El elegido

 

Inés Muñoz Aguirre

@imunozaguirre

 

Se miró al espejo, tiene sobre su pecho un gran escudo de cartón.  En el centro se lee la palabra “Libertad”. Sonríe.  Brinca de un salto sobre su cama.  Extiende su brazo derecho. Su mano se mueve de un lado a otro, blandea su espada imaginaria contra el enemigo. La velocidad del contrincante lo sorprende. Salta hacia el piso, da un paso adelante, otro hacia atrás. Jadeante corre hacia la puerta, toma una capa hecha de retazos que estaba colgando de un clavo.  Piensa en Superman que hasta puede volar. Un gran lazo entre el escudo y su cuello hace que el manto le ondee sobre su espalda sin caer al piso.

Camina orondo, por momentos el enemigo ha desaparecido. Le gana terreno la indumentaria. Aunque en el closet puede habitar un dragón.  Saca debajo de la cama el casco de montar bicicleta por el que tanto peleó con su mejor amigo. A Cheo se le escapó la situación de las manos, se metió a “malandro” y el papá lo mandó para un pueblito en los confines de la tierra.  El casco es amarillo.  Quizá con una lata de pintura lo pueda colorear de verde militar. Se parecería mucho más a los soldaditos de goma que durante su niñez fue colocando en fila en el estante sobre la cama.

Según su indumentaria  se debate entre ser el guerrero medieval vencedor de todos los dragones, o el soldado armado que lucha contra otros hombres. Decide ser ambos. Parado en el centro de la habitación ve la luz que entra por la pequeña ventana. Una mariposa gigante cruza por su imaginación.  De abajo de la almohada saca el álbum de barajitas del Rey Arturo que fue de su papá. El único recuerdo que conserva de él.  Detalla con cuidado la vestimenta de cada personaje.  Se recuesta de la pared, trata de ver el cielo, aunque la casa de al lado  apenas si le deja una hendija a favor de su único reloj.  Según por donde se filtre el sol, saca un cálculo de la hora. Llega a la conclusión de que se le ha hecho tarde.

Espanta de su mente la enorme águila negra y el búho que a veces se para en la rendija. Corre de un lado a otro en la búsqueda de todo lo que integra su vestimenta.  Botines de goma, de un color y de otro, rodilleras  desvencijadas que coloca con precisión.  ¿Las medallas?  –se pregunta– revisa la caja de sus útiles escolares, hasta dar con ellas. Tres grandes medallas dibujadas con trazos torpes sobre el cartón. También se coloca al cuello dos recuerdos importantes en su vida, el rosario que tenía su madre sobre el pecho el día que murió y la medalla de San José de su tía Carmen, quien lo crió. Su tía, que está planchando en casa de una señora en El Marqués y quien le advirtió antes de irse que no saliera a ningún lado.  Lo último que dijo fue: todo está muy alborotado.

            Después de un último vistazo frente al espejo. Sale. Se enfrenta a las escaleras del barrio. Mira orondo a un lado y al otro. La gente pasa por su lado, ignorándolo. Sólo los niños lo aplauden al pasar, él los saluda orgulloso. Un tropel de caballos blancos corre ante sus ojos. Antes de llegar a la redoma escucha un grito fuerte que lo hiere: “Ahí va el loco”. Acelera el paso. No piensa.  Allí están los amigos de Cheo. Sus escudos son más grandes, son violentos. Tumban el techo de la parada. Casi corre. Cruza una pasarela. Su corazón late con más fuerza. Llega al otro lado de la avenida.  Los autobusetes no se quieren detener.

          Los caballos que imagina cambian de color. Con uno marrón oscuro, corpulento y fuerte llegaría a la avenida principal en tres saltos.  Logra entrar en un transporte. Las reacciones son diversas. Unos lo miran de reojo. Otros le sonríen. Hay quien siente miedo. Va de pie. Se sujeta como puede del tubo que recorre el techo. Cuando se da cuenta que todos lo miran, saca el pecho. Enarbola el escudo. El autobús se detiene en medio de la calle  –No hay paso– grita el chofer.

             Todos se bajan de mala gana. Una anciana pasa por su lado y le entrega dos caramelos de menta. Él se llena de alegría. Se mete un caramelo en la boca, el otro lo guarda en el bolsillo y comienza a correr por la acera. Luego por el medio de la calle. Se oyen detonaciones. Hay un grupo muy violento. Él se aparta, no le gustan. No los había visto antes, pero están ahí. Huye de nuevo. Se abre paso. Al fondo imagina un enorme castillo desde cuyas torres se asoman los cañones. Recoge las piedras que encuentra en el camino. Las lanza. Ve un tropel de hombres que caminan hacia él en medio de un humo blanco.  En su cabeza una película, piensa que va parado sobre un tanque. Atina a alcanzar una lata de refresco que encuentra a su paso. Se inclina, la recoge, la lanza. Las detonaciones aumentan, están cada vez más cerca. Siente un impacto en su escudo, grita: ¡No en mi escudo no!

Frente a sus ojos Superman, el soldadito de plástico. Un dragón, la mariposa, los caballos. Cae al piso. Se sabe herido de muerte. Balbucea la palabra libertad, aunque no tiene claro de qué se trata.  Sobre el poste de luz divisa al búho.  Sonríe porque escucha un tropel de caballos que se acerca. Está allí, el Rey Arturo. Se baja, lo recoge del piso y lo abraza.

