¿Por qué no comen los niños?

¿Por qué no ganan peso?

 

Provoca mucha angustia que los niños no coman. ¿Cuándo es natural y cuando no? Estas interrogantes trataremos de aclararlas en las siguientes líneas.

Es normal, entre comillas, que el pequeño no quiera comer cuando está enfermo. Cualquier enfermedad por simple que sea puede producir inapetencia. Un catarro, una faringitis, una diarrea son algunas enfermedades que hacen que el niño deje de comer. Si estas enfermedades sencillas y comunes llevan a que el niño no coma, ni que hablar de las enfermedades más graves .En los lactantes pequeños, menores de 6 meses, la única manifestación de Infección Urinaria puede ser la inapetencia y la poca ganancia de peso. Esta puede presentarse como signo previo a las enfermedades y puede prolongarse luego de la curación. En estos casos los niños suelen perder peso, que ganan de nuevo luego que se recuperan. Así que no debemos preocuparnos demasiado.

También es normal que en oportunidades, períodos, el niño se vuelva inapetente. Estos momentos son pasajeros. Debemos esperar con paciencia que pase un tiempo prudencial, sin hostigar al niño, ni presionarlo. En estos casos generalmente el niño mantiene su peso y no hay ningún síntoma o signo de enfermedad. Es normal que los niños estén inapetentes entre los 18 y 24 meses y entre los 5 y 6 años.

En ocasiones el niño no come y no está enfermo, pero esto se prolonga en el tiempo. Suele ser por mal manejo de la alimentación por parte de los padres. Cuando se instalan mecanismos inadecuados a la hora de comer. Por ejemplo: pegarle al niño por que no come, amenazarlo con una correa o con castigos si no lo hace. Estas conductas son altamente perjudiciales para la alimentación del pequeño, ya que fomenta  la rebeldía a la hora de comer por parte del niño y crea un círculo vicioso difícil de romper y que sólo conduce a que éste no coma. Estas actitudes deben ser evitadas.

La alimentación del niño debe ser un momento tranquilo, con horarios fijos y preferiblemente en compañía del resto de la familia. Debe evitarse darle alimentos entre comidas, como chucherías y comidas con alto contenido de azúcar. No se debe tratar de sobornar al niño con premios si éste come. Esto fomenta la manipulación por parte del niño y prolonga el tiempo de la inapetencia. Se debe servir porciones adecuadas para la edad del pequeño y permitir que coma lo que deseé sin presión de ningún tipo.

Me canso de oír en la consulta como los padres se quejan de que el niño solo toma tetero, que no come sólidos. Esta práctica la perpetúan los padres que al ver que el niño no come le ofrecen teteros “para que tenga algo en el estómago” y no se dan cuenta que al darle dieta líquida continuamente el pequeño no se va a acostumbrar a los sólidos, ya que es más fácil tragar, que masticar y luego tragar. Al niño hay que ofrecerle los sólidos y si no come, dejarlo tranquilo, y sin presión y ofrecerle sólidos nuevamente en la comida siguiente.

En el caso de los niños más grandes la queja frecuente es que éstos comen solo chucherías. Entonces, pregunto ¿Quién proporciona chuchería a los niños? Acaso no son los mismos padres. El niño no tiene la independencia para proporcionárselas por sí mismos.

Otra queja frecuente de los padres es que el niño solo quiere comer un grupo de alimentos, o un solo alimento. En estos casos armándonos de paciencia, debemos suministrarle al niño dicho alimento, sin presionar, ni hostigar para que coma otro tipo de cosa, hasta este se aburra y cambie de opción.

Estos son solo ejemplos de los errores que cometen los padres ante la alimentación de sus hijos y que contribuye a que éstos no tengan una dieta balanceada. Los padres deben ser muy firmes en alimentar a sus hijos en horas fijas y no suministrar líquidos o alimentos entre comidas.

En cuanto a los premios y castigos ante la alimentación, deben ser evitados. Premiar o castigar al niño por comer o no comer solo conlleva a una lucha de poder entre padres e hijo que se convierte en mayor inapetencia.

Otro problema es el niño que no gana peso aunque come y está aparentemente sano. La causa más frecuente de este problema es la Hipercalciuria.  Esta es una patología que puede detectarse con un exámen de orina. Se caracteriza por una eliminación exagerada de calcio por el riñón. Y se traduce en poca ganancia de peso por el pequeño. Es de fácil manejo y el niño pronto comienza a ganar peso de nuevo.  Siempre que un niño no aumente su peso en forma adecuada debe pensarse en esta patología.

