por sacar a flote nuestras mejores capacidades para unificar, porque nada, ni siquiera el proyecto más pequeño que podamos imaginar se construye dividiendo. 

       Es urgente que defendamos los conceptos de democracia, liderazgo y ciudadanía, porque a partir de ello podemos  reclamar el derecho que tenemos a elegir. Tal como se expresa en nuestra Constitución Nacional  la acción de votar nos convierte en una democracia, sí, es cierto, pero nos encontramos en una instancia como país en la que queremos tener la posibilidad, el derecho de elegir entre los mejores, y eso pasa por la convocatoria a un proceso libre, transparente y justo,  con un acto que nos permita reconocernos como sociedad.

        Venezuela merece la oportunidad de que cada uno de sus habitantes pueda mirar con claridad hacia ese futuro que soñamos. Un futuro de garantías democráticas, de desarrollo, prosperidad, libertades. Que las lágrimas de satisfacción derramadas por padres, docentes y estudiantes en el Aula Magna sean un acicate para nuestro espíritu. Que nos recuerden el compromiso de re-construir un país en el que cada uno de nuestros jóvenes profesionales encuentre el asiento para edificar su vida, desarrollar sus profesiones, construir una familia. Defendamos juntos los derechos que tiene nuestra querida Venezuela para convertirse en una nación próspera, reconocida en el mundo entero por sus capacidades, por su productividad y profesionalismo. Quedemos más comprometidos que nunca con la Venezuela que nos regalaron nuestros abuelos y nuestros padres.  La Venezuela de nuestros afectos, la que es merecedora de todas nuestras luchas. La Venezuela de valores y grandeza que nos obliga cada día a ser mejores. 

Educación: presente y  futuro.

Por: Cecilia García Arocha

 

La educación es el mayor tesoro de una sociedad. A través de ella se forman mejores seres humanos, ciudadanos dignos y participativos, profesionales capaces de enfrentar nuevos retos, personas capaces de elegir un oficio y prepararse como respuesta a la dimensión de su compromiso.

En el noble oficio de formar una sociedad preparada, poseedora de conocimiento y de valores que le permitan elegir un camino de satisfacciones tanto individuales como colectivas,  confluyen maestros, profesores, formadores de una generación tras otra. Hombres y mujeres comprometidos con una de las tareas más gratificantes del ser humano, la capacidad de brindar herramientas para que las personas a quienes enseñas tengan la posibilidad de accionar y de participar en el engranaje que significa ser parte de una sociedad activa y representativa. La educación y la formación son las principales herramientas para que el ser humano pueda defender su derecho a la libertad.

Nuestra ilustre Universidad Central de Venezuela próxima a sus trescientos años de historia, ha formado una generación tras otra de profesionales brillantes. Ser egresado de nuestra máxima casa de estudios siempre ha sido motivo de orgullo. Los Ucevistas se reconocen los unos a los otros como poseedores de una fortuna incalculable: la maravillosa experiencia de haber transitado unas aulas, que durante tanto tiempo han revestido de dignidad a cada uno de sus estudiantes, por los principios  de libertad y de pluralidad que en ellas se imparten y se defienden.

Como tutora de ese tesoro que es la educación en nuestra universidad y de la posibilidad de que nuestros egresados, así como los egresados de nuestras máximas casas de estudio a nivel nacional sientan que se valoriza el tiempo, el esfuerzo, la inversión económica e intelectual, así como la dedicación y respaldo familiar que significa formarse profesionalmente, convoco a nuestra sociedad a reencontrarnos con la máxima indiscutible de que sin educación nuestra sociedad no tiene posibilidades de desarrollo. 

Hoy más que nunca es importante preparar, entusiasmar, formar a nuestros jóvenes. Construir posibilidades con una visión puesta en el futuro. Debemos asumir que necesitamos del aporte y conocimiento de cada uno de nuestros profesionales para abordar en un indiscutible trabajo en equipo, el funcionamiento, composición y activación de nuestras instituciones, empresas y organizaciones profesionales. Debemos construir unas condiciones que favorezcan la formación en todos sus aspectos para que nuestros profesionales sientan las seguridades y garantías necesarias, así como el entusiasmo para continuar, aportar, y sobre todo defender unos principios y valores que forman parte del erario indiscutible que deberán transmitir a las nuevas generaciones.