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Comentarios: 5
  • #1

    Thais Garcia (lunes, 14 agosto 2017 10:06)

    Es una aventura juvenil. Es un anhelo de encontrar una vida que sueña sin saber si existe. Es una resistencia al conformismo de la subsistencia. Es un relato estremecedor de la fragilidad e inocencia, y a su vez el arrojo y valentia del joven que no tiene presente y concluye que tampoco futuro.
    Inés, lo leí con un nudo en la garganta. Es tan bello y tan triste!
    Un abrazo. Thais

  • #2

    Carmen Cristina Wolf (lunes, 14 agosto 2017 14:14)

    Inés. Estoy conmovida hasta las lágrimas. Es un relato de colección y merece un premio. Un abrazo inmenso

  • #3

    Richard (martes, 15 agosto 2017 13:12)

    Querida Inés. Ese talento tuyo de tocarte la fibra y estremecer a la vez que muestras nobleza en el personaje, en la viejita con los caramelos en la gente en la calle, en la guerra en el dolor, en el claustro... hermosa historia, inolvidable, triste. Te abrazo.

  • #4

    Cecilia Bellorín (martes, 15 agosto 2017 13:33)

    ¡Hola INÉS!

    Ha sido una especie de "toma y dame" entre realidad y fantasía...No deja de sorprenderme ese fino límite entre una cosa y la otra...y me sigue pareciendo un sueño...¡Gracias!

  • #5

    Rossana (miércoles, 16 agosto 2017 20:14)

    Hermosa fantasía...terrible realidad.
    Inés, nuevamente me dejaste con el corazón acelerado y los ojos llenos de lágrimas.
    Gracias

El doble discurso.

 

Hoy en día todos hablamos de política con mucha facilidad y desparpajo, pero poco nos ocupamos de la raíz de nuestros males, nuestras condiciones como sociedad. En nuestra Venezuela es una costumbre arraigada que el discurso generalmente no tiene que ver con las acciones. En otras palabras la teoría no tiene que ver con la práctica.  Somos una sociedad en la que los principios se distancian del hacer. Los valores desaparecen, la solidaridad se mueve a conveniencia.

En estos días que transcurren podríamos recurrir a ejemplos muy sencillos: Personas que hablan de cambiar al país, pero sus hijos protagonizan encuentros escandalosos hasta la madrugada molestando a sus vecinos. Personas que critican el sometimiento, la falta de libertad, la amenaza pero ellos también intiman, señalan y enjuician.  Personas que comunican de forma constante sus pareceres en  contra del gobierno, pero se desentienden ante la convocatoria de un Paro Cívico Nacional.  Seguidores que creen que los “lideres” deben hacer lo que ellos dicen y si no los ponemos contra la pared, los insultamos e invitamos a darles la espalda.  Criticamos el vocabulario soez, amenazante, vulgar, pero en lo que tenemos la oportunidad ofendemos,  ironizamos y agredimos al que no comparte nuestra opinión.

Hagamos un alto por un momento y trasladémonos a las acciones más sencillas de la vida cotidiana, hablamos  “pestes” de nuestra ciudad, pero cruzamos fuera del rayado de peatones, incentivamos al transporte público a pararse en cualquier lugar, nos atravesamos en las esquinas de los semáforos porque queremos cruzar a costa de lo que sea. Botamos la basura en el piso, rayamos las paredes, destrozamos el mobiliario urbano.  Decimos que nuestro país no tiene solución, pero jugamos a la trampa, incentivamos el bachaqueo, pagamos “la matraca”, huimos del trabajo, maltratamos a las personas que solicitan nuestros servicios en las empresas.  Nos quejamos de la economía pero hay quienes se contentan con los aumentos de sueldo mínimo y los aplauden, hay quienes gritan, asisten a marchas y vitorean a cambio de unos cuantos billetes o de una mísera bolsa de comida, pero también hay el que negocia a cambio de una buena comisión.

Hay los que critican la dictadura pero se manejan desde sus puestos de trabajo, en sus acciones sociales o en las juntas de condominio como que si fueran dictadores.  Hay quienes son incapaces de darle su silla a un enfermo y quienes tratan de tú a todo el mundo, porque en el fondo la mayoría responde al discurso de “que todos somos iguales”. Los trabajadores se molestan porque tienen que cumplir sus obligaciones y a las primeras de cambio corren a denunciar al patrón. Sólo basta que usted haya estudiado y se haya preparado para que sienta el desprecio de los que creen que con estudios precarios ya son profesionales.  Se busca la ganancia fácil.  Somos un país en el que los puestos más dignos como el del maestro, el policía y el trabajador de la salud, solo son un “modos vivendi”, pero nos quejamos de la educación, de la seguridad y de los servicios de salud.  No asumimos responsabilidades porque es mucho más cómodo responsabilizar al otro.  Tomamos nuestra maleta y nos vamos, entonces asumimos la etapa de dirigir, criticar y aleccionar a los que aún siguen en el país.

La lista puede ser mucho más larga y con acciones mucho más graves que los errores políticos, porque estos son consecuencia de lo que somos como sociedad.  Cambiar lo que nos pasa, comienza por asumirnos, luchar, trabajar y transformar nuestras minusvalías, sólo entonces lograremos gobernantes preparados, respetuosos, proactivos,   cuyo objetivo sea el desarrollo del país.

¡VENEZUELA........LA MUJER!

 

Venezuela tiene rostro y nombre de mujer. En la mañana al abrir los ojos se pregunta  ¿Cómo es qué a pesar de su sonrisa y de su mirada tropical, lleva un doloroso rictus en sus labios y una nube oscura en su mirada? No le ha servido de nada tanta belleza, su generosidad y su calidez. Se siente sola, abandonada, engañada y maltratada. Coplas, joropos, pasajes, y consignas han ocupado cada habitación de una casa que de tanto lujo derrochado, hoy se cubre de harapos mugrientos. Se cubre de vergüenza.

Venezuela se mira a través del rictus de dolor de una mujer lastimada, la misma que a través de sus lágrimas se encuentra presa, insegura y reprimida. A veces, en medio de su angustia, siente que se mueve como un barco a la deriva, entonces, clama por recuperarse de tanto espacio vacío, de donde le han robado tradición, valores, herencia, esfuerzo, trabajo y futuro. Venezuela ha hecho de su espejo un confesionario secreto para llorar en silencio, la vida de la mujer que ve perder sus derechos saltando de brazo en brazo, manoseada.

Venezuela tiene rostro y nombre de mujer, por eso hoy, a pesar de tanta pérdida se levanta de su silla como tanta otra mujer valiente y madrugadora, igual que tanta mujer enamorada y descubre en el espejo que tiene millones de semblantes.  Fuerte, decidida.  Se aparta a manotazos las lágrimas de los ojos mientras el corazón retumba en sus oídos, como un ave ligera que desea emprender el vuelo.  Guarda en sus entrañas el dolor de los hijos arrebatados y se desgarra la piel, para convertir sus girones en el tricolor amado.

Recorre las calles, alza su voz en las esquinas,  mientras una brisa alentadora le acaricia el hombro, la impregna de nuevas fuerzas y la preña de esperanzas. Venezuela transita recuperando el brillo en la mirada, nos recuerda que la mujer aún en medio de las más grandes dificultades,  siempre gana, porque aún en medio de la más cruenta de todas las batallas, de su vientre surge la vida.

LA PIEDAD.

Por: Inés Muñoz Aguirre.

 

Saliva. Mocos, lágrimas. Un cuerpo desnudo indefenso. Nacemos desnudos y los que nos rodean, el tiempo y las circunstancias, nos cubren. Cada quien nos viste según sus expectativas. Después, nosotros mismos somos capaces de colocarnos encima todos los excesos que creemos convenientes y olvidamos. Olvidamos la saliva, los mocos, las lágrimas. Nos avergüenzan. Olvidamos envestidos de glorias, aplausos, amores, fracasos, ambiciones y poder que seguimos siendo indefensos por más vestidos que estemos. Olvidamos la fragilidad.  Tanto que podemos desaparecer en un segundo y en ese segundo el único testimonio de la existencia es el cuerpo que queda, desnudo, vacío, el cuerpo que limpian y preparan, ya sin alma, si por ella entendemos la vida. Ya no habrá saliva, ni mocos, ni lágrimas, tampoco los logros y el poder. Se regresa a la tierra o a las cenizas que es lo mismo.

Todos estos elementos saltaron a la vista del mundo. No en el instante de un demente, si no en el instante del más cuerdo de todos.  No en el Hombre de Vitruvio que desde el Renacimiento, nos habló de perfección, si no en un cuerpo lánguido, de espiga estremecida. No en la corona de espinas sobre la cabeza si no en las llagas que ocasionan los perdigones. No parado frente a los fariseos sino frente a la “ballena”. No recorrió las estaciones hacia la cruz sino el pavimento de la autopista Francisco Fajardo. No recibió latigazos si no bombas lacrimógenas.  No en una gran pantalla, si no suspendido en el clic de un fotógrafo. Y así aparecieron de nuevo la saliva, los mocos, las lagrimas y la sangre. El cuerpo tembloroso y la voz implorante que nadie escuchaba pero que nos llegaba trasmutada en un gesto desgarrador, frente a unos hombres que accionaban sin respuesta.

En el mundo de lo mediático corrieron los rumores de que había sido desnudado, los rumores de la ofensa, las críticas de quienes tienen prejuicios frente al desnudo, las burlas de los ignorantes que no entienden el valor y la trascendencia de la simbología.  Nada era cierto, la certeza de la elección estaba en sus manos.  La biblia en dirección al cielo enarbolada con la fuerza de su fe. 

Su imagen como una estampa religiosa le dio la vuelta al mundo y mientras culminaba la sorpresiva procesión, de motos y de hombres tan cubiertos que apenas se le veían los ojos,  en contraste el cuerpo herido y transparente, se había despojado de ataduras para retratar la degradación de una sociedad.  La saliva, la sangre, el sudor, los mocos, estaban presentes. Más allá, en un espacio que no hemos pensado, en un espacio desconocido, seguramente una madre  al ver la imagen de su hijo en un solo grito que clama libertad, dejaba caer sus lágrimas, a la espera de acunarlo en sus brazos y vestirlo con su manto.

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Comentarios: 3
  • #1

    Thais Garcia Diaz (sábado, 22 abril 2017 10:12)

    Su desnudez lo viste de un ser humano genuino, de ideales firmes, y convicciones irreductibles, como la temeridad extrema de creer que la libertad lo es todo! Inés, es un invaluable regalo de vida!!! Gracias en nombre del amor.

  • #2

    Henrique R (sábado, 22 abril 2017 11:58)

    Siempre dupe que eres una excelente escritora, esto es una muestra de ello. Para mí su desnudes representa lo máximo que un ser human puede hacer para exigir libertad, sin armas ni pancartas, solo un ser humano exigiendo libertad...
    HRR

  • #3

    Iraida Tapias (lunes, 24 abril 2017 08:55)

    Tan estremecedor es el artículo como la decisión por la Paz y la Libertad de ese valiente y desesperado joven. Gracias Inés.
    Iraida Tapias

LA IMAGEN HACE HISTORIA:

CAP LA PELÍCULA

 

Por: Inés Muñoz Aguirre

Ver el documental de Carlos Oteyza sobre Carlos Andrés Pérez nos conduce a un acto de reflexión que va mucho más allá de lo que vemos en la pantalla.  Si uno se considera una persona comprometida con el país es inevitable entristecerse por lo que hemos perdido, pero también es inevitable reconocer como nuestro país ha sucumbido en el fragor de las individualidades, las cuales solo son capaces de generar alianzas si dicho acto propicia un beneficio personal. 

No es fácil reconocernos en los Magistrados que votaron a favor del enjuiciamiento de un presidente a quien solamente le restaban unos meses para entregar el poder tras un acto electoral que en la contienda, hubiera permitido que el elector decidiera con su voto el destino del país. Seguramente después de dos golpes de estado  el reto para el presidente que recibiera la banda de manos de CAP, también hubiera sido sostener la democracia y un camino hacia el progreso. No fue así, ya eso lo sabemos todos, lo vivimos todos y sólo un documental de excelente factura como este, nos restriega en la cara lo que hemos sido.

No es fácil reconocernos en la voz del ex presidente que anhela regresar al poder, quizá por no ser  menos que el adeco, pero que impidió a través de sus acciones que el próximo acto de votación reafirmara el camino democrático, que llevaba nuestro país a solventar los errores  del pasado. El documental lo deja claro, sólo hay que consultar los números para descubrir los índices de crecimiento económico, el reconocimiento del país a nivel internacional.

Allí mismo entre imágenes que van y vienen no es fácil reconocernos entre los  que hoy en día deben ser los inolvidables “notables”, los mismos que hablaban con frecuencia, declaraban, escribían sin que hubiera censura alguna, ni persecución posible.  Los mismos desde donde surge el Fiscal General, que valiéndose de la maravillosa independencia de poderes lleva a cabo la acusación final.   

No fue un periodo fácil ese segundo gobierno de Pérez porque los que perdían poder no se consolaban, porque hubo que aplicar medidas económicas que nos sacarían de ser el país mono productor que siempre hemos sido.  Se aplicaron decisiones como el IVA, tan criticado, pero que ningún gobierno posterior derogó.

Esta película nos deja una gran reflexión a partir de dos frases contundentes de Pérez, la que cierra su alocución el día de la renuncia cuando con voz quebrada expresa: “…hubiera preferido otra muerte” y la de “La historia los juzgará”, ambas frases me hacen pensar sobre todo en la democracia, esa  que le permitió a Carlos Andrés Pérez repetir en la presidencia, pero que además le permitió a un hombre con capacidad de recapacitar, dar un giro a lo que pasado el tiempo, entendió como obsoleto.  Le permitió abrir el camino hacia la descentralización, desmontar el aparato del Estado que como lo documenta Oteyza sólo funciona para regímenes autocráticos, que buscan controlarlo todo, aun a costa del fracaso.  Un gobierno que abrió la puerta a la profesionalización,  al estudio en las más reconocidas universidades del mundo porque así contaríamos con grandes profesionales para nuestro crecimiento como país.

La democracia le permitió a Pérez adelantarse a los tiempos e intentar como posible un gobierno de gerentes, implementar gestión por encima de la política. Ya en tiempos en los que empezamos a hacer historia con lo vivido, está claro que la política puede ser el camino de algunos hombres y mujeres, pero no el camino de una sociedad.

Este documental, nos invita a mirar hacia el pasado, aunque nos duela debemos reconocernos con la cuota de responsabilidad que nos toca a cada uno, por venezolanos, por una forma de hacer las cosas, por la forma de acomodarnos, de huir o de insultar cuando nos creemos dueños de la verdad.  La historia de hoy, ya no solo se escribe en papel, en la que a veces se deslizan aplausos o resquemores, la historia de hoy también se escribe en imágenes y ellas, a veces, son contundentes.

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  • #1

    Miguel López Trocelt (miércoles, 18 enero 2017 08:45)

    Mi querida Inés. En realidad sacaste a relucir esos conocimientos periodísticos que siempre te han acompañado y que has dejado de lado por la literatura. Más que eso, es un sintético análisis político y lo enfocas bien, a través de ese documental de Oteyza. Solo te faltó un dato. La acusación del imparcial Fiscal, a quien conocí bien, traía una arista. EL mismo fue destituido por CAP cuando era Canciller, cosa que nunca le perdonó y ello influyó. Incluso hay un rumor sobre una conversación entre Ramón Escobar Salom y Gonzalo Rodríguez Corro, donde supuestamente se "cuadró" la decisión final. Saludos...

MANGO  ¿BENDITO?

Inés Muñoz Aguirre

Amarillos, verdes, pintones, con manchas o sin manchas. No importa. No importa las variantes. No importa si alguien sembró ese árbol allí de forma intencional o si salió casi de la nada, como salen la mayoría de las cosas en nuestra tierra privilegiada y a su vez tan despreciada, disminuida y deforestada. 

Lo cierto es que las calles de la Caracas pegada al Ávila, esas mismas calles que son atacadas a diario por la delincuencia, porque alguien les dijo y les repitió una vez y otra, que por allí vivían los oligarcas y que los oligarcas tienen los reales que le han robado al pueblo, se han convertido en la panacea. 

Las pendientes benefician el desplazamiento de un  río de mangos que caen de forma natural, convertidos en el manjar que alivia la sed y el hambre. Tan sólo unas cuadras más abajo la gente macilenta hace una larga cola, aderezada por el sol, la basura y la delincuencia. Los escapados, recogen los frutos del suelo. Les clavan un mordisco para dar camino a dos hileras amarillas en sus labios. Por un momento los ojos brillan, la tensión del rostro desaparece y la satisfacción vestida de olvido se les instala momentáneamente en el cuerpo.

Las matas recién podadas además, en algunos casos con maneras torpes, parecen una representación de Demeter la Diosa de la Agricultura, quien en esta ocasión, preñada por Poros, el Dios de la abundancia, han resuelto hacer frente a una época oscura ofreciendo sus pinceladas de color y sabor en medio del ruido, la contaminación y la efervescencia de una ciudad que parece caminar en dirección contraria hacia donde señala la luz del sol.

Contradictorios como somos los humanos, más cuando el hambre campea como un acicate, hombres, mujeres y niños han sacado de cualquier rincón, un palo, un envase, una lata, una malla, un alambre para fabricar todo tipo de instrumento con tal de alcanzar el fruto, entonces ante nuestro ojos el rio convertido en ramas, palos, piedras y hojas nos muestra la amenaza, el daño. Los árboles indefensos y tan generosos sufren los rigores de quienes los azuzan.  La metáfora arrugada en el borde de las aceras, confirma el riesgo de morder la mano a quien nos da de comer. Algunos de los árboles podrían mostrarnos su tristeza y sin embargo están allí, verdes, frondosos, como vistiendo un nuevo traje cada amanecer.

Ahora,  el río también es de gente quienes llevan sus bolsas repletas  del melocotón del trópico. Las calles del norte de la ciudad parecen un imán en medio de la nada y como la abundancia corrompe, comienzan las peleas en torno a los árboles, los gritos, las historias a voz en cuello, el trepado de los  muros, los asaltos en cada esquina, las ventanas rotas. 

Ya nadie dice nada.  La sin razón, la fuerza contraria a lo natural se instala bajo la sombra, el que recoja más se siente el triunfador, porque se garantiza, mínimo dos comidas. Las hilachas hacen de las suyas entre muelas y dientes. Ese mango maravilloso al cual hace referencia Luis Mariano Rivera en su canción, ya no es elección, descubrimiento, ya no es placer, ni dulzura merecida, es respuesta a una necesidad.  En medio del silencio del que no agradece porque la penuria le roba lo bueno de la vida y le ofrece una mirada dura, puede ser que en alguna esquina, a alguien se le ocurra  si no decir, por lo menos pensar: Mango, bendito eres!

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  • #1

    Heidy Ramírez (domingo, 10 julio 2016 15:53)

    No sólo vemos a la gente cargando sacos de mangos recogidos en las calles, ahora también vemos como quedan las semillas ya acabadas en las aceras, justo debajdo de las ramas porque el hambre ya no espera a llegar a la casa.

¿QUE ELEGIMOS?

Por: Inés Muñoz Aguirre

 

       Comienza una nueva etapa en nuestra vida como país. Un cambio que se debe iniciar con la capacidad de mirarnos los unos a los otros y reconocernos en el blanco, en el negro, en el indio, en el pobre, en el rico. Reconocernos tan iguales y tan diferentes que seamos capaces de entender que todo comienza a partir de nuestra propia valoración. Esa valoración pasa por reconstruir en primer lugar lo que significa el liderazgo. Los Mesías, los fanatismos y las obsesiones por ocultar a todo un país tras el apellido de un hombre no pueden ser los objetivos en un mundo globalizado, en el que todo se construye con la suma de las partes. Debemos trabajar en conjunto porque el voto es el primer ejercicio de la ciudadanía y lo realizamos con el objetivo de elegir a quienes nos representan en los poderes públicos. Elegimos para que trabajen, elegimos para lograr objetivos concretos que nos conduzcan como sociedad a superarnos cada día que pasa. No elegimos para que nos gobiernen, nos ordenen, o nos dominen.

Elegimos para tener hombres preparados cuyos valores les impidan expresarse frente al país a través del insulto, la agresividad y el llamado a la violencia. Tanto los elegidos como los electores debemos aprender de los errores, ser capaces de poner sobre la mesa lo que nos gusta y lo que no nos gusta, despojarnos de prejuicios y de nuestra apetencias personales para reconocer lo bueno en los demás y lo malo en nosotros, porque en ese reconocimiento es que se construye la base para un cambio.

Si elegimos por una mejor sociedad, debemos iniciar el camino para erradicar la concepción de que hay un sector que es tan incapaz, que merece que se le de “todo” lo material a cambio de un voto. Ningún ser humano debe considerarse merecedor de un pago por el ejercicio de sus derechos, sobre todo cuando ese derecho tiene que ver con el ejercicio de la libertad. Por el contrario, el camino que debemos buscar en conjunto es el de la educación, la formación, el rescate del respeto, de los valores, de la profesionalización, de los méritos, la revalorización de los educadores, los maestros, los formadores para que en un trabajo en conjunto nos brindemos los unos a los otros la posibilidad de construir la capacidad de análisis y de razonamiento. Una sociedad que piensa es una sociedad exigente y sólo las sociedades exigentes salen adelante. No podemos creer que las salidas se construyen sobre frases repetidas una y otra vez, los tiempos cambian porque el mundo es dinámico, está en constante movimiento y requiere de acción.

Si elegimos por un mejor desempeño en los cargos públicos, que no se nos olvide nunca más que cada hombre y cada mujer que colocamos al frente de nuestras instituciones y organizaciones recibe un sueldo que pagamos cada uno de nosotros, con los impuestos que entregamos gracias a nuestro trabajo. El que paguemos ese sueldo nos tiene que conducir a exigir el cumplimiento adecuado de sus funciones, la transparencia en sus acciones, la comunicación plural, la preparación para el cargo que le toca ejercer. No podemos repetir el error de rotar a la misma gente en todos los cargos porque ningún ser humano es capaz de saber por igual de economía, medicina o relaciones internacionales. Por algo aquel viejo dicho de “zapatero a tus zapatos”.

Si elegimos por solucionar los problemas económicos, tenemos que entender que es una gran mentira el discurso de “yo te doy” o “yo te entrego”, cada bolívar del cual dispone un gobernante en nuestro país, nos pertenece a todos. Así que incentivar la economía pasa por reconocernos trabajadores, servidores sin complejos, amantes de lo que hacemos. Un país con una economía sana y productiva incentiva la construcción de los mejores hábitos. Nada ni nadie puede razonar que las carencias son motivos para justificar el robo, lo que hay es que propiciar que cada persona sea capaz a través de su trabajo de tener una respuesta concreta a sus necesidades. Querer ser el mejor en la profesión o en el oficio que tengamos es nuestro primer aporte a nuestras propias vidas y al desarrollo. La competencia y la competitividad tienen que ser el principal estímulo para activar nuestras capacidades. Fortaleciendo la propiedad privada, porque cada ser humano honesto trabaja para construir un mejor futuro para sus hijos y sus nietos.Si elegimos por la seguridad, tenemos que preocuparnos por recuperar la autoridad y el respeto por ella. Una sociedad sin autoridad es como un barco a la deriva. La anarquía jamás conducirá a un buen puerto. Tenemos que recuperar la majestad que significa el desempeño de un cargo sobre todo cuando son de exposición pública, porque en ellos se manifiesta la representatividad. El lenguaje, las maneras, las acciones adquieren forma de patrón para la sociedad.

Si elegimos por recuperar nuestro gentilicio, tenemos que apostar a ello, porque se hace urgente recuperar la sonrisa en nuestros rostros, las buenas maneras, la alegría y el optimismo que siempre caracterizó al venezolano. La autoestima es una condición esencial para emprender este largo camino que comenzamos a transitar .Si elegimos por la pluralidad tenemos que exigir que nuestras ciudades sean respetadas, que los muros públicos no son para pintar consignas políticas, que no todos debemos vestirnos de un mismo color, que las obras publicas no tienen porque ensalzar la imagen de ningún particular, porque nos pertenecen a todos, las haya construido quien las haya construido, porque los gobernantes pasan y las obras quedan. Que no se nos olvide que ninguna "mirada" tiene que estar por encima de nosotros porque a pesar de nuestras diferencias, ya que ningún ser humano es igual a otro, estamos en la capacidad y tenemos el derecho de mirarnos frente a frente.

Si elegimos por la libertad pensando en que ella es la que nos permite abordar responsablemente nuestra manera de actuar dentro de una sociedad, entonces tenemos que comenzar por aceptar su verdadero ejercicio, el cual se inicia con el respeto por el otro, porque la libertad aun en su abstracción más pura es tan grande como el universo y va desde el respeto por la autonomía, a la independencia de poderes, como a la posibilidad de elegir cada una de las acciones de nuestra vida sin rendir cuentas por nuestros derechos, a viajar, a divertirnos, a comer lo que queremos, a vestirnos como nos parezca, a opinar o a hablar con quien queramos.

Si elegimos por recuperar la institucionalidad que no se nos olvide nunca más que la misma se construye como garante de la soberanía, que se propongan las leyes necesarias para propiciarle a la sociedad su ordenamiento e independencia en cada uno de los ámbitos que la componen. Que se hagan respetar y cumplir las leyes existentes y sobre todo porque queremos ver a nuestros representantes debatir con altura, con argumentos, escuchando a los demás y dejándose oír. Que cada institución de nuestro país se vista con su personalidad propia para que cada una sea garante de su propio funcionamiento. Esa es la verdadera independencia.

Si elegimos por recuperar la justicia, hay que recuperar la majestad de nuestros tribunales, que quien reciba el nombramiento de Magistrado haga honor a su cargo, que los que estudian derecho sean reconocidos y que sus aulas de formación se caractericen por la ética y los principios. Que la balanza no se incline hacia un lado o hacia el otro porque en el equilibrio está la base de todo. El espacio para la disertación y para el encuentro.

Si elegimos para acabar con la corrupción, tenemos que entender que ella no se trata solamente de aquellos que tienen grandes cuentas, de los que se van del país a disfrutar sus fortunas, la corrupción se gesta en las acciones diarias, en el policía que matraquea, en el que revende los productos, en los que cobran comisiones por prestar un servicio, en el quedarte con las monedas de vuelto porque decides que ellas no valen nada, en el que no reconoce el derecho de sus trabajadores, en el que busca como aprovecharse del jefe porque tiene más. En fin, debemos ver hacia adentro y corregir. En la medida que lo hagamos también estaremos contribuyendo a solucionar un problema que mina las bases y la conciencia de la sociedad.

Si elegimos pensando que todo se solucionará gracias a los elegidos, nos volveremos a equivocar. No hay otro ser que no seamos nosotros mismos que haga el trabajo que nos corresponde en todas las instancias que nos interesa cambiar. No hay nadie que asuma por nosotros la responsabilidad que evadimos. Esta vez elegimos acompañados de la sensación de una última oportunidad. Elegimos a los que les toca legislar. Que no nos ciegue el entusiasmo, que el triunfo de hoy no nos permita olvidar que nada cambia a menos que nosotros formemos parte activa del cambio. Qué mejor ejemplo que lo que se logró con entender que con la participación vencíamos por encima de cualquier discurso, de cualquier amenaza, de todas las dudas.

Ojalá que en respuesta a nuestras necesidades como sociedad nuestros representantes recién elegidos tengan la sabiduría necesaria para extender su manos hacia donde deban hacerlo, y que tomen las decisiones adecuadas, en el momento preciso. Que sus egos no entren nunca más en conflicto con el servicio que les toca desempeñar. Que el poder no los aleje de la realidad. Lo cierto es que por encima de todo, elegimos la oportunidad de cambiar. Los cambios también se construyen con conciencia y paso a paso. Con una reflexión profunda sobre lo que hemos sido y lo que somos. Cambiemos. Llegó el momento de elegirnos a nosotros mismos para resolver los problemas, las diferencias y la posibilidad de construir el futuro que creemos merecernos.

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  • #1

    Gustavo Lobig (lunes, 07 diciembre 2015 17:49)

    "Si elegimos pensando que todo se solucionará gracias a los elegidos, nos volveremos a equivocar. No hay otro ser que no seamos nosotros mismos que haga el trabajo que nos corresponde..." Este texto no tiene desperdicio, y es un recordatorio tan oportuno como completo de cuanto tenemos que mantener presente quienes elegimos a nuestros legisladores, en tanto asumimos que debemos auto elegirnos para atender a nuestras responsabilidades.

  • #2

    Maria Elena Gómez (lunes, 07 diciembre 2015 18:54)

    Muy interesante tu análisis sobre esta nueva etapa que nos toca vivir por este cambio esperado por cada uno de nosotros , por esta esperanza y este viento y respiro de Libertad.
    Ciertamente no será fácil nada fácil debemos primero comenzar por nuestra manera de pensar y de actuar.. Tenemos que cambiar desde adentro, realzar y levantar nuestra estima como sociedad, rescatar los valores que han estado invertidos, respetar a nuestros hermanos, saber y entender que cada uno de nosotros como sociedad somos parte para construir un TODO, que todas las piezas son importante para poder arrancar el motor. Respetar cada trabajo, cada rol que nos toque desempeñar y como tu dices ser EL MEJOR Y siempre do El MEJOR tendremos la sociedad que queremos una sociedad próspera, de cambio, positiva, alegre, competitiva, creativa, con iniciativa.. Cuando esa estima la valoramos no hay nadie que nos derrumba... HOY COMIENZA EL CAMBIO... HOY HEMOS S APRENDIDO QUE TODOS JUNTOS PODEMOS LOGRAR LA SOCIEDAD QUE QUEREMOS Y SOBRE TODO CUIDARLA.. AHORITA NUESTRO PAÍS ACABA DE SALUD DE TERAPIA INTENSIVA ASI QUE TENEMOS QUE CUIDARLA CON MUCHO AMOR Y DARLE LA VITAMINA QUE NECESITA (trabajo, fuerza, apoyo, dinamismo, educación, salud y muchos etc.)

  • #3

    Ma. Eugenia Ramey G (martes, 08 diciembre 2015 10:01)

    Solo le pido a Dios que los diputados elegidos lo hagan con Humildad, Coherencia, Honestidad y Conciencia que están representando a las 3/4 partes del país, es una oportunidad como ninguna antes se presento. Dios quiera que la aprovechen como debe ser. Todos queremos un País nuevo y para ello, no solo la Asamblea debe hacerlo bien, también nosotros debemos cambiar y ser mejores venezolanos. Es la oportunidad de ORO, no la perdamos.

  • #4

    anamaría hurtado (martes, 08 diciembre 2015)

    Te felicito por este texto lúcido, inteligente, honesto y agudo. Los puntos que resaltas en relación a nuestro reciente ejercicio de elegir, son absolutamente necesarios para la reflexión. Asumirnos sujetos y no objetos pasivos de las ansias de poder de otros, es una de nuestras tareas a desarrollar. Reconocer nuestras sombras, a menudo proyectadas en el prójimo, es otra tarea fundamental. Y ,por supuesto, abandonar de una vez por todas la ilusión del mesianismo. Tus palabras en este momento son otra luz encendida. Gracias, Inés.


CUANDO BUSCAMOS CULPABLES

Autor: Inés Muñoz Aguirre

 

No soy economista. Nunca me he llevado bien con los números en general. De una persona como yo que lo que le gusta es escribir, creo que no podría esperarse mucho al respecto, aún cuando me ha tocado administrar algunos proyectos, y creo no haberlo hecho tan mal.

Sin embargo, en medio de esa ignorancia numérica hay comentarios que siempre me llaman la atención. Por ejemplo, leía en un artículo publicado a raíz de una entrevista realizada por Notimex a Toro Hardy (uno de aquellos “hombres del petróleo” en nuestro país) un párrafo que decía textualmente lo siguiente: “Toro Hardy precisó que el petróleo representa el 96 por ciento de los ingresos en divisa de Venezuela", por lo que su desplome desde los 100 dólares el año pasado a unos 50 dólares por barril en la actualidad, ha agudizado la escalada de inflación y escasez del país sudamericano”.

Este comentario me sorprendió, porque no lo comparto, pero también porque en medio de mi ignorancia numérica no le encuentro explicación. ¿Los problemas que vivimos hoy en día, se deben entonces a que cayó el precio del petróleo? Eso me haría pensar a mi y a cualquiera, que al subir los precios se acabarían los problemas.

Yo no se ustedes, pero yo me niego a aceptar esa teoría. Creo que cuando un país tiene concentrado el 96% de los ingresos en un solo rubro, comienza no sólo el verdadero problema, sino una tragedia. Hasta los más ignorantes en los temas de inversión hemos escuchado alguna vez la frase que apunta a que es un error imperdonable “colocar todos los huevos en la misma cesta”. ¿Entonces?  Hemos tenido unos gobernantes que no se han preocupado por invertir de forma adecuada los recursos generados por el “excremento del diablo”. Desde el punto de vista más elemental parte del dinero que ha entrado en el país tendría que haberse invertido en agricultura, con incentivos y garantías claras a los productores. Contando con una tierra tan generosa como la nuestra un agro desarrollado adecuadamente permitiría no sólo el suministro total de productos para el consumo interno, si no que permitiría exportar productos tan reconocidos en una época no tan lejana, como el cacao, el café y el ron, por mencionar algunos, productos entre otros que contribuirían a la construcción a nivel internacional de una Marca País.

Por otra parte que desacierto tan grande ha sido, no impulsar el desarrollo del turismo en un país  cuyos recursos naturales son incomparables. Los ejemplos de Estados Unidos y España que ocupan el primer y segundo lugar en el ranking por ingresos en este rubro hablan por sí solos. En el 2014 los ingresos en Estados Unidos fueron de 177.000 millones de dólares y en España de 63.094 millones de euros. Ingresos que contribuyen de forma notoria al desarrollo.

Y finalmente, sólo por mencionar una tercera opción, yo hablaría de inversión en infraestructura, ya que esta es otra área que genera grandes recursos.  Todos los países desarrollados ven por ello en sus vías de comunicación una base para obtener ingresos que contribuyen a su mismo desarrollo. Las grandes vías son administradas a través de un impuesto que se paga por transitar por ellas. Es tan importante este elemento que incluso ha abierto sus puertas al desarrollo tecnológico, en el perfeccionamiento de Chips, tarjetas magnéticas y dispositivos especiales, que con solo estar ubicados en un punto del carro, permiten que al pago se haga de forma automática al pasar bajo un sensor especial. Esto sin mencionar los recursos que se generan a través de la infraestructura de puertos, aeropuertos y complejos habitacionales.

No creo yo, que nuestras crisis  se deban a la caída del precio del petróleo, creo más bien que se debe a una falta de coherencia administrativa, donde no sea la política la protagonista de un país que en algún momento dejó de apuntar al desarrollo para colocarse en posición de retroceso.

 

Comentarios: 1
  • #1

    adriana villalba (lunes, 05 octubre 2015 15:12)

    Completamente de acuerdo con esa visión, de hecho Venezuela ha tenido momentos en que el barril ha llegado a 9 $ y sin embargo las políticas fueron un poco mas acertadas, al menos no tocaba hacer cola para comprar la comida o conseguir medicamentos...


ACTIVOS DESDE LO INDIVIDUAL

Por: Inés Muñoz Aguirre

 

¿Por qué tenemos que pensar que ya no tenemos salida como sociedad? ¿No creen que es una posición demasiado pesimista? Asumir una posición como esta es negarnos a nosotros mismos la capacidad que deben tener los individuos para evolucionar.  Claro que podemos salir adelante pero lo que es innegable es que para que eso suceda, insistimos en que es necesario un gran giro en la mayoría de los habitantes de nuestro querido país. Uno de los pasos iniciales es el rescate de la comunicación interpersonal. No olvidemos que todas nuestras acciones son secuencia y consecuencia una de la otra. Debemos entonces buscar la posibilidad de expresar nuestras opiniones de forma asertiva, contribuyendo con ello a mejorar nuestro entorno familiar, laboral y social.

¿Cómo prepararnos para participar de la forma adecuada?. A través de muchas vías: el dialogo, La lectura, el intercambio de opiniones sobre temas que nos interesan y que son de actualidad. Mantenernos informados de lo que sucede no solo en nuestro país sino en el mundo. Seleccionar un área de nuestro interés y dedicarnos a prepararnos sobre ella, volviéndonos especialistas del tema que más nos atrae. En la medida que seamos capaces de ordenar toda esa información, seremos capaces de exigir a quienes nos rodean una mejor comunicación y en consecuencia seremos más críticos frente a la propuesta de quienes nos dirigen.

No puede ser que como integrantes de una sociedad nos conformemos con “prepararnos” solamente sobre el tema relacionado con nuestra profesión, asistiendo a una universidad o a un instituto formativo y no nos preocupemos por desarrollar con el suficiente interés otra área que debe contribuir a refrescar nuestra vida diaria. A prepararnos en otro ámbito de acción que nos permita canalizar actividades que no necesariamente tienen que ver con lo laboral. Es frecuente el encuentro con personas que no pueden sostener una conversación que no tenga que ver con su trabajo. No se puede hablar con ellos de cine, de mecánica, de astrología, de arte o de cualquier otro tema porque han sido incapaces de desarrollar otra inquietud a lo largo de su vida. Individuos tan dañinos para nuestra sociedad como lo han sido esos grupos que no tienen otros temas sino los referentes a las marcas de ropa y de carros, a cuanto se ganaron en tal o cual negocio, o sobre cual marca de bebida están tomando, mientras sus casas están adornadas con reproducciones de afiches de museos porque consideran más importante que un buen cuadro el reloj que cargan puesto en la muñeca.  Cuando esos son los valores, no hay comunicación ni adelanto tecnológico ni deseos teóricos de avanzar como sociedad, que valgan. Esa gente que ni siquiera lee, tampoco participa.  Esa es la gente que solo ve en el cine las superproducciones de la Meca del cine y cuyas preocupaciones por lo que pasa en nuestro país no pasan de ser discusiones superficiales para matar el tiempo.

Es verdad, esa carencia formativa también tiene que ver con nuestros procesos educativos donde ni siquiera se nos prepara para el deporte como una vía alterna de formación. Sin embargo, como sociedad llegó el momento de asumir nuestra cuota de responsabilidad y entender que somos los únicos responsables de lo que tenemos o lo que dejamos de tener. Como sociedad  y como individuos no hemos sido capaces de entender que esas carencias en nuestra preparación también nos afectan a futuro. De allí que sea frecuente en nuestro país enfrentarnos con ancianos deprimidos que al jubilarse entran en crisis porque fuera del trabajo no tienen otro camino hacia donde encausar su vida, desde el punto de  vista de la acción y la participación. Deberíamos entonces al asumirnos como colectivo entender que ese mismo proceso lo experimenta nuestra sociedad. Una sociedad generalmente deprimida que no sabe como participar, que busca integrarse en grupos de los cuales encontramos diversas versiones con un mismo objetivo, que al final se pierde de tanta subdivisión. Una sociedad temerosa que solo espera protección. Debemos pensar que somos capaces de reflexionar sobre estos aspectos, buscando a través de ellos esos indicios de evolución que tanto necesitamos.

Comentarios: 1
  • #1

    Maria Elena Gómez (martes, 08 diciembre 2015 17:47)

    Ante todo mente positiva. Si somos positivos lograremos más de lo que hemos pensado.. Cuando nuestros pensamientos