Como vemos las causas de inapetencia en los niños generalmente se deben a mal manejo de parte de los padres del proceso de alimentación.

La Tos

 

Una consulta muy frecuente de los padres es la tos en los niños. La tos preocupa mucho a los padres. He aquí unos consejos para calmar esa angustia.

La tos es un reflejo normal del organismo para mantener libre la vía aérea. La tos puede ser productiva, que se refiere a que hay moco en las vías respiratorias y el organismo trata de expulsarlo mediante la tos. Los niños expectoran, pero no escupen las secreciones, se las tragan o en ocasiones las vomitan. La tos también puede ser seca o irritativa y no hay secreciones, o sí las hay es por goteo post nasal. Ese goteo en la garganta produce picazón y el niño tose. Algunas veces, cuando hay mucho moco en la nariz que cae en la garganta, la tos es con flema, como dicen los padres, pero esa tos no proviene de los bronquios o los pulmones, sino de las vías aéreas superiores. Es importante hacer esta diferenciación porque los padres al sentir la tos con flema se angustian  que la tos sea del pecho preocupándose de que se trate de una neumonía o bronquitis.

La causa más frecuente de tos es el catarro común. En los niños es muy frecuente la aparición de catarro o gripe, sobre todo si asisten a un maternal, cuidado diario o jardín de infancia. Esto se debe al contacto diario con otros niños. La gripe es producida por virus y no suele durar más de ocho días. En este caso la tos se produce por el goteo post nasal ya que lo que está afectado son las vías respiratorias superiores. Existe la vacuna de la influenza para prevenir el catarro, que se coloca a partir de los seis meses de edad y luego una vez al año de por vida.

Otra causa frecuente de tos es la rinitis alérgica y las adenoiditis. Esta tos se acompaña de obstrucción nasal y moco en la nariz y se produce por goteo post nasal. La rinitis alérgica se confunde con la gripe ya que los síntomas son iguales, solo que la primera nunca desaparece porque es producida por alérgenos del entorno del niño (como las escamas de la piel de los gatos o los ácaros del polvo) En este caso no se deben administrar antitusivos ni expectorantes, con antialérgicos y esteroides suele mejorar,

Otra causa de tos es el asma bronquial. De hecho en los asmáticos la tos es una manifestación de broncoespasmo de leve intensidad. En este caso no se debe tampoco dar antitusivos o expectorantes. Un broncodilatador inhalado y un esteroide inhalado deben controlar la tos por esta causa. Cuando el asma no es leve sino de moderado a severo, la tos se acompaña de dificultad respiratoria y el niño presenta sibilancias, a las cuales los padres se refieren como un “pito”.

La laringotraqueítis o el croup es otra causa de tos. En este caso la tos tiene un tono metálico y se acompaña generalmente de ronquera. Es la típica “tos de perro” de la que hablan las abuelas. En este caso la tos se debe tratar con esteroides.

Debes llevar a tu hijo al médico, si tiene más de 8 días con tos, si tiene menos de 3 meses, si tiene tos y fiebre de 38.5 grados o más y tiene entre 3 y 6 meses, si tiene tos y fiebre de 39.5 grados y es mayor de 6 meses. También si la tos se acompaña de hilos de sangre. Acudir a la emergencia si tiene dificultad para respirar o sibilancias, es decir, “el pito”, o si te parece que respira muy rápido.

A los padres les preocupa especialmente la tos nocturna. Si el niño tiene catarro común y tose de noche y sigue durmiendo, no te preocupes, la tos es por el picor que le produce el paso del moco por la garganta. Si el niño se despierta vomitando flema o tiene dificultad para respirar asesórate con un médico.

A los padres les gusta mucho el uso de antitusígenos y expectorantes cuando el niño tiene tos. Debemos señalar que esta no es una práctica adecuada. Antes de administrar algún medicamento al niño debemos evaluar, sobre todo, cómo tolera el niño la tos. Si tiene tos y está tranquilo, y no tiene fiebre importante ni dificultad para respirar, no es necesario administrar medicamentos. El mejor tratamiento para la tos con flema es el agua, ya que fluidifica las secreciones y ayuda por tanto a que sean expulsadas mediante la tos.

Recuerden la tos es un reflejo normal para mantener la vía aérea (garganta, traquea y bronquios) libre.

Las bronquitis y las neumonías también se acompañan de tos, pero en estos casos se agregan otros síntomas como son la fiebre elevada y la dificultad para respirar. 

Diarrea Aguda

 

La Organización Mundial de la Salud define la diarrea como la presencia de tres o más evacuaciones líquidas o semilíquidas en 12 horas, o una sola anormal, con moco, pus o sangre.

La gastroenteritis es un cuadro de diarrea y vómitos, de aparición brusca, a menudo acompañado de fiebre y malestar general, de origen infeccioso intestinal y no secundario a otras manifestaciones fuera del tracto intestinal.

Las diarreas agudas se producen, principalmente, por infecciones virales, bacterianas o parasitarias. Los rotavirus son la causa más frecuente de diarrea aguda en Venezuela y el mundo.  A partir del 2006 se introdujo en Venezuela la vacuna contra el Rotavirus. Los agentes bacterianos que más frecuentemente producen diarrea aguda son la Escherichia coli, Salmonella y Shigella. Entre los agentes parasitarios están la Giardia lamblia y la Entamoeba histolytica.

Los agentes que producen la diarrea aguda tienen como vehículo habitual el agua, las manos y los alimentos contaminados, y se difunden a través del ciclo ano, mano, boca. Las posibles vías de contacto son: fecal_oral, agua y alimentos, hombre a hombre y animales a hombre. Por eso es de suma importancia, sobre todo en nuestro país hervir el agua que se le va a dar a los niños o con la que se va a preparar la leche y los jugos. También lavado frecuente de las manos, sobre todo después de defecar y cuando se van a preparar los alimentos. No debe faltar el lavado minucioso de los vegetales y frutas antes de consumirlos, y el lavado de manos después de tocar a los animales.

Sin embargo, a pesar de los cuidados que uno pueda tener, no creo que exista niño que no le haya dado diarrea aunque sea una vez en su infancia. Lo importante es saber que la diarrea en sí, no es el problema, sino las complicaciones de ésta, sobre todo la deshidratación y la desnutrición.

Se debe consultar al pediatra cuando el niño presenta diarrea con moco, pus o sangre, cuando además de la diarrea el niño ha presentado vómitos incoercibles (más de 4 vómitos en 1 hora), alto gasto fecal (más de 3 evacuaciones en 1 hora), si es menor de un mes de nacido, cuando no ingiere líquido, si además de la diarrea presenta fiebre elevada, o si el niño no mejora o empeora y, sobre todo, se debe llevar de inmediato al médico cuando presenta signos de deshidratación. Un signo de valoración de la deshidratación y que pueden realizarlo los padres, es el signo del pliegue. Hay dos elementos que podemos apreciar en el signo del pliegue: el grosor de éste y su persistencia. En los niños con un estado de nutrición normal el grosor del pliegue cutáneo es mayor de 1 cm. La prueba se hace en el abdomen y consiste en pellizcar la piel suavemente, Una vez retirados los dedos del abdomen, se apreciará o no la persistencia del pliegue. En un estado normal, el pliegue desaparece inmediatamente. Por el contrario, en los estados iniciales de la deshidratación moderada el pliegue permanece menos de un segundo (esbozo del pliegue), y en estados más avanzados, persiste entre 2 o 5 segundos o más. Otros signos de deshidratación son ojos hundidos, saliva escasa o ausente, sed excesiva, intranquilidad o irritabilidad, lágrimas ausentes. Si el niño presenta dos o más de estos signos presenta una deshidratación moderada y debe ser llevado al médico para su hidratación. Bajo ningún concepto esperar a que el niño se encuentre obnubilado, quiere decir muy decaído, hipotónico o incapaz de beber líquido que ya son signos de deshidratación severa.

Como la deshidratación es la complicación más frecuente de la diarrea aguda, y como dije antes la aparición de diarrea en los niños es muy frecuente, se debe tener en casa algún tipo de solución oral. Actualmente en Venezuela no se consiguen las soluciones de rehidratación oral. Por eso, voy a recomendar una de preparación casera: 8 cucharaditas razas de azúcar, una cucharadita raza de sal, en un litro de agua hervida. Las proporciones deben de ser exactas, para lo cual se debe usar una cucharadita standard y se debe medir el litro de agua exactamente, ya que usado en forma inadecuada puede ser dañina. Esta solución se debe administrar a temperatura ambiente. Inmediatamente que se constate la aparición de diarrea se debe administrar entre un cuarto a media taza de solución, por cada evacuación, en los pacientes menores de 2 años; y media taza a una taza de solución, en los niños mayores de dos años. Esto con la intención de evitar la deshidratación. Se debe mantener la lactancia materna en caso de ser posible. Si el niño es alimentado con fórmulas lácteas, no se deben suspender. No se debe eliminar la alimentación natural o artificial debido a que esa práctica lleva a la desnutrición y además porque los alimentos inducen el crecimiento y el recambio celular de la mucosa intestinal. A los niños que ya comen sólidos, se les debe ofrecer, con más frecuencia, alimentos exentos de fibra y grasas.

En síntesis, el cuidado del niño con diarrea aguda debe estar orientado a evitar la deshidratación y la desnutrición, que son las complicaciones más frecuentes y potencialmente mortales.

La fiebre y algunas consideraciones generales sobre creencias populares que angustian a los padres

 

 

Existe fiebre cuando la temperatura rectal es igual o mayor a 38 grados centígrados. Esta es una reacción normal del organismo ante agentes agresores endógenos. En general, la fiebre produce mucha ansiedad en los padres, aunque es una manifestación frecuente en los niños. En un estudio reciente, 91 % de los cuidadores creía que una fiebre podía tener efectos dañinos. Siete por ciento de los padres pensó que si no trataban la fiebre está seguiría aumentando. Es importante que los padres sepan que una fiebre de 41.7 no provoca daño cerebral. Es muy común pensar que las fiebres altas producen convulsiones siempre. Esto no es así. Aunque las fiebres en ocasiones provocan convulsiones, en cuyo caso el niño requiere atención, las convulsiones febriles suelen ser inocuas y tampoco causan daño cerebral. Además, las convulsiones febriles se presentan en una edad comprendida entre 3 meses de edad y 5 años ( la mayoría ocurre entre 6 a 18 meses) Más de 90% de ellas son generalizadas, duran menos de cinco minutos y ocurren en las primeras etapas de la enfermedad. Las convulsiones febriles se observan en 2 a 3 % de los niños. Estas consideraciones ayudan a disminuir nuestra aprensión sobre la aparición de fiebre en los niños. Además, en casi todos los ambientes, la mayor parte de los episodios de fiebre en pacientes pediátricos se debe a una infección viral  autolimitada. Aún en el caso de que la fiebre se acompañe de convulsiones febriles, un estudio implicó causas virales en 86% de los casos. Esto no quiere decir que no nos ocupemos de la fiebre.

Un niño con fiebre debe ser valorado de inmediato por un médico, si tiene menos de 3 meses de edad. Cuando la fiebre está por encima de 40.6 grados centígrados, si el niño está llorando inconsolable o gimiendo. Cuando el niño presenta dificultad para respirar o tiene el cuello tieso. También si presenta manchas o puntos color morado, si el niño ha sufrido una convulsión o simplemente si el niño luce “muy enfermo”.

Al presentarse la fiebre un recurso inmediato y fácil de aplicar son los baños de esponja con agua tibia, mientras la madre se comunica con el médico y averigua la dosis de antipirético que debe suministrar. En general, lo que se debe tener en casa previendo una fiebre es acetaminofén (Atamel, Tachipirin, etc.) ibuprofeno o diclofenac potásico ( Cataflan, Clofen etc) La dosificación debe ser dada por el médico ya que se calcula de acuerdo con el peso corporal. Un buen recurso para prevenir esto es preguntarle al pediatra, en los controles de niño sano,  la dosificación correspondiente para tenerla a la mano en caso de que esta se presente y no se logre contactar al médico de inmediato. A el niño se le deben administrar antipiréticos ante fiebre mayor de 39 grados centígrados o si está incómodo. No debe utilizarse aspirina en ningún momento.

El niño debe ser valorado en las siguientes 24 horas si, tiene de 3 a 6 meses de edad, a no ser que se presente luego de una vacunación; si la fiebre es superior a 40 grados centígrados (sobre todo si el niño es menor de tres años); si hay ardor o dolor al orinar; si la fiebre ha estado presente por más de 24 horas sin una causa obvia o sitio identificado de infección; si la fiebre ha bajado por más de 24 horas para regresar más adelante y si la fiebre ha estado presente por más de 3 días.

La fiebre por erupción dentaria nunca sobrepasa una temperatura mayor de 38.4, así que no dejen de llevar al médico al niño si tiene algunos de los parámetros anteriores porque “le están saliendo los dientes”,

Teniendo en cuenta estas consideraciones podemos sentirnos más tranquilos para enfrentar la fiebre en nuestros niños. Vuelvo a repetir, aunque tengan fiebre alta no necesariamente van a convulsionar.