Hoy más que nunca es imprescindible rescatar la majestad que confiere la educación a quien la imparte, la recibe  y la practica.  Sin ella no hay retos posibles y uno de los principales retos es el crecimiento de nuestro país.

Merecemos elegir.

Por: Cecilia García Arocha

 

Las sociedades democráticas surgen a partir de  la organización social. ¿Cuál es el objetivo de esta organización? Que sea la ciudadanía quien ejerza el poder. ¿Y cómo lo logra? A partir del momento en que ese poder permite la confluencia de distintos valores como la formación, la educación, la preparación, la información, la capacidad de gestionar y proponer a través de individuos que se preparan para ejercer el liderazgo de diversos ámbitos.

Sobre esos lideres que además deben tener la capacidad de unificar, porque nada, ni siquiera el proyecto más pequeño que podamos imaginar se construye dividiendo, cae la responsabilidad de llevar adelante las ideas, planteamientos y propuestas para los cuales fueron elegidos y parte del ejercicio de la ciudadanía radica en tener la capacidad de supervisar, cuestionar, exigir y demandar resultados acordes a sus necesidades.

Si hacemos confluir estos conceptos de democracia, liderazgo y ciudadanía, podemos  reflexionar juntos sobre el derecho que tenemos a elegir, lo cual significa que tendríamos que voltear la mirada hacia aquellos lideres que presenten propuestas concretas a la solución de los problemas que atravesamos.

No es necesario, en este momento, como mucha gente piensa, recurrir a aquellos enormes programas de gobierno, que respondiendo a un momento de nuestro desarrollo, eran necesarios, válidos y que a su vez permitieron que avanzáramos en grandes temas como nación. Fueron tan importantes que el mundo volteaba a vernos como consecuencia de nuestros grandes logros. Algunos de ellos como la Universidad Central de Venezuela,  una red de hoteles turísticos en todo el país, el aeropuerto en crecimiento constante perfilándose como Hub para América del Sur.  El perfeccionamiento profesional a través de un programa de becas internacionales que comprometía a los estudiantes de post grado a regresar al país para aportar lo que habían aprendido. Nuestra industria petrolera, museos reconocidos internacionalmente. La creación de hospitales como el San Juan de Dios, El Clínico, El Anticanceroso, El Ortopédico, todos apoyados en fundaciones y sociedades que permitían un funcionamiento acorde a nuestras carencias como sociedad con aportes del Estado pero también con aportes de nuestras propias comunidades.

Menciono algunos ejemplos para decir que en estos momentos nuestra sociedad necesita escuchar propuestas concretas sobre: Salud, alimentación y seguridad, tres aspectos básicos sobre los cuales deberíamos tener objetivos definidos que nos indiquen paso a paso hacia donde ir, con la muestra inmediata de resultados.

Estos son los puntos que merecemos abordar con la urgencia del caso. Las formulas que deben afinar los líderes que sean capaces de reunir en su entorno equipos profesionales con el conocimiento y la formación necesaria para gestionar sus propias propuestas.

            Abordados estos tres aspectos que parecen poco pero que son de extrema necesidad, seremos capaces de mirar hacia delante con el objeto de avanzar en todos aquellos aspectos  que se han deteriorado irremediablemente y que nos ubican como un país en franca, abierta y reconocida crisis.

Como ciudadanos merecemos ejercer el poder que nos corresponde, todos los líderes independientemente de sus posturas personales e ideológicas deben asumir la importancia de retornar a ese verdadero ejercicio democrático. No queremos votar por cumplir con un cronograma que nos haga creer y parecer una democracia, queremos tener la posibilidad, el derecho de elegir entre los mejores.  Cuando asumamos esta verdad, será cuando estemos dando un paso adelante.

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Comentarios: 1
  • #1

    hector araque (jueves, 12 abril 2018 17:14)

    muy bueno me gusta el análisis de este